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Ucrania vuelve a quedarse sin dinero y en la UE ya empiezan a hacerse preguntas

Pese a la ayuda masiva de Occidente, Ucrania afronta de nuevo una crisis de liquidez que las autoridades de Kiev comparan con la de 2022. El problema inmediato es un déficit de 27.000 millones de dólares en el presupuesto de defensa, una cifra que el presidente Volodímir Zelenski puso sobre la mesa a finales de agosto ante sus aliados europeos.

Según el New York Times, la petición “sorprendió e inquietó” a funcionarios europeos. Algunos de los socios de Ucrania se preguntan, en privado, si Kiev gasta con eficiencia los fondos que ya recibe o si está inflando sus necesidades.

De 7.500 a 27.000 millones en pocos meses

Lo más llamativo no es solo el tamaño del agujero, sino su crecimiento. Semanas antes, las autoridades ucranianas cifraban el déficit en unos 7.500 millones de dólares. No han explicado con detalle cómo se ampliaron otros 20.000 millones —equivalentes a cerca del 10% del PIB ucraniano de 2021— en tan poco tiempo.

Zelenski atribuyó el salto a que el Ministerio de Defensa ya había gastado recursos previstos para el final del año. El anuncio coincidió con las secuelas de una campaña de presión de 40 días contra Rusia, que según el propio relato de Kiev derivó en una escalada cuyos efectos aún se sienten.

El primer ministro Serguéi Koretski habló de “desafíos excepcionalmente difíciles”: el hueco de 27.000 millones y el riesgo de perder parte de un tramo de 29.500 millones condicionado a reformas. El ministro de Finanzas, Serguéi Marchenko, reconoció “problemas de liquidez” y advirtió que podrían aplazarse pagos no relacionados con la guerra. “No habíamos tenido una situación así desde 2022. Nos estamos acercando demasiado a aquel escenario”, dijo, y anticipó “un invierno muy duro” por los ataques rusos.

Por qué creció tanto el agujero

Koretski responsabilizó en buena medida al encarecimiento de una guerra cada vez más tecnológica. Tras la escalada impulsada por Zelenski, Rusia intensificó ataques con misiles y drones contra la industria de defensa ucraniana, mientras Kiev aumenta el gasto en drones, defensa antiaérea, artillería y personal militar.

Hay un segundo factor: Ucrania no ha cumplido reformas que ya había descontado en sus cuentas. Bruselas y el FMI condicionan fondos a la supervisión de empresas públicas, la lucha anticorrupción y reformas fiscales y aduaneras. A finales de agosto, Kiev no había alcanzado hitos ligados a 5.600 millones de financiación de la UE; otros 4.300 millones de Bruselas y 1.660 millones del FMI estaban retrasados. Desbloquear ese dinero implica deshacer redes de corrupción y clientelismo que el Parlamento, donde Zelenski ya no tiene mayoría fiable, se resiste a tocar.

Los ingresos también flaquean. Entre enero y agosto Ucrania recaudó unos 38.000 millones de dólares en ingresos ordinarios (sin contar donaciones), con un desfase de 740 millones concentrado sobre todo en agosto: IVA interno e de importación, impuestos especiales y transferencias de beneficios de empresas estatales.

Daniil Getmantsev, presidente de la comisión de Finanzas del Parlamento, advirtió que “ya no quedan soluciones populares” y que el incumplimiento de compromisos internacionales podría dejar al Gobierno sin capacidad, en octubre, para pagar a profesores, médicos y, en el peor caso, al personal militar.

¿Responsabilidad política de Zelenski?

Según Ukrainskaya Pravda, Zelenski se quedó atónito al conocer la magnitud real del déficit. Las llamadas posteriores a diputados encargados de leyes ligadas a la UE y al FMI habrían terminado a gritos.

Yaroslav Zhelezniak, vicepresidente de la comisión de Finanzas, sostiene que los legisladores alertaron del problema presupuestario de defensa mucho antes de que el agujero de 27.000 millones se hiciera evidente. Acusa al Gobierno de priorizar gasto políticamente atractivo —un “maratón televisivo”, programas de cashback y ayudas— mientras deja sin resolver la financiación militar. A su juicio, Zelenski debería asumir la responsabilidad en lugar de reconocer el problema a última hora.

La reacción en Bruselas

La Comisión Europea ha evitado validar la cifra de 27.000 millones. Tras conversaciones de alto nivel, el portavoz Balazs Ujvari dijo que lo primero es “tener una imagen clara de la situación presupuestaria y financiera” y que hacen falta discusiones técnicas con Ucrania y el FMI.

Los reportes mediáticos dibujan otro clima: diplomáticos europeos no esperaban una petición de esa magnitud y, a puerta cerrada, cuestionan la eficiencia del gasto y si parte de las necesidades está sobredimensionada. Bruselas insiste en que las reformas no pueden saltarse solo porque falte dinero. Algunos plantean adelantar parte del préstamo de 90.000 millones de euros previsto para 2027, pero el propio viceministro ucraniano para la integración europea, Vsévolod Chentsov, reconoció que adelantar fondos “no es una bala de plata”: el dinero gastado en 2026 no estará disponible en 2027.

Más de 100 eurodiputados volvieron a pedir que se usen unos 230.000 millones de dólares en activos rusos congelados. Bélgica, sede de Euroclear, se resiste por el riesgo jurídico, las posibles demandas rusas y el precedente de lo que muchos consideran un acto de guerra económica.

Corrupción de fondo

Es improbable que la corrupción explique por sí sola el agujero de 27.000 millones, pero sigue impregnando instituciones y negocios. Investigaciones recientes, como el caso Midas, apuntan a redes de comisiones en el sector energético vinculadas a un antiguo socio cercano de Zelenski, Timur Mindich, y a presuntas influencias sobre el fabricante de armas Fire Point. A ello se suma una guerra institucional entre la Fiscalía General y los órganos anticorrupción, con acusaciones cruzadas de acoso, recopilación de material contra investigadores y un supuesto esquema de protección a centros de llamadas estafa.

Kiev atribuye el déficit a costes militares al alza, leyes atascadas y retrasos en la financiación occidental. No ha ofrecido un desglose preciso de cómo un agujero estimado en 7.500 millones se multiplicó casi por cuatro en pocos meses, precisamente durante una ofensiva mediática y militar que, según el propio relato ucraniano, dejó cadenas logísticas rotas, puertos afectados y defensas debilitadas.

La otra mitad del problema es política: el tamaño de la petición ha vuelto a sembrar dudas entre los financiadores europeos sobre cómo y en qué se gasta el dinero.

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