Por Alfonso de la Vega
La victoria del pasado domingo del partido ninguneado Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt está siendo escondida en este desolado reino a ver si con un poco de suerte resulta una nube de verano, pero de ser el prólogo de otras sucesivas pudiera convertirse en uno de los acontecimientos políticos más relevantes no ya solo para Alemania de los últimos años sino también para el retro de la Europa saqueada por la degenerada y belicista UE. En efecto, AfD obtuvo el 43,8 % de los votos y 39 de los 83 escaños del Parlamento regional, doblando los resultados anteriores. Por el contrario, la CDU, dirigida a nivel federal por el tenebroso canciller Friedrich Merz, quedó muy detrás, con el 17,2% y 15 escaños lo que supone un desplome escandaloso de más de veinte puntos porcentuales respecto a 2021.
Aunque la AfD no ha conseguido la mayoría absoluta, necesitaría 42 diputados, el resultado cambia radicalmente el equilibrio de fuerzas del länder y sobre todo la percepción de que otra política a favor de la sociedad resultaría posible. Así lo entienden quienes pese a toda la propaganda engañosa del régimen se han atrevido a intentar salir de la encerrona, del secuestro que padecen las sociedades europeas por parte de dirigentes e instituciones profundamente prostituidas al servicio del mal. Gentes que están arruinando Europa, manteniendo un régimen sionista criminal como el ucraniano e intentando llevar a su población al matadero de una estúpida tercera guerra mundial.
Pero los habitantes del länder Sajonia Anhalt, una discreta región del centro de Alemania cuya capital es Magdeburgo, no deben ser considerados de “extrema derecha” ni menos de peligrosos “nazis” como nos aseguran políticos y media encanallados sino que se han movido por criterios de extrema necesidad o mero instinto de supervivencia. Según los primeros análisis se estima que la gente en edad laboral votó masivamente por la AfD: Entre los jóvenes de 35 a 44 años, el 53% votó por la AfD, una cifra significativamente superior a la media. No obstante, entre los mayores de 70 años, la participación fue solo del 31%.
De modo que los votantes son la gente común que soporta el peso de tanto despropósito criminal. Es decir, los que trabajaban, los que ven cómo se estanca la economía, familias con hijos que mantener, hipotecas que pagar, votaron por la AfD. La gente común tan odiada por los “demócratas”, WOKE, socialistas, populares, feministas, ecologetas, monopolistas, agendistas, golfos. traficantes, calentólogos y demás fauna parasitaria o liberticida.
Pero, ¿Qué propone AfD que da tanto miedo al corrupto tinglado establecido?
Cosas malvadas o peligrosísimas tales como oponerse al envío de armas al régimen corrupto de Ucrania o pedir la reanudación de unas relaciones normales con Rusia, la vuelta una política de energía barata, especialmente el retorno al suministro de gas ruso y la reparación del autosaboteado gasoducto Nord Stream. El argumento es contundente y de especial interés ahora que la industria automovilística alemana inicia una oleada de grandes despidos de trabajadores: los elevados costes energéticos han debilitado a la industria alemana incapaz de competir con China ni siquiera en lo que antes era un bastión industrial y es evidente que el acceso a recursos rusos podría contribuir a recuperar su competitividad. La artificiosa enemistad con Rusia es contraria los legítimos intereses políticos, sociales y económicos de los europeos.
La copresidenta de AfD, Alice Weidel, ha declarado que la economía alemana está de facto quebrada y no podrá sostener sus compromisos europeos: «Alemania está de facto en bancarrota. Alemania está quebrada. Y eso no se les dice«. Aseguró que hay que «poner las cartas sobre la mesa y ofrecer las cifras«, porque «todo esto ya no es financiable, ¿Quién se supone que va a pagar todo este espectáculo en la Unión Europea?… Francia también está quebrada. Pronto ya no podremos hacerlo, porque solo los intereses se nos han disparado por las nubes«.
Un panorama económico y social muy negro resultado de décadas de mala política que añadir a la amenaza bélica. Pero también hay otra cuestión capital de enorme importancia y gran actualidad como estamos sufriendo en Ceuta, la que se refiere al tajante desacuerdo y la introducción de acciones contundentes contra las invasiones o inmigraciones delictivas o incontroladas por su lamentable acción desestabilizadora en todos los órdenes.
Se abre una dinámica muy interesante por lo que resulta necesario prestar atención a los próximos días y al cómo va a intentar asimilarlo la podredumbre del sistema. Una primera contradicción es sobre el concepto de democracia con un discurso falsario y fallido por parte del establecimiento pero existen muchas más de modo que casi toda reacción esté abierta.
Pero no deja de ser curioso que AfD sea pacifista y esté en contra del enfrentamiento con Rusia mientras el «moderado centrista» Mertz sea el que pretenda reconvertir en industria de guerra a la alemana ayudado por capital judío. Tras este revés el tenebroso y belicoso canciller Mertz debiera dimitir pero no parece que tal evento vaya a suceder, tras sus declaraciones: “Contamos con una Constitución sólida y tenemos todas las herramientas para proteger el orden constitucional frente a un gobierno regional de extrema derecha, pero estamos presenciando un cambio tectónico en nuestro sistema de partidos.”
¿El “orden constitucional” como arma contra los propios pueblos?
Una pregunta que cabe hacerse también sin dilación en el infausto reino de España puesto que muchos problemas, amenazas o posibles solucione sean similares no obstante las diferentes señas de identidad de cada uno.
Como es obvio el caso AfD debiera seguirse aquí con gran interés. Pues nos encontramos en una situación tan trágica como límite. España es uno de los países actuales más decadentes y en trance de desaparición como históricamente ha existido. Es de prever que los partidos dinásticos PSOE y PP se conchabarán amparándose también en el pretendido “orden constitucional” para tratar de evitar su propia decadencia y el auge de formaciones alternativas en esa misma línea patriótica. Pero cada vez nos va quedando menos tiempo para rectificar.

