Angelina Melnikova, la gimnasta rusa campeona olímpica y mundial, ha dominado los Campeonatos de Europa de gimnasia artística en Zagreb (Croacia), disputados entre el 13 y el 16 de agosto. No solo ganó el concurso completo individual, sino que sumó el oro en salto, el oro por equipos (como WG2) y bronces en barra y suelo. Lo hizo después de sortear un lamentable obstáculo burocrático y político que casi la deja fuera: Croacia le denegó el visado apenas dos días antes del vuelo previsto.
La Federación Rusa de Gimnasia y la propia Angelina denunciaron la decisión. La embajada croata en Moscú rechazó las peticiones de varios miembros de la delegación (incluidas líderes como Melnikova, Viktoria Listunova y Anna Kalmykova) alegando que “no se había presentado justificación del propósito y las condiciones de la estancia prevista”. Otros integrantes del equipo sí recibieron el visado con la misma documentación. La Federación rusa lo calificó de eliminación de facto de una de las principales rivales del torneo y de precedente peligroso. Melnikova lo describió como absurdo y ridículo: el deporte solo es grande cuando compiten los mejores, y privar a rivales fuertes elimina la competición justa. En redes criticó la politización y afirmó que los deportistas hace tiempo se convirtieron en rehenes de la política.
Tras la cobertura mediática y las gestiones entre el gobierno croata, la Federación croata, European Gymnastics y la parte rusa, el 10 de agosto se revirtió parcialmente la decisión. Melnikova, Kalmykova y un par más obtuvieron el visado a última hora. La propia gimnasta escribió que la esperanza es lo último que se pierde y agradeció a quienes ayudaron.
El viaje fue un calvario. Vuelo Moscú–Doha–Zagreb (unas 12 horas). Llegó a Zagreb el martes a las 7 de la mañana y a las 11 debía estar lista para el entrenamiento de podio, la única oportunidad de probar los aparatos de competición. Sin sueño adecuado, sin tiempo real de preparación y con el estrés de haber estado a punto de quedarse fuera, subió a competir. Antes, para distraerse de la negativa inicial, incluso había probado el wakeboard (una especie de esquí acuático) y se había lastimado las manos.
Aun así, Angelina se impuso. En el all-around dejó clara su superioridad; su compañera Anna Kalmykova se llevó la plata. El equipo ruso (compitiendo bajo el estatus neutral WG2) también se proclamó campeón. Ella sonreía en el podio, pero el momento de la entrega de medallas fue otro capítulo de presión. No sonó el himno ruso (se escuchó música neutra) y no se permitió ondear la bandera de Rusia; solo la del organismo internacional. Recibió la medalla entre lágrimas mientras sonaba esa música. El veto a los símbolos nacionales se mantuvo en el evento a pesar de cambios previos en las federaciones, porque el país anfitrión podía aplicar restricciones en competiciones ya otorgadas.
En las redes sociales muchos sostienen que la razón real para intentar impedirle el viaje a la gimnasta era que todo el mundo sabía que iba a ganar. Que se trata de presión psicológica y de un intento de minar a las atletas rusas incluso cuando se les permite competir. Que, a diferencia de cierta deportividad de la Guerra Fría, ahora se deniegan visados y se les priva de bandera e himno. Y que, aun así, las rusas siguen llegando y ocupando los primeros puestos.
Los conflictos políticos interceden en las competiciones deportivas de forma cada vez más visible. Deportistas que no dirigen la política exterior de su país pagan el precio: denegaciones selectivas de visado, estatus neutral obligatorio, silenciamiento de himno y bandera. La pregunta que plantean muchos seguidores de Melnikova es directa: ¿con qué derecho las autoridades deportivas o los anfitriones pueden privar a los atletas rusos de sus símbolos nacionales cuando se les deja competir? El deporte, en su ideal, debería separarse de la política; la realidad de Zagreb muestra lo lejos que está ese ideal.
Un gran bravo para Angelina Melnikova. Llegó sin dormir, sin entrenar en condiciones y con el peso de un veto casi definitivo, y dominó los Europeos de Zagreb. Su rendimiento no solo habla de talento y de resistencia: también pone de relieve hasta qué punto la politización del deporte afecta a quienes solo quieren competir.
(Por Lourdes Martino)

