Por David Azañón (Subinspector 87713)
En el día de ayer se ha producido el enésimo caso paradigmático de la catadura moral de los que han accedido a las diversas policías de España. Ya no es el “caballero, caballero, la mascarilla” durante el estado de alarma inconstitucional, ya no es el porcentaje de policías que consumen drogas o anabolizantes, ni son los hobbits que no levantan ni metro y medio desde el suelo, tampoco las que marcan el camel toe con un uniforme varias tallas menor a fin de alimentar su ego en Instagram o que se aprovechan de la luz al bailar como portavoz u otros puestos de tenemos chica nueva en la oficina se Farala y es divina o paseando por despachos a puerta cerrada a cambio de días libres o ascensos, algo de lo que yo he sido testigo directo mientras un comisario me ordenaba darle días libres a una de esas sin justificación alguna, orden que me negué a cumplir por ser manifiestamente ilegal. Tampoco es la filtración de datos personales tras el hackeo de esos que no saben más que alimentar su ego en RR.SS omitiendo las mínimas medidas de autoprotección y que no reproduciré aquí por respeto y la seguridad de sus familias, no por los viceversos y viceversas.
Ya no es que se golpeé a un chaval no violento provocándole la pérdida de un testículo durante la celebración del mundial de fútbol mientras que nos invaden en Ceuta, amenazan, roban y violan a nuestras compatriotas, ya no es que no golpeen con la misma vehemencia a los invasores o a los verdaderos delincuentes. Tampoco es que los escoltas de los políticos guarden silencio de las corruptelas politicas por un puñado de euros en dietas. Tampoco que algunos se escondan indignamente para colocar radares y esquilmar más aún a sus compatriotas, ni que incluso otros confeccionen actas faltando a la realidad de los hechos, ni las detenciones de fantasía. Se trata de comportarse así con un compañero jubilado. Aquí tienen la noticia:
Es indiferente que el policía jubilado haya sido comisario de la escala superior de la Policía Nacional o de otro instituto armado o un policía de la escala básica. Tratar así a un compañero jubilado supone carecer del mínimo respeto no sólo a la Corporación sino a los mayores, que es mucho más grave que lo anterior, jubilado que con sus aciertos y errores ha desarrollado su labor durante décadas.
Ayer en la comisaría de la Policía Nacional en Parla un funcionario, en el peor sentido del término, quien manifestó ser el secretario de la comisaría, después de consultar con el “jefe” accidental de la misma, le comunicó que “él no era Policía”, que era “un ciudadano particular” y que, por esa razón, no le tramitarían la instancia. Para los que desconozcan lo que es una instancia es simplemente una petición a la administración, un papel cualquiera que no es sino un derecho constitucional establecido en el art. 29.1que establece que “Todos los españoles tendrán el derecho de petición individual y colectiva, por escrito, en la forma y con los efectos que determine la ley.” No hace falta ser policía para pedir algo.
Además de no ser cierto, lo de que no es policía, aparte de desconocer la ley, de ser poco profesionales y de carecer del más mínimo respecto por el ciudadano que les paga, sea o no policía, el artículo 87 de la LO 9/2015 establece que “Los Policías Nacionales que hayan perdido dicha condición por jubilación, mantendrán la consideración de miembro jubilado de la Policía Nacional”. No añadiré más salvo decir cuánto me gustaría verme con esos dos en un ring de boxeo, por deporte no piensen mal, no tengo palabras para expresar el asco, la repugnancia, la aversión y demás calificativos que me produce tal conducta con un policía jubilado pero es que además pienso, como lo harán ustedes muy probablemente, si hacen esto con uno de los suyos jubilado qué no harán con un simple ciudadano.
Recuerdo a un amigo y compañero de la escala básica, segunda categoría, que dejó la Policía Nacional y fue a renovar su DNI al complejo policial de Canillas en Madrid estando ya en la situación administrativa de excedencia por interés particular. La respuesta fue la misma “tu no eres ya policía”, ese policía realizó numerosos e importantísimos servicios para la Policía Nacional, es más, es alguien a quien cito en mi libro y es conocido con el sobrenombre de Malware, hoy CISO (Chief Information Security Officer, en español, Director de Seguridad de la Información) de una de las más importantes empresas españolas.
Recuerdo que me llamó indignado y me manifestó “Qué asco me da la policía, no volveré jamás aunque me este muriendo de hambre. Esta mañana he ido a Google España y les ha faltado poner una alfombra roja al recibirme (se refería a que le habían tratado de manera exquisita) y hoy vengo a lo que eran los míos y me han tratado como a un perro, y lo peor, que me llaman los altos mandos para pedirme favores de todo tipo y yo siempre intento ayudar a la Corporación de manera desinteresada”.
Siempre defiendo a ese 20% de la ley de Pareto, a ese 20% de profesionales de las policías de España, pero esta es la prueba del nueve que confirma que no existe una solución pacífica a los males que adolece España. Estamos rodeados de traidores internos que son peores que el enemigo externo.
No me extraña que los españoles renieguen e incluso odien a sus policías, yo lo siento enormemente por ese 20% de Pareto, por ese 20% que es profesional, por ese 20% que cumple fielmente con su juramento y con lo que establece la ley, pero, sobre todo, lo siento por los españoles que no dejan de pagar a seres que dicen ser compatriotas pero que carecen de valores como el respeto a los mayores, la gratitud hacia quienes les precedieron, el honor, la dignidad, la lealtad, la responsabilidad y el reconocimiento de quienes dedicaron su vida al servicio de los demás y no a apoltronarse a un sueldo fijo.
Hoy finalizo con Cicerón:
DONDE LAS COSTUMBRES SON BUENAS, SE RINDE MAYOR DEFERENCIA A LA EDAD Y SE LA HONRA MÁS.

