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Prebostday según Joyce

Por Alfonso de la Vega

Se acabó el último periplo prebostiano, que no odisea, por insólita tierra de misiones con graves pecados de omisión por no defender el Valle o de obra como bendecir las invasiones o su tácita complacencia con el Régimen. 

También se ha cumplido más de un siglo y cuarto desde que un veinteañero Joyce saliera a pasear por el viejo Dublín con Nora Barnacle un 16 de junio de 1905. Una fecha, el Bloomsday, que ha quedado como emblemática para los joyceanos y que es la de la aventura de Leopold Bloom, el Ulises dublinés, un periplo por las calles de Dublín pero también entre olas, arrecifes y acantilados del traicionero lenguaje que nos permite navegar, y nos lleva a lugares remotos. Que con suerte nos permite regresar a la Ítaca perdida pero que también nos puede hacer naufragar contra un traicionero bajío oculto.

La Ítaca de Prebost como artista adolescente acaso fuera una de las famosas dos ciudades de San Agustín. La una tiende al Espíritu, la otra es resultado de que la carne es flaca o de la concupiscencia del poder político que nos lleva a la perdición cuando ulula como Escila y Caribdis. Hay que evitar naufragar en el proceloso mar del lenguaje y el pensamiento, lejos  de los cantos del NOM, la agenda y las urgencias de la libido, que de eso ya se ocupa de modo eficaz el Adversario.

El asesinato de dos miembros de la familia imperial en Sarajevo se convertiría en una terrible masacre que ensangrentaría a Europa con millones de víctimas sacrificadas a unos poderes en conflicto, y a la voracidad de unas “invisibles potestades del aire” que diría San Pablo. Blasco Ibáñez cuenta en su obra monumental sobre la Primera Guerra Mundial las idas y venidas de diplomáticos y políticos de una y otra potencia a una u otra embajada para tratar de evitar in extremis el conflicto que al final estallaría por la cerrazón y ciertos intereses creados. Cuando se observan las fotografías de la época el lector sensible no puede menos de quedar impresionado por las sonrisas inconscientes de los inexpertos hombres víctimas de la propaganda y de los falsos discursos que les iban a llevar al más absurdo y cruel matadero en las trincheras. Pero tanto ayer como hoy la memoria histórica la manipulan los poderes dominantes de acuerdo a sus intereses. Y son otras generaciones víctimas de su renovada ignorancia o su falta de criterio las que van a sufrir a mayor granjería de los mismos intereses ocultos. Hoy estamos ante una situación similar a merced de de unas élites corruptas, criminales, satanizadas que intentan provocar otra carnicería en Europa.

Joyce se refugió en Suiza y allí se dedica a escribir el Ulises, sobreviviendo como buenamente puede, y haciendo eco a lo que se ha venido en llamar corriente de conciencia, una palabra interior que a la vez limita y posibilita el pensamiento. Finalizada la matanza Joyce vuelve a Trieste, ahora ciudad italiana, donde sigue dando vueltas al manuscrito.  Lo da por acabado tres años después. Por fin, ya en 1922, consigue sea publicado. Pero el Ulises es considerado un libro obsceno y provoca entonces un gran escándalo en la hipócrita cultura anglosajona sobre todo en lo que se refiere a su moralismo puritano de bragueta que no le impide perpetrar los peores crímenes contra el derecho de gentes.

Algunos críticos consideran que el Ulises refleja la formación jesuítica colegial de Joyce, y viene a ser un remedo parcial paródico de los ejercicios espirituales ignacianos. Hoy probablemente sea uno de esos libros más citados que leídos. Pero no podemos por menos de admirar lo que parece su mayor logro, la perspectiva del lenguaje como consustancial al hombre. Un discurso que fluye como buenamente puede. A veces a trompicones, con manifestaciones de la libido no domadas por la educación y cultura. Pero siempre con una espontaneidad de lo individual, hoy gravemente amenazada por la dominante neolingua orwelliana marcada a fuego de lo correcto o el presunto delito de odio. Una dictadura terrible que poda sinónimos y palabras que son reflejo de la libertad personal, del individuo… una tala consciente perpetrada con las peores intenciones. Donde no hay sinónimos no hay libertad… ¡ni disidentes!

De las trescientas mil palabras con las que contaría el español apenas se usan un par de decenas de miles por las personas más cultas. Las generaciones más jóvenes ignoran la mayoría. Pasma su pobreza de vocabulario pese a ese léxico tan grande que perjudica su comprensión de la realidad y su capacidad de razonar. Una pena. Otra feroz “tala de cerezos” en nuestro jardín. ¡Defendamos la libertad de conciencia y expresión!

Ignoro qué habrá pensado Prebost durante su gira por el desquiciado Reino de España. Acaso sorprendido por su éxito entre las multitudes o por la hipocresía del régimen filipino.

El monólogo de Molly Bloom a la espera de su amante puede resultar obsceno pero no dejaría  de estar en su «derecho feminista» de poner los cuernos a su marido. Pero las palabras que son un instrumento, a veces también pueden resultar fuegos fatuos.

De ello se lamenta otro personaje joyceano, esta vez en Dublineses. Un político, Gabriel, ha ensayado un discurso tópico, prescindible, para perorar durante el banquete de una celebración tradicional familiar. Pero una confidencia de su mujer le hace ver lo ridículo de su posición. Michael, un antiguo pretendiente suyo de cuando era joven habría muerto de amor. Amor, palabra para un misterio insondable que acaso resume en ella todas las demás del diccionario. Palabra que nos permite hablar a la Divinidad y se convierte en nave segura para el regreso de Ulises sin depender de la contingencia del lenguaje. Al final de la aventura de la vida y del lenguaje, cae la nieve… cae sobre el solitario cementerio donde yace enterrado Michael Furey… cae imperceptible sobre todo el universo. Imperceptible, como la llegada del momento final, sobre todos los vivos y los muertos.

Prebost se muestra como un hombre gris, que parece condicionado por el miedo a que le pase lo que a su honrado antecesor Albino Luciani. Para otros, alegando segadas interpretaciones de oscuros mensajes marianos sería el mismo Anticristo. En mi modesto parecer ha sido colocado allí para hacer bulto mientras se consolida la nefasta influencia bergogliana. Algo así como los roles de PP y el PSOE en la degradada Monarquía española.

Dos  años después de la azarosa publicación del Ulises, Breton sacaba a la luz su Manifiesto surrealista que también supone una operación sobre el lenguaje o sobre lo que se encuentra al otro lado de él. Y aquí nos aparece la Mística, porque al cabo, el misticismo es un intento de solución poética de los problemas filosóficos fundamentales. Claro que en su reverso puede derivar en un oscuro Finnegans Wake. O mejor, en la desmesura del vertedero WOKE que hoy sufrimos, con un simbolismo basado en la sentina de un lenguaje descodificado, promotor de la servidumbre de la ferocidad cotidiana indomada. 

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