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La marca Balenciaga: ni rastro de lo que fue tras el fallecimiento de su fundador, Cristóbal Balenciaga

Cristóbal Balenciaga Eizaguirre (1895-1972) fue uno de los grandes modistas del siglo XX, un diseñador español de origen vasco reconocido por su perfeccionismo técnico, siluetas innovadoras y elegancia sobria. Nacido en Getaria (Gipúzcoa), aprendió costura de su madre y abrió su primera casa en San Sebastián en 1917. En 1937, huyendo de la Guerra Civil, se estableció en París, donde su mansión en Avenue George V se convirtió en sinónimo de alta costura.

Diseñadores como Christian Dior lo llamaron “el maestro de todos nosotros” y Coco Chanel elogió su autenticidad. Balenciaga revolucionó la silueta femenina con volúmenes, capes y construcciones sin cintura que priorizaban la comodidad y la arquitectura del tejido. En 1968, decepcionado por la comercialización de la moda, cerró su casa de alta costura. Murió en 1972.

El cambio de manos tras el fundador

Tras su muerte, la marca no desapareció inmediatamente, pero perdió su esencia creativa. Sus sobrinos la gestionaron brevemente y luego pasó a manos de grupos industriales. En 1978 la adquirió el grupo químico alemán Hoechst. En 1986, la compañía de fragancias Jacques Bogart la compró y relanzó con prêt-à-porter. En 2001, el conglomerado francés Kering (entonces PPR, propiedad de la familia Pinault) la adquirió junto a otras marcas de lujo como Gucci.

Bajo Kering, Balenciaga se transformó en una marca global de lujo disruptivo. Diseñadores como Nicolas Ghesquière (1997-2015) y especialmente Demna Gvasalia (desde 2015) la llevaron hacia la ropa de calle de lujo, colaboraciones virales (como con Crocs o Los Simpsons) y una estética provocadora. Hoy genera cientos de millones en ventas anuales, con énfasis en accesorios, deportivas y marketing digital. Nada que ver con los vestidos de alta costura del fundador.

Las controversias de la era actual y las acusaciones “satánicas”

La percepción de que la “actual Balenciaga” nada tiene que ver con su fundador se basa en hechos: el control creativo y estratégico pasó a un conglomerado multinacional y a directores creativos con visiones muy distintas. La marca abandonó la alta costura tradicional (aunque la recuperó puntualmente en 2021) para abrazar el espectáculo, y, sobre todo, la provocación.

El punto álgido llegó en noviembre de 2022 con dos campañas publicitarias que generaron una tormenta global:

  • Una campaña navideña (“Gift Shop”) mostraba niños con osos de peluche vestidos con arneses de cuero y elementos que recordaban al BDSM.
  • Otra campaña incluía documentos judiciales relacionados con un caso de la Corte Suprema de EE.UU. sobre pornografía infantil, junto a una bolsa de la marca.

Balenciaga se disculpó públicamente, retiró las imágenes, culpó a agencias externas de producción y demandó a algunos colaboradores. La marca insistió en que no promovía ningún tipo de abuso y condenó la explotación infantil.

Estas campañas desencadenaron acusaciones de normalizar la pedofilia y teorías que vinculaban la marca con satanismo, rituales ocultos y élites pedófilas. Algunos interpretaron símbolos (cintas de precaución, libros de arte provocadores del fotógrafo o referencias visuales) como pruebas de agendas ocultas. Términos como “Baalenciaga” (asociando el nombre a la deidad antigua Baal) circularon en redes.

¿Qué queda del legado original?

Cristóbal Balenciaga era conocido por su discreción, maestría técnica y rechazo a la vulgaridad comercial. Difícilmente reconocería la marca actual: logomanía, deportivas destrozadas a propósito, campañas hiperprovocativas y un modelo de negocio centrado en el bombo publicitario y el lujo accesible para millennials y Gen Z.

Kering ha convertido Balenciaga en una máquina de ingresos, similar a lo hecho con Gucci. El fundador ya no controla nada; su nombre es ahora un activo comercial. Esto es común en la industria del lujo: muchas casas (Chanel, Dior, etc.) sobreviven a sus creadores bajo corporaciones.

La “verdadera historia” es, por tanto, la de una evolución (o dilución) típica del capitalismo del lujo: de un modista artesanal español a un gigante francés globalizado. Balenciaga actual es un reflejo de la moda contemporánea: provocadora, controvertida y desconectada del espíritu del maestro que le dio nombre.

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