Por Alfonso de la Vega
Cabe trasladarse a principios del siglo XVII para encontrar un caso similar al del procesamiento por corrupción de ZP el que fuera valido de don Juan Carlos I El Campechano. El precedente es el del corrupto valido del inepto don Felipe III, el duque de Lerma, cuyo palacio ducal en la población burgalesa, remedo del El Escorial, ha sido transformado en magnífico parador de Turismo digno de visita. Por aquel entonces el pueblo cantaba aquello de: ”por no morir ahorcado el mayor ladrón de España se viste de colorado” en alusión al hecho de acogerse bajo el manto eclesiástico y lograr un rojo capelo cardenalicio para burlar la acción de la Justicia. En estos tiempos secularizados de ser menester acaso pudiera buscar la cándida protección del llamado Constitucional, demostrado protector de ladrones, golpistas y socialistas según la opinión pública más descontentadiza.
Tras el de excelentísimos ministros de la Corona u otros próceres socialistas protectores de los parias de la tierra y la famélica legión, cuyo resultado sigue en suspenso, el procesamiento del ex presidente ZP pudiera representar un antes y después en la más que menguada credibilidad actual de las instituciones borbónicas. El registro de sus oficinas en acopio de pruebas durante la redada ya quedará al menos como un hito histórico de consolación si la cosa termina empantanada como es de temer.
Una posibilidad de redención del estilo de la acción judicial llevada a cabo por Mani puliti en Italia gracias a la que el capo socialista Betino Craxi tuvo que salir de naja para no dar con sus podridos huesos en prisión. Otro logro del Partido Socialista italiano otro de cuyos más famosos dirigentes históricos como Benito Mussolini terminaría ajusticiado. O, por el contrario, la definitiva constatación de descrédito de una judicatura que no puede, no sabe ¿o acaso no quiere? defender el ordenamiento jurídico y constitucional.
Según fuentes judiciales y policiales los cargos contra el tenebroso beneficiario del golpe del 11M no incluyen los de alta traición o complicidad con el terrorismo sino que se limitan a los directamente vinculados con la corrupción socialista. El juez instructor de la Audiencia Nacional le atribuye presuntos delitos de blanqueo de capitales, pertenencia a organización criminal, tráfico de influencias y falsedad. Esta es la primera vez desde la actual entronización borbónica española que un ex-presidente del Gobierno es investigado penalmente en una causa por corrupción.
En todo caso hay que reconocer las habilidades de alquimista para convertir en oro su magro patrimonio inicial de este talentoso y talantoso vallisoletano afincado primero en León, y luego en Caracas pasando por su provechosa iniciación en el palacio de la Moncloa.
Como en las tragedias griegas el lastimero coro del rojerío con sus mejores máscaras filantrópicas e hipócritas ha salido en defensa de su héroe en apuros. Ojalá que el valiente juez tenga la fortaleza de Antígona para defender lo que cree justo y que sus compañeros le protejan e incluso el propio rey en cuyo nombre se administra la Justicia y como árbitro constitucional del buen funcionamiento de las instituciones, porque visto lo que está pasando con el juez Peinado cabe temer una grave campaña de felonías.
ZP el mañoso ha puesto su cara más compungida para rechazar que haya cometido cualquier delito. No le creo más allá de la convencional presunción de inocencia, ojalá me equivoque pero sea como sea dudo mucho que al final ni siquiera tenga que huir al exilio como su corrupto correligionario italiano Craxi.
Y es que hace falta una respuesta política contra la impunidad que se sume al meritorio cerco a la corrupción realizados por los miembros honrados de las Fuerzas de Orden Público y los Tribunales. Deben sentirse apoyados y no pueden quedar abandonados a su suerte como el sheriff de Solo ante el peligro. En defensa de la libertades, la ley y de la nación debería haber un “Fuenteovejuna, señor” más allá de las ideologías.
La Monarquía está entrando en una fase de transformación en despotismo sin ilustrar, que no debería desembocar en el derrumbe institucional de una España saqueada y paralizada. También en esta hora tan grave es necesario que la pretendida oposición haga algo más allá de un pasajero postureo tartufesco, que no dé la espantada ante sus obligaciones y emplee sin más demoras todos los instrumentos legales a su disposición.

