Retozan, cabriolan, se descojonan con tu miedo. Pánico, la droga más poderosa jamás creada. El militaresco bioterrorismo psicológico instrumentaliza el miedo a las enfermedades para manipular todo y a todos. Es guerra psicológica: el campo de batalla, tu mente. El miedo a las enfermedades infecciosas se adiciona estratégicamente para ahormar el comportamiento humano, personal o comunitario. El miedo se desentiende de los hechos; el miedo descree completamente de la nuda realidad. Los seres humanos estamos biológicamente programados para recelar de las amenazas invisibles, existan o dejen de existir. Y una vez que el miedo se arraiga socialmente, se retroalimenta. Y la bola de nieve deviene imparable. Y la locura de masas resulta imposible de parar. Y el miedo sirve, ha servido y servirá como catalizador en la historia. Para mal, casi siempre, anulando lo más valioso de la especie humana.

Vivir con miedo, ser un esclavo
El miedo es orquestado y los actores se someten un guion. El Pentágono, el rey del mambo en los dos pufos de estos días: hantavirus y ébola. Las misma vieja estafa con disímiles etiquetas. Y siempre irrefrenable e irredenta e irreprimible pseudociencia hasta aburrir: bozales y peceerres, dos ejemplos señeros. Sainetes bufos para débiles mentales. Montajes con finalidades políticoa, económicas, de todo tipo.

Control y vigilancia, vuelta de tuerca. Operaciones psicológicas de falsa bandera. Tortura planetaria, terrorismo mediático mediante. Obediencia de masas mientras se perfilan las agendas de despoblación y secuestros domiciliarios. Pánicos escenificados (satanitarios, climáticos, alienígenas…), más o menos perfilados, más o menos acelerados, para imponer e imponerse. Poder a porta gayola. La erótica del mando. Tiranías médicas, por ejemplo ( O cuando una «vacuna» se convierte en el patógeno: vacunar es asesinar. Dejarse vacunar, suicidarse, imprescindible libro de Diego Ruiz). A lo largo de la historia, cada vez que un gobierno (más o menos en la sombra) ha necesitado más autoridad, pergeñaba una crisis, amenazas invisibles, inverosímiles circos de múltiples pistas para oligofrénicos. Freaks shows, pues, de escasa, escasísima calidad.
En fin.

