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Aniversario y memoria permanente

Por Alfonso de la Vega

«Este funesto divorcio de la historia y de la raza acabó por hundir el trono…la monarquía estaba moralmente muerta, se había divorciado del pueblo católico y tenía enfrente a la revolución, que ya no pactaba ni transigía. En la hora del peligro extremo apenas encontró defensores, y el pueblo católico la vio caer con indiferencia y sin lástima.»

 «Hoy presenciamos el lento suicidio de un pueblo que engañado mil veces por garrulos sofistas, empobrecido, mermado y desolado, emplea en destrozarse las pocas fuerzas que le restan, y corriendo tras varios trampantojos de una falsa y postiza cultura, en vez de cultivar su propio espíritu, que es el único que ennoblece y redime a las razas y las gentes, hace espantosa liquidación de su pasado, escarnece a cada momento las sombras de sus progenitores, huye de todo contacto con su pensamiento, reniega de cuanto en la historia los hizo grandes, arroja a los cuatro vientos su riqueza artística y contenta con ojos estúpidos la destrucción de la única España que el mundo conoce, de la única cuyo recuerdo tiene virtud bastante para retardar nuestra agonía….»

«Donde no se conserva piadosamente la herencia de lo pasado, pobre o rica, grande o pequeña, no esperemos que brote un pensamiento original ni una idea dominadora. Un pueblo nuevo puede improvisarlo todo menos la cultura intelectual. Un pueblo viejo no puede renunciar a la suya sin extinguir la parte más noble de su vida y caer en una segunda infancia muy próxima a la imbecilidad senil.2

 «El servil afán de parodiar y remedar sin descernimiento lo último que nos cae en las manos, como si temiésemos quedarnos rezagados en el movimiento progresivo de la humanidad, propio e instintivo temor de todos los pueblos abatidos y que han perdido su conciencia nacional…»

«La triste y abatida España en que vivimos ,,,con el ánimo desengañado y difícil que solemos tener los hijos de la presente generación… en estos tiempos en que la pereza del espíritu y la facilidad abandonada se disfrazan con el manto de la amenidad y del modernismo…»

 «El odio popular contra los judíos y sus descendientes no se amansó un punto en todo el siglo XVII. Una de las causas que más concitaron los ánimos contra la privanza del conde-duque de Olivares fue la afición que se le suponía a la raza proscrita y sus proyectos librecultistas de traer a España a los hebreos de Salónica, para que con sus tesoros remediasen la penuria del Erario. El gran Quevedo s denunció y puso en la picota de la sátira al autor de tales proyectos».

«La ignorancia y el olvido en que estamos de nuestro pasado intelectual, las insensatas declamaciones que se enderezan a apartarnos de su estudio como de cosa baladí o de poco momento, el desacordado empeño de algunos de romper con toda tradición científica, persuadidos de que solo en su secta y escuela se halla la verdad completa, la facilidad que hoy existe para apropiarnos la erudición forastera, granjeando así la fama de sabio a poca costa, y las dificultades con que tropezamos para conocer, siquiera por encima la nuestra…

A no ser que acaben de perderse en España todas las buenas tradiciones ce lengua y estilo..

Este  horrible Madrid donde cada mendrugo de pan tiene cien aspirantes… tanta falsedad y cobardía moral como en Madrid existe…

“la propagación rápida del protestantismo ha de atribuirse, entre otras causas, al odio inveterado de los pueblos del Norte contra Italia, a esa antipatía de razas que explica gran parte de la historia de Europa…hay en los germanos una tendencia a la división, que ha tropezado siempre con la unidad romana y con la unidad católica, por eso los pueblos del Mediodía han rechazado y rechazan enérgicamente la Reforma”. 

 “Religiosa y políticamente la dinastía francesa nos trajo grandísimas calamidades… torcióse completamente el espíritu de la civilización española, torcimiento que dura aún por desgracia, no se combatió ya por el catolicismo, sino por el pacto de familia, mudó de carácter la literatura, alteróse radicalmente la lengua…”

“Dos siglos de incesante y sistemática labor para producir artificialmente la revolución, aquí donde nunca podía ser orgánica, han conseguido no renovar el modo de ser nacional, sino viciarle, desconcertarle y pervertirlo. Todo lo malo, todo lo anárquico, todo lo desbocado de nuestro carácter se conserva ileso y sale a la superficie, cada día con más pujanza, todo elemento de fuerza intelectual se pierde en infecunda soledad o sólo aprovecha para el mal. No nos queda ni ciencia indígena, ni política nacional, ni, a duras penas arte y literatura propia… el español que ha dejado de ser católico es incapaz de creer en cosa ninguna como no sea en la omnipotencia de un cierto sentido común y práctico, las más veces burdo, egoísta y groserísimo…”  

“Esta era de de egoísmo y de utilitarismo brutal que ha encontrado en los americanos del Norte su expresión más repugnante… Los yankees con su eterno y declarado propósito de enflaquecer y desorganizar a Méjico.., Los yankees, que harán la ciencia aún más carnal, grosera y mecánica que sus padres, los ingleses”.

“Las repúblicas americanas con aprender el francés y olvidar el latín y el castellano; con maldecir de las instituciones coloniales por el mero hecho de ser españolas, y con calcar servilmente las de los Estados Unidos, diéronse ya por suficientemente emancipados e imaginaron haber llegado de un salto a lo que, si no se conquista por esfuerzo propio, racional y metódico, y en virtud de de evolución no forzada, será siempre vana apariencia de de libertad y cultura y trampantojo sin realidad ni eficacia.”  

Tal día como hoy 19 de mayo pero de 1912 fallecía en su Santander natal don Marcelino Menéndez Pelayo uno de los grandes investigadores españoles, polígrafo de erudición pasmosa y personaje controvertido e incluso vituperado por las habitualmente ágrafas zurdas españolas debido a sus firmes ideas tradicionalistas. Al igual que Fr, Antonio de Guevara y siguiendo así su vocación de búsqueda serena del conocimiento don Marcelino declaraba el menosprecio de corte y alabanza de aldea.

Sabemos que la historia tiene un cierto componente cíclico de modo que muchos problemas vuelven o en realidad quizás nunca se han ido del todo, y permanecen agazapados y como el bacilo de la peste o el oportuno hontavirus de turno aguardan manifestarse para llenar de desasosiegos e incertidumbres la ciudad antes alegre y confiada. De modo que resulta muy valioso y oportuno, dejando adanismos aparte, conocer y considerar lo que los grandes genios habían considerado sobre tales cuestiones para mejor ilustrar el debate y formar nuestra propia opinión.

Memorables sus remembranzas de las Partidas o de Longino para ilustrar el concepto de pueblo como lo fuera el castellano medieval y su visión de que la participación del pueblo en el poder, que implica un grado de libertad sólo es conveniente cuando los pueblos son sabios y virtuosos. 

Valga también este breve recuerdo como homenaje a la memoria del que fuera un honrado investigador, patriota insigne y valiente defensor de lo que creía justo. Como justas y dignas de reflexión y debate son muchas de sus apreciaciones.  

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