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Objetivos ocultos pero reales de la farsemia: destrozo de la salud, agenda tecnocrática y mutación genética de la especie humana

Desplegándose una estrategia de corte militar en un contexto anterior a la COVID-19, pues. 11-S, ataques terroristas simulados, estelas químicas, glifosato, reemplazos demográficos, “accidentes” ferroviarios y amenazas asociadas a la farsa del camelo climático como narrativas destinadas a alterar la conciencia y la autoimagen de la humanidad. Doctrinas del shock, dizque. Hipocampo, entonces, y sustitución por experiencias nuevas: humanidad transhumanizada. Partiendo de un sistema de armas avanzado, sobre todo en el contexto de la emergente «era de las TI/Bio/Nano» prevista por la NASA en 2001.

Conectados

Los ingredientes de las timovacunas covidicias debía haberse analizado y divulgado oficialmente poco después de su distribución, pero esos análisis no se realizaron. La falta de transparencia a la hora de conocer la composición real de las puyitas habría causado gran preocupación mundial. Un ejemplo: un estudio efectuado en Argentina sobre kakunas de AstraZeneca, CanSino, Moderna, BioNTech/Pfizer y Sputnik V, mediante técnicas de espectrometría de masas con plasma acoplado inductivamente (ICP-MS encontró numerosos elementos químicos que no figuraban entre los ingredientes declarados.

A saber. 57 sustancias no declaradas. Una lista extensa de elementos, entre ellos arsénico, aluminio, cadmio, mercurio, plomo, uranio y diversos lantánidos. La presencia de estos elementos sería incompatible con los controles habituales de fabricación – ya de por sí, fraudulento s- de la mafia farmacéutica. Las timovacunas contenían sustancias muy tóxicas, como las clásicas: no llegaron allí por accidente.

En las muestras se encontraron 12 de los 15 lantánidos de la tabla periódica, con propiedades magnéticas y luminiscentes. Ergo, según el estudio argentino citado, las timovacunas formaban parte de una experimentación nanotecnológica mundial, sosteniendo que todas las muestras contenían la mayoría de los elementos necesarios para la nanotecnología autoensamblable. 

Los matarratas transgénicos no habrían tenido como propósito proteger contra supuestas infecciones respiratorias. La farsemia fue, sin más, un burdo y criminal pretexto para distribuir planetariamente nanotecnología autoensamblable. La nanotecnología se habría organizado en redes dentro del cuerpo y el cerebro. A la sazón, teléfonos móviles, routers, Wi-Fi, televisores inteligentes, electrodomésticos, transmisores 5G y servidores podrían comunicarse con ellas. Grosso modo: todos los timochutados han recibido componentes de redes nanométricas auto ensamblables, pudiéndoseles enviar señales o instrucciones mediante dispositivos tecnológicos.

Otrosí

Al alimón, se produjo el masivo despliegue de 5G y la puesta en órbita de unos 10. 000 satélites Starlink, antes del inicio de la plandemia. Todo conectado. Cuerpos y entorno. Y, desde luego, las proteínas espiga, los efectos sobre el corazón y el cerebro (el hipocampo y la amígdala cerebrales, severamente dañados), turbocánceres a tutiplén y mortalidades disparadas. Y la modificación genética, por supuesto. 

En fin.

Luys Coleto
Luys Coleto
Prófugo de la existencia
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