Pretender convencernos de que “Marruecos es un socio fiel y fiable”, después de haber escuchado a su ministro de justicia decir que “Ceuta y Melilla son marroquís” puede calificarse, sin duda, como acto de traición.
Pretender vendernos que la marabunta que vino desde allí “no supone una amenaza para Ceuta ni para España” , viendo a los ceutíes constantemente amenazados, es propio de dementes, de gente desquiciada, más por el hecho de que el mismo presidente del gobierno lo calificó como una “violación de la integridad territorial de España”.
Argumentar que tal violación no puede llamarse invasión “porque no llevan armas”, sería propio de ingenuos, si no fuera porque existe el precedente de la Marcha Verde: Un acto de guerra en el que Marruecos ya consiguió arrebatarnos una de nuestras provincias sin disparar un solo tiro. Pero si no son ingenuos ¿qué son?
Los marroquís supieron aprovecharse de la debilidad del gobierno español, en un tiempo en el que Franco agonizaba y sus “herederos” se peleaban por la herencia. El “emérito” ya les ofreció entonces Ceuta y Melilla, a través del gobierno yanqui, a cambio de asegurarse el trono (Eso explica que ahora no proteste). Sorprendentemente, se conformaron con el Sáhara Español; o no sorprendentemente pues su mayor interés era apropiarse de las reservas de fosfatos más grandes del mundo, necesarias para seguir fabricando las malditas bombas de fósforo que Hassan II lanzaba sobre sus súbditos rifeños.
Ahora vuelven a aprovecharse de la debilidad de un gobierno paralizado por la corrupción y de un secuestro real (Porque decirle al presidente de Ceuta -Ven tú, que yo no puedo ir- ¿Cómo puede interpretarse si no como un secuestro?).
Es cierto que Felipe ha expresado alguna tímida queja (como cuando dijo que no le dejaban enviar su guardia personal a ayudar a los valencianos anegados) pero también lo es que se le ha visto reír, en actos públicos, con los presuntos secuestradores, y eso nos confunde. Si nos dijera claramente -Estoy secuestrado- , aún habría alguna esperanza pues, sin duda, muchos miles de españoles acudirían a salvarlo y, acto seguido, a detener a los secuestradores y a liberar las ciudades asediadas.
Pero el hecho de que el rey no salga a pedir ayuda ¿Cómo podemos interpretarlo sino como que está de acuerdo con los traidores? En ese caso sí se pone difícil la cosa pues significa que, para ayudar a nuestros compatriotas ceutíes, habrá que pasar por encima de los invasores marroquís pero también de los gerifaltes españoles, rey incluido.
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