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Un coche embiste la moto de Alfredo Perdiguero, subinspector de Policía Nacional, voz crítica y portavoz sindical, acaba en la UCI con graves lesiones. ¿Accidente o algo más?

El subinspector de la Policía Nacional Alfredo Perdiguero M., portavoz nacional de JUNTOSPOLGC, permanece ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid tras un grave incidente de tráfico ocurrido la mañana del viernes 21 de agosto de 2026. Según el mensaje publicado por su hermana Lola en la cuenta de X del propio agente (@PerdigueroASP), Perdiguero regresaba a su domicilio en motocicleta tras finalizar su servicio nocturno cuando «un coche se le ha llevado por delante».

Las lesiones son importantes: siete costillas rotas y cuatro vértebras fracturadas. Permanece consciente, aunque «muy dolorido», según la misma comunicación familiar. El propio Perdiguero pidió a su hermana que lo hiciera público.

Los hechos conocidos

Las informaciones publicadas por distintos medios coinciden en lo esencial: el agente circulaba en moto de regreso a casa después del turno de noche y un turismo lo arrolló. No se han facilitado detalles públicos sobre el lugar exacto del incidente, la identidad o el estado del conductor del coche, si se detuvo o huyó, ni el estado de la investigación policial o judicial. Tampoco hay información oficial sobre si se trata de un atropello con fuga, una colisión por imprudencia o cualquier otra circunstancia.

El mensaje de la hermana es la fuente principal de la que han partido las noticias. Cientos de mensajes de apoyo han llegado a través de redes.

El perfil de Perdiguero: una voz incómoda

Alfredo Perdiguero no es un policía anónimo. Es subinspector de la Policía Nacional y portavoz de la organización JUNTOSPOLGC (anteriormente vinculado a Alternativa Sindical de Policía). Ha sido una presencia habitual en programas de televisión y radio (Cuarto Milenio, Horizonte, La Noche de Cuesta, En boca de todos, etc.), donde ha criticado con dureza la falta de medios, las decisiones del Ministerio del Interior, la gestión de crisis como la de Ceuta o incidentes en la Vuelta a España, y lo que considera injerencias políticas o «cloacas» dentro de las fuerzas de seguridad.

A lo largo de los años ha acumulado sanciones disciplinarias por apariciones mediáticas, comentarios en redes y otras cuestiones. Él mismo ha denunciado en varias ocasiones lo que considera «animadversión personal» y «venganza» por parte de superiores, llegando a presentar denuncias por presunta prevaricación.

Lo que genera sospechas

El contexto invita a preguntas. Un agente que regresa solo, de madrugada o primeras horas de la mañana, tras un turno nocturno, en motocicleta —vehículo especialmente vulnerable—, y es embestido por un coche. Las lesiones (múltiples costillas y vértebras) son coherentes con un impacto lateral o frontal de cierta violencia. La ausencia, al menos en las primeras horas, de información detallada sobre el otro vehículo, el conductor o el atestado policial alimenta las dudas entre quienes siguen su trayectoria.

Perdiguero ha sido una de las voces policiales más visibles y molestas para determinados sectores. Ha hablado abiertamente de presiones, sanciones selectivas y de lo que considera un clima hostil hacia quienes denuncian irregularidades o deficiencias. En ese marco, un incidente de este tipo, sin más datos públicos, genera naturalmente especulaciones: ¿simple accidente de tráfico en una ciudad con miles de ellos diarios, o un mensaje dirigido a silenciar o amedrentar a quien habla de más?

Hasta el momento no existe ninguna evidencia pública que permita afirmar que se trate de un intento de asesinato. Los medios que han informado lo tratan como accidente de tráfico. No hay comunicados oficiales que apunten a un atentado, ni detenciones anunciadas por ese motivo, ni indicios concretos de premeditación que hayan trascendido. Sin embargo, la opacidad inicial sobre las circunstancias exactas, el perfil del afectado y el momento (justo al terminar el servicio nocturno y regresar a casa) hacen que la versión del “simple accidente” resulte, para muchos, incompleta o insuficiente.

La investigación debería aclarar con rapidez si el conductor del coche se detuvo, si dio positivo en alcohol o drogas, si había cámaras, testigos, huellas de frenada o cualquier elemento que permita descartar (o confirmar) una intencionalidad. Mientras tanto, Perdiguero sigue en la UCI, consciente y con un cuadro de fracturas graves, y su caso se suma a la lista de incidentes que, en el entorno de quienes denuncian problemas internos de las fuerzas de seguridad, siempre dejan un regusto amargo de “demasiadas coincidencias”.

La recuperación del subinspector es prioritaria. La transparencia sobre lo ocurrido, también.

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