Hace tiempo que estos políticos psicópatas que forman la telaraña del mundo han decidido poner en práctica el refrán “la letra con sangre entra”, y por eso están atacando a la sociedad desde todos los frentes posibles. Los ciudadanos están siendo sometidos a tortura y esto debe ser denunciado e incluido en los procesos de corrupción masiva que parece ser la tónica y única manera de gobernar. Estamos viviendo un “golpe de Estado” de ámbito planetario que se manifiesta en nuestra cercanía a través de los sátrapas de turno, nuestros auténticos enemigos y contra los que es necesario luchar hasta derrotarlos. Sí, he dicho bien, luchar en esta guerra de proporciones cada vez más visibles. Soy consciente de que el ejército del Bien es menor en número, pero mucho mayor en conciencia; y de eso se trata; hay que seguir sacudiendo conciencias y dejarnos de tibiezas a la hora de defender no solo el territorio físico, sino el espectro moral tan diluido. No podemos dejarnos arrastrar por la corriente, cuando vemos que conduce a un precipicio de no retorno. Nos arrasan, queman nuestros montes, animales y casas, nos abrasan vivos, pero nos tranquilizamos a los pocos días, sobre todo, si no nos afecta. Pero, en estos tiempos oscuros es hora de ser empáticos y guerreros al máximo; es tiempo de mantener encendida nuestra luz. Sin expectativas, pero sin descanso.
Los planes sobre el clima les están saliendo bien y se han sustanciado a toda velocidad, con un sprint desde 2024, fecha de la cumbre del G20 de Brasil, donde se marcaron las directrices para controlar el relato sobre el clima y frenar otras opiniones y estudios no oficiales, con mucha más base científica que ideológica. En la cumbre se decidió –y de esto hablamos en su día—emprender una guerra contra los ciudadanos para doblegarnos e imponer sus falacias a través del miedo, el arma más poderosa y efectiva. El miedo, aparte de enfermarnos, amilana y acobarda, paralizando todo tipo de acción.
No es casual que día a día nos hablen del calor
A cualquier persona medianamente inteligente debería llamarle la atención que todas las cadenas de radio y televisión abran sus espacios con noticias sobre el clima, uno de los modernos sacramentos de la nueva religión política cuyos líderes lucen en su solapa la redonda y coloreada Agenda 2030. Ignoro si conocen sus 17 objetivos y, en caso afirmativo, si se han tomado el trabajo de reflexionar sobre lo que esconden sus enunciados, aparentemente, beneficiosos para la humanidad. ¿Para nuestro bien? ¡Pero cómo podemos ser tan ingenuos y seguir pensando que el poder nos protege! Hay que desengañarse; para el poder somos meros esclavos para producir, pagar impuestos, obedecer y no cuestionar sus leyes y normativas. El pensamiento único es la regla para que todo su engranaje manipulador funcione. Desde hace unos años han puesto en marcha la estrategia del clima y su falacia del cambio climático la han convertido en una de sus prioridades con rango de sacramento. Hay que ver cuántos sacrificios, incluso de seres humanos, inmolan a los dioses de los fenómenos meteorológicos en sus diferentes manifestaciones, por intereses económicos y otras intenciones y fines menos claros dirigidos al nuevo diseño del planeta que han integrado en sus malintencionadas y megalómanas mentes enfermas.
Si nos tomamos unos momentos para analizar, veremos que la mayoría de las normativas absurdas que los seres humanos del siglo XXI estamos obligados a cumplir, giran en torno a esto. Fijémonos en los nuevos eufemismos y palabras sin historia, las nuevas remodelaciones de las ciudades, con zonas restringidas, etiquetas verdes, control de bajas emisiones, huella de carbono, coches eléctricos y las mil monsergas atenazadoras, todas ellas debidas a intereses elitistas relacionados con los pelotazos a gran escala.
Asumo que soy reiterativa y que hay unos cuantos temas sobre los que escribo con mucha frecuencia. Me veo obligada a ello porque es mucho lo que nos estamos jugando: nada menos que nuestra supervivencia, y esto es muy inquietante, en especial, por la velocidad de crucero que está alcanzando.
En los últimos años no han parado de bombardear con sus peroratas sobre que “el clima mata” y las múltiples tabarras con las que Sánchez y sus esbirros y cómplices de la cloaca tortura a la sociedad. Pero esto no es casual. Daremos solo unas pinceladas para refrescar lo que está pasando y descubrir el raíl de la marcha de los acontecimientos. El verano de 2025 y, aún más, este de 2026 los incendios forestales son continuos y casi han dejado de ser noticia importante. Ya nos hemos acostumbrado. Pero, además, nos han hecho creer que son incendios inapagables; solo les falta declarar que están dirigidos por las malvadas salamandras. Sin embargo, la verdad es muy distinta. Tenemos menos medios que hace años. No se ha invertido en prevención; muy al contrario, se ha dejado que la maleza campe a sus anchas. Tampoco hay brigadas suficientes, y, para colmo, se han derribado más de doscientas presas y el recorrido para cargar el agua es más largo. Tampoco tenemos ejército. Es decir, estamos indefensos. Y para más inri, ahora han activado el protocolo de no apagar el fuego, perimetrar el lugar, evacuar a los ciudadanos y permitir que las llamas arrasen el monte y lleguen incluso a las casas. ¡Qué moda tan rara!
Y para completar el panel de cómplices, todas las cadenas de radio y televisión abren sus informativos sobre la gran ola de calor y los grados que alcanzarán los termómetros. Se trata de una guerra psicológica de libro. Si nos dicen que habrá cuarenta grados y a continuación nos hablan de los miles de hectáreas calcinadas, nuestro cerebro asocia las altas temperaturas con el calor, y máxime si se refuerza con frases alarmistas de diseño, como el cambio climático mata. Pero, vuelvo a decir, nada de esto es casual.
Los “escépticos del clima” censurados y perseguidos
Quienes no comparten y se oponen a las consignas oficialistas, mal denominados negacionistas o, más acotado, “escépticos del clima” han sido declarados gente peligrosa a la que es necesario amordazar e incluso castigar con multas y desprestigio público. Así, con el fin de silenciar toda idea contraria al pensamiento único oficial, por parte de científicos libres, sin conflicto de intereses, la ONU, a través de la UNESCO y promovido por el Foro Económico Mundial y el apoyo de países, ha puesto en marcha un oscuro plan denominado “Iniciativa Global para la Integridad de la Información sobre el Cambio Climático”, presentado en la cumbre del G20 de Brasil con el rimbombante nombre de “Iniciativa Global para la Integridad de la Información sobre el Cambio Climático”. Es decir, pensamiento único como única vía posible bajo la premisa de “unificar la información”, lo cual atenta contra el derecho a la libertad de expresión. Pero ya vemos cómo se las gastan. Para este proyecto de control de narrativa se ha activado un fondo económico mundial que está financiando descaradamente a periodistas y medios de comunicación, y así explican sus fines:
“Unificar… promover y defender la integridad de la información sobre el clima, abordar la desinformación y mejorar la conciencia y la acción sobre el cambio climático”.
Es decir, mordaza a la disidencia. La información oficial tendrá la categoría de dogma de fe. Este proyecto de manipulación deja claro lo que está ocurriendo y descorre el velo de la trama de destrucción programada. No apagan los incendios porque el plan es el exterminio. Necesitan los montes, los pueblos, los olivos y encinares, los trigales y las huertas de naranjos para sus plantas fotovoltaicas y parques eólicos. Quieren naturaleza muerta. ¡Y la consiguen sin demasiado trabajo! Como también logran que muchos habitantes que habían decidido ser más libres, optando por vivir en parajes más naturales, fuera de las grandes urbes, se sientan inseguros y retornen. Esta es otra de sus estrategias, pero no lo conseguirán. Si nos queman los árboles, volveremos a plantarlos.
España, de la mano de Pedro Sánchez, aporta a estos planes climáticos muchos millones que deberían ser invertidos en problemas reales de infraestructuras, sanidad e instituciones, como la Guardia Civil y la Policía, cuyos agentes están completamente desprotegidos en las fronteras, a merced de los invasores, los narcotraficantes y la gente del hampa en general, además de tener unas dietas tercermundistas.
Pedro Sánchez y su equipo, tanto ministros y directores generales y demás cargos, así como los presidentes socialistas de Comunidades Autónomas son culpables de todo esto y deberán pagarlo. Sus votantes también son cómplices.
No sé qué nos traerá septiembre, cómo avanzarán las investigaciones, las imputaciones, las comparecencias en los juzgados y las condenas a tanto impresentable corrupto que se siente inmune e impune. Una cosa sí está clara: mientras España se quema y es invadida por una frontera no defendida, Pedro Sánchez continúa en su retiro de La Mareta ampliando y reforzando su cloaca para seguir delinquiendo.

