Por Alex Díaz
La tecnodictadura de los pastores alubios de la Agenda 2030 en España avanza como un cohete. No es que sean tontos y se carguen los terrenos de cultivo para «plantar» placas solares chinas, o que se dediquen a incendiar los bosques para después instalar parques eólicos o centros de datos.
Para convencer a la burocracia y a los políticos españoles, primero se les soborna y después se los engorda como a cerdos. El objetivo real no es enriquecer a los políticos de la Agenda 2030; el principal objetivo es reducir la población, como decía el texto grabado en las satánicas Piedras de Georgia: «Para el perfecto equilibrio del hombre con la naturaleza han de quedar solo 500 millones de goyims», ya que, para los alubios, no somos humanos: somos peor que animales.
Otra frase de estas piedras es el mandamiento n.º 7, que dice así: «No habrá leyes injustas ni funcionarios gentiles inútiles». Serán los últimos en caer, pero caerán!!!
Y los funcionarios españoles se están cubriendo de gloria desde 1978, pero, sobre todo, desde la época de la «plandemia», en 2020. Coaccionaron, nos encerraron, nos arruinaron y obligaron, mediante engaños, a una gran mayoría a inyectarse los brebajes covidicios. El resultado, el aumento de muertes súbitas, turbo cánceres, miocarditis, etc.
Ahora esta chusma traidora —sí, chusma mercenaria al servicio del crimen internacional representado, por la ONU o el NOM/NWO— se ha quitado la careta. Y comete tropelías como, la inacción de los militares de la UME, que han quedado bien retratados durante las riadas de Valencia o, ahora, en los incendios: echando a los vecinos de las aldeas para después marcharse ellos también y dejar que se quemen las aldeas.
Estos días salen noticias, por ejemplo, de la sierra de Madrid: funcionarios del Seprona multando y echando de los ríos a madrileños a los que se les ocurre salir de su campo de concentración —llamado, por ahora, ZBE— y bañarse donde lo han hecho ellos y sus antepasados durante cientos de años. En vídeos publicados se ve a una funcionaria uniformada, como si fuera una presentadora del telediario, afirmar que los ríos están protegidos por la Red Natura, que estas personas contaminan el río, que son ciudadanos desobedientes y que tienen que ser multados.
Vamos, que los madrileños solo pueden bañarse en las pocilgas municipales, rodeados en esas piscinas de sarracenos y moros orinando de forma halal: «son sus costumbres» y hay que respetarlas. Y, si te quieres bañar, tienes que disfrutar de los orines multiculturales impuestos por la puñetera agenda de los cojones.
Pero no piensen que esto solo les toca a los madrileños. En el Finisterre español también nos toca, concretamente en Galicia. Voy a hablar de una isla situada en Pontevedra: la isla de Ons, perteneciente al Parque Nacional de las Islas Atlánticas. Ons es una de las últimas islas habitadas del noroeste español. La intención del Ayuntamiento de Bueu y de la Xunta de Galicia sería terminar expulsando a sus moradores. Para tal fin, denuncian que llevan años haciéndoles la vida imposible. Ahora les han prohibido celebrar unas fiestas patronales que llevan celebrándose desde hace más de 200 años.
El motivo que alega el Ayuntamiento de Bueu para prohibir las fiestas patronales es el uso de equipos de sonido. ¡MANDA HUEVOS! Lo más ridículo es pensar que un pequeño equipo de sonido transportado en un barco pueda matar a las gaviotas de la isla. Como ya escribí en mi último artículo, los ayuntamientos son la primera línea del enemigo y los que se encargan de aplicar la Agenda 2030: deben cerrarse y tirar la llave al mar.
Los concejales y funcionarios de este ayunta-miento son monos con pistola al servicio de intereses espurios y criminales y, aun por encima, les estamos pagando con los impuestos más altos y criminales de la historia.
Indico a continuación lo que dice uno de los vecinos de la isla:
“la verbena lleva celebrándose durante décadas y que nunca se había planteado este impedimento. “La fiesta lleva celebrándose 200 años y no se murió ninguna gaviota por ello”, señala Pérez, que recuerda que el Plan de Usos establece el respeto a la vida isleña y sus tradiciones. El año pasado tampoco pudieron celebrar la verbena, aunque en aquella ocasión el motivo fueron las obras de mejora de la carretera de Curro, que
hacían peligroso el desarrollo del evento. Para este año, los vecinos esperaban recuperar una celebración que, según explican, se limita a un grupo de tres o cuatro personas tocando durante unas dos horas para los habitantes de la isla. La presidenta de la asociación considera además que, si el objetivo es preservar Ons, debería revisarse el modelo de gestión del Parque. “Si lo que quieren preservar es Ons, deberían plantearse dejar entrar a 1.800 personas al día, apunta”.

