Por Alfonso de la Vega
La Asunción es una importante fiesta católica inicio del declive estival que su imagen en el firmamento celeste se encuentra en la constelación de Virgo, que ya aparece en primavera y cuya estrella alfa es Spica, la Espiga. Anterior al Cristianismo, su nombre se relacionaría con Ceres, la madre de Proserpina o Perséfone y la espiga con los misterios de Eleusis, los más importantes, civilizadores y sugestivos de la Antigüedad. Junto a ella se puede admirar la Cabellera de Berenice, que otrora se consideraba como el racimo de espigas que coronaba a Ceres o Virgo. En el cielo estrellado aparece al lado de la constelación de El León, quizás en alusión al famoso león de Nemea, vencido por Hércules. Otra de sus estrellas, la epsilón, se llama Vindemiatrix o la Vendimiadora, y se la relaciona con la vendimia, época en que se vuelve invisible.

Tanto en los misterios cristianos como en los eleusinos más allá de los aspectos históricos respectivos cabe observar el arquetipo de la madre que salva a su hija Proserpina o a sus “hijos”.
En las etapas iniciales del Cristianismo tuvo importancia el movimiento gnóstico que no deja de mostrar algunas similitudes con el actual sinodal disolvente que pone en entredicho la propia tradición católica. En el Evangelio de Felipe se achaca el nacimiento de Jesús a la unión de dos poderes divinos, el Padre de Todo o celestial con el Espíritu Santo, la Virgen. La diferencia con el Catolicismo es notable, María es madre de Dios, pero no es divina per se, no es Dios Madre.
En el oficio católico del día 15 de agosto se explica que: “Poscomunión, hechos participantes de la mesa celestial, imploramos vuestra clemencia, oh Dios y Señor nuestro, para que los que reverenciamos la Asunción de la Madre de Dios, seamos libertados por su intercesión de todos los males que nos amenazan. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.” Sin embargo, Tucho Fernández el cardenal pornógrafo argentino ha puesto de moda la polémica sobre María corredentora y ha vuelto a montar un lío con su Mater populi fidelis, es de suponer que autorizada por el propio Preboste. Y con gran disgusto de muchos fieles, sobre todo los amantes de la tradición. Por ejemplo, el obispo Schneider, advierte que podría implicar una desautorización total de títulos venerados por siglos, la intuición de fe del pueblo cristiano, que durante generaciones ha venerado a la Virgen como Corredentora y Mediadora. El papa León XIII llamaba a la Virgen “cooperadora en la obra de la redención y dispensadora de las gracias que de ella fluyen. Es fundamental el papel del arquetipo femenino en la Historia de las religiones y en la propia psicología humana. No solo en el Cristianismo, en otras importantes confesiones religiosas de la Humanidad como el Budismo Mahayana también existen seres espirituales protectores o mediadores como María.
En general, la vía mística busca la unión personal con la divinidad, realizada como proceso individual relegando el aspecto comunitario o de pertenencia a un grupo religioso con su correspondiente teología o formas de entender lo numinoso. En la gnosis había una especie de iniciación con su don carismático de la inspiración por la que se liberaba del poder del demiurgo y de la autoridad de un obispo como en la ortodoxia eclesiástica. En cierto modo suponía superar la idea de que política y religión fuesen inseparables. No obstante, los seguidores del gnóstico egipcio Valentín se referían a ella como la madre y pedían su protección. Y es que surge un aspecto muy interesante que se muestra claramente en el estudio comparado de los sistemas religiosos, la necesidad psicológica de pedir auxilio y protección a un ente espiritual, bien sea la Virgen, a Boddhisattva o a los antepasados y lares.
Existe una dicotomía entre la evolución espiritual propia de cada alma individual en función de sus propios méritos y esfuerzos, o bien por la esperanza puesta en un Salvador, o Mesias, o Boddhisattva, Señor o Buda de la Compasión, capaz de rescatar al devoto del marasmo en que se encuentre. En efecto, la vía de la devoción a una figura salvífica, mediadora o benefactora exterior, Jesús, la Virgen, Avalokitesvara, Kuan Yin, frente al trabajo sobre la propia alma inspirado en un método de evolución espiritual. Es hermosamente reveladora la concepción dentro de la iconología budista tradicional de que la figura de Gautama Buda se va feminizando a medida que avanza en su evolución espiritual. La figura de Kuan Yin bien pudiera confundirse con la iconología de María.

Budismo es un término que no deja de ser equívoco porque puede incluir diferentes concepciones espirituales, metafísicas e incluso mágicas. Entre ellas, un método práctico de desarrollo espiritual. Siddartha Gautama, Buda, fue un personaje histórico más o menos adornado de leyenda que sostenía que el hombre puede contribuir a acabar con el sufrimiento y alcanzar la iluminación por sus propios medios. Buda no se consideraba un Dios ni tampoco un profeta monoteísta. Tras muchos años de meditación Buda llega a una serie de conclusiones que expresa de modo oral. Es la doctrina del sendero medio: ni vida consagrada a la sensualidad o los placeres, ni tampoco a la ascesis mortificadora. La doctrina más escueta, racionalista y experimental de los orígenes del budismo se fue diluyendo o modificando en ocasiones cuando asimilaba creencias locales. De modo que hubo un proceso histórico de adaptación y asimilación. Para los racionalistas era una filosofía positivista y a la vez un código moral basado en el autodominio, la bondad y la clarividencia. Para los devotos era una fidelidad, un sentido emocional de pertenencia, una fe o devoción. De tal manera que de aristocrático, en el genuino sentido del mérito y la Virtud pero no del linaje, sin necesidad de un clero o casta sacerdotal porque su ámbito era cada individuo, se fue trasformando en popular, con un creciente papel de un clero intermediario. Lo que daría lugar a panteones más o menos barrocos, teologías complejas y devociones inspiradas o gestionadas por ese clero. La dicotomía entre el Hinayana y su visión del arhat o el Mahayana de teología más complicada, incluso barroca y su concepción devocional hacia figuras salvadoras. Una evolución similar se ha dado en el Cristianismo y se puede observar en la propia arquitectura e iconología sagradas.
Es humano añorar la contundente intervención de esos protectores o del propio arquetipo femenino de amor y compasión. El arquetipo femenino como mediador y protección tiene un profundo componente psicológico. Por eso no sólo es coherente sino es tarea imprescindible para la actual devastación de la civilización arruinar el arquetipo femenino. El doctor Jung nos previene contra las pestes psíquicas que asolan el mundo lo que explicaría muchos de los males del abominable proceso WOKE que nos quieren imponer mediante el cual se degrada la condición femenina.
Pero, ¿Qué hacer? ¿La búsqueda espiritual individual, el esfuerzo por desarrollar el Ser o la vía devocional de María o del Boddhisattva? Ambas visiones no son incompatibles. Pero para muchas personas la vía de la devoción es menos difícil, En todo caso, el papel del arquetipo femenino es fundamental. Pero, por lo que vemos, la Iglesia Católica actual se encontraría en decadencia en su afán de parecer WOKE y no querer molestar a otros.

