Por Alfonso de la Vega
No sé si ya se puede hacer un primer balance siquiera provisional de la Furia épica cuyo inicio perpetrase a traición con nocturnidad y alevosía la llamada coalición Epstein. Por su parte el canciller alemán Merz sí lo ha hecho pues acaba de sostener que “una nación entera está siendo humillada por el liderazgo iraní en este momento”. No dispongo de la información privilegiada del dirigente alemán pero entiendo que cuando lo afirma con tanta contundencia tendrá razones que no llegan al observador normal.
La más grandiosa potencia imperial que vieron los siglos que actúa a las órdenes de otra que se esconde cobardemente, estaría siendo humillada nada más y nada menos que por un país retratado despectivamente como atrasado, tercermundista, sometido a injustos embargos y represalias que le debieran convertir en poco menos que en paria zarrapastroso. Sobre todo comparado con las glorias imperiales de los presuntos pueblos elegidos, tan orgullosos y prepotentes pero que pese a su cobarde violencia desatada contra objetivos civiles en la comisión de auténticos crímenes de guerra estarían haciendo el ridículo más espantoso.
Portaaviones en llamas o puestos en jaque que huyen de la zona caliente a lugares más seguros, prestigiosos aviones derribados, rádares desmantelados y bases militares destruidas, misiles casi agotados, en una lid muy asimétrica desde el punto de vista de los costes, miles de millones de dólares saqueados al contribuyente que no deseaba esta agresión ilegal e ilegítima sin ni siquiera la autorización del Congreso.
Nos encontramos a las puertas de un gran desastre para la humanidad que puede provocar hambrunas y toda clase de calamidades si el cierre de Ormuz termina rompiendo la logística de la energía y el comercio de mercancías.
Creo que viene al pelo la aseveración de Fred Cottrell en su obra Energía y Sociedad: “La cantidad y tipo de la energía utilizada condiciona la manera de vivir del hombre en lo material y establece ciertos límites previsibles en lo que es capaz de realizar y en la forma en que habrá de organizarse la sociedad.” (1958). Fred Cottrell es uno de los lúcidos autores que ya a mediados del siglo XX nos advertía de las relaciones existentes entre la energía, el cambio social y el desarrollo económico.
Sin embargo, muchos mantienen una ilusión, la superstición de que la sociedad humana es algo meramente cultural que no depende de la naturaleza. La propia Teoría económica que se enseña en las facultades suele moverse en el mundo abstracto de los conceptos y los modelos matemáticos y a veces no tiene en cuenta de modo suficiente la realidad física del territorio en que se asienta su actividad.
Uno de los mantras de los demagogos políticamente correctos actuales es la superstición esa de la “sostenibilidad”. Ha habido épocas en la historia de la Humanidad en que las civilizaciones eran más o menos sostenibles, no ya en lo político, social o ideológico, sino en lo que a la utilización de recursos naturales: agrarios, forestales, pesqueros, navales, mineros etc. se refiere. La clave era que los recursos renovables representaban la parte fundamental, casi única, de su presupuesto energético, basado fundamentalmente en la fotosíntesis no asistida por energía fósil, y, luego, en un convertidor energético tan eficiente como la vela, que sustituyó al remo en la navegación facilitando los descubrimientos y el comercio.
A diferencia de cuando la Economía era una rama de la Moral que regulaba determinadas relaciones humanas, uno de esos cambios importantes es el de la emancipación metodológica y conceptual del llamado “sistema económico” como algo abstracto, neutro, basado en modelos matemáticos desligados del medio físico en que tenía su asiento. De tal modo que el “sistema económico” se convirtió en algo autónomo, creador y satisfaciente de nuevas necesidades, cada vez más artificiales o separadas de la estricta supervivencia, que empleaba unidades monetarias en lugar de unidades físicas y que era servido por una nueva y abstrusa casta sacerdotal o chamánica: los economistas. El concepto de escasez también se convierte en algo artificial, relativo, desligado de las unidades físicas. Pero cuando se rompe el suministro y no hay oferta disponible la cuestión pasa de ser de precios para convertirse en subsistencia vital. No deja de llamar la atención la aparente frivolidad con la que las Bolsas parecen estar tratando esta catástrofe que pudiera terminar dando lugar a otro crack como en la Gran Depresión de hace casi un siglo.
Sin embargo, hay más problemas: también se puede producir una importante crisis puede que terminal del petrodólar, si las monarquías satélites del Golfo terminan divorciándose de EEUU, al constatar que su relación les perjudica más que ayuda, con las consecuencias financieras adicionales que ello pueda producir. El prestigio norteamericano y judío están quedando maltrechos con el riesgo profundamente inquietante que recurran al último argumento del matón incompetente, la violencia extrema en forma de ataque atómico. Lo que tendría consecuencias devastadoras no solo para Irán sino para toda la región.
Algunos investigadores se preguntan el porqué Irán mantiene un alto el fuego que parece beneficiar a su enemigo. Es posible que lo anterior sea la respuesta pero el problema es que Israel no quiere la paz que para eso ha iniciado esta infame guerra.
Expertos militares de EEUU intentan analizar las causas de este desastre. Se platean tenga mucho que ver con la forma de entender la defensa nacional. En un caso es un pueblo que se siente radicalmente amenazado y durante tiempo se prepara y establece unas redes que van más allá de lo estrictamente militar oficial. Un pueblo que no cobardemente rehúye la pelea, ni incluso de algún modo incluso hasta el martirio, puesto que tal conducta se inspira en la de Husein el héroe del chiismo. Era el segundo hijo de Ali y nieto de Mahoma y fue asesinado el año 680 en Karbala, Irak, como casi todo el resto de su familia.
La organización militar iraní se ha mostrado difícil de descabezar pues se basaría en un mando militar descentralizado sin perjuicio de su componente jerárquico. La fuerza de la voluntad de la nación contra los beneficios de los negocios de las apátridas y corruptas corporaciones armamentísticas y financieras del mercado de la muerte que hay detrás. En cierto modo, las fuerzas devastadoras de la globalización contra una nación que no parece renunciar a defenderse para sobrevivir como tal y no disuelta en un magma de intereses contra la gente. También tal diversa naturaleza se muestra en que se trata de una guerra asimétrica que se puedan permitir fruto de una doctrina militar de defensa, no de agresión ni de negocios sucios más o menos al servicio de desmesuradas ambiciones imperialistas. También ha debido pesar la engañosa sensación de superioridad e invulnerabilidad no exenta del racismo propio del supremacismo anglosionista.
Es pronto para establecer un balance pero cabe intuir que las cosas ya no van a volver a ser como antes: Pérdida de influencia en Oriente Medio, calamidades económicas que está produciendo o su deterioro en el liderazgo global, sea realidad o no lo de la «humillación» basta con que tal sea la sensación en la conciencia de los pueblos.

