jueves, abril 23, 2026
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Un año después

Por Alfonso de la Vega

Se cumple el primer aniversario de la defunción del demagogo jesuita argentino beneficiario del golpe palaciego de la mafia de San Galo contra Benedicto XVI. Un turbio personaje «mil razas», relacionado con Lucio Geli venerable de la Logia P2, íntimo de Emilio Massera, el siniestro almirante de la dictadura miliar argentina, presunto delator de sus antiguos jefes los jesuitas Yorio y Jalics, intrigante peronista reconvertido al zurdismo WOKE, indigenista pachamamanero, enemigo declarado de la Hispanidad y su obra evangelizadora, exquisito ecologista envuelto en papel de celofán, nuevo impostado San Dimas, patrono de dictadores, ladrones y titiriteros, narcisista, mal educado de mañas trumpianas, pero sobre todo devastador de la Tradición católica.

Recuerdo que cuando se produjo la fumata blanca de marras estaba en Siracusa, la hermosa ciudad siciliana antigua rival de Atenas. El anuncio de la elección del polémico jesuita fue recibido con cierta sorpresa y enseguida con alegría entre los isleños porque el tal Bergoglio aunque nacido en Argentina tenía ascendencia italiana. Confieso que entonces no pensaba que nos encontrábamos ante un auténtico golpe de Estado, a semejanza de otros similares contemporáneos perpetrados por el deep state y sus instrumentos. El sistema va colocando con precisión maquiavélica sus peones a la cabeza de las diferentes instituciones para desnaturalizarlas o vaciarlas de contenido. Pero no creía que también pudiera suceder en una institución como la Iglesia, ni que pudiera hacer tanto daño, aunque, mirado con suficiente perspectiva, quizás sólo sea el fatal corolario de los excesos y demasías del Concilio Vaticano II.

No deja de ser curiosa e ilustrativa una cuestión estética más allá de la anécdota. En Siracusa se puede apreciar muy bien la evolución de las creencias religiosas en el Mediterráneo y su repercusión en el Arte sagrado. Su catedral reutiliza para el Cristianismo el antiguo templo de Atenea en su acrópolis aprovechando el templo dórico pagano. Los templos de la antigüedad clásica eran la morada del dios o de la diosa en cuyo honor se habían erigido. Tales el famoso templo de Poseidón o Neptuno en Sunion, el de Atenea Parthenos en la Acrópolis de Atenas o en la de Siracusa, el de Apolo en Delfos, el de Diana en Éfeso o el de Zeus en Olimpia. Su orientación habitual era Oeste- Este. A veces estos templos paganos también han sido reciclados o transformados por el Cristianismo: así, el grandioso templo dedicado a Atenea en Siracusa, rival del de la Acrópolis en Atenas, fue reconvertido como en una especie de palimpsesto de piedra en pintoresca catedral barroca. Con resultado más bien lamentable desde el punto de vista estético, todo hay que decirlo. 

En esta marcha retrógrada de la bandería bergogliana hacia la pax judaica no sé cómo serán los futuros templos de la emergente religión bergogliana, ni si será el petrodólar, hoy en desgracia, la divinidad que morará en ellos aunque cabe suponer que el modelo arquitectónico sea la bolsa de Wall Street con su icónico toro mitraico. O quizás de modo más coherente con la labor del susodicho, el de la sinagoga.

Algunos autores se han venido ocupando en resumir algunas de las principales características de esta negra etapa en la historia de la Iglesia Católica.  Un documentado estudio de casi dos mil páginas titulado Dezinger Bergoglio realizado por varios sacerdotes confronta las innovaciones del sectario argentino con la doctrina tradicional. Así, por ejemplo, la confusión doctrinal según la ocurrencia de cada momento, la casi desaparición del concepto de pecado, el menoscabo de los sacramentos, cierto menosprecio hacia las propias instituciones católicas, una peculiar selección de obispos, algunos dignos de toda sospecha. Sus indeseables amigos ofrecen más pistas de su condición. Pero acaso lo más grave desde el punto de vista práctico haya sido subordinar no solo la institución sino y también el propio Cristianismo a los intereses globalistas promovidos por la plutocracia sionista: Religión calentológica, nueva doctrina sexual, vacunas como nuevo pío sacramento filantrópico horizontal, cese provisional de la Eucaristía, bendición de invasiones descontroladas que ponen en peligro la continuidad cristiana de la sociedades receptoras…

Por desgracia, tras su muerte, salvo el actual rifirrafe papal con el emperador, no se observa una reacción suficiente para intentar desandar lo andado por camino equivocado. En efecto, la histéresis provocada por el fenómeno Bergoglio no sabemos cuánto puede durar: ¿la mojadura pasajera de una fuerte tormenta de verano o una larga gota fría de consecuencias devastadoras?

Contra el pesimismo de la inteligencia el optimismo de la voluntad. O la promesa evangélica de continuidad pese a todo. Pero humor que no falte para sobrellevarlo. Por su actualidad cabe traer aquí el famoso apólogo del judío converso que cuenta Boccaccio en el Decamerón.

El judío Abraham vive en París y tiene un amigo cristiano, Giannotto,  que insiste constantemente en que se convierta al cristianismo para salvar su alma. De modo que Abraham decide comprobar la realidad de la religión cristiana visitando Roma, el centro oficial del catolicismo, para observar el comportamiento del papa y demás altas autoridades eclesiásticas. Giannotto teme que Abraham, al ver la corrupción y los vicios de los clérigos, decida no convertirse. Tras observar que en Roma los clérigos actúan con impiedad, lujuria y avaricia, Abraham regresa a París convencido de que el cristianismo debe ser una religión falsa, ya que sus líderes parecen trabajar para destruirla en lugar de promoverla. Sin embargo a pesar de todo, Abraham se convierte al cristianismo por una sutil paradoja: concluye que, si la religión cristiana se mantiene o prospera a pesar de la maldad de sus líderes, debe ser porque el Espíritu Santo la sostiene ¡Sin duda tiene un componente sobrenatural!

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