El presentador Joaquín Prat ha desatado una fuerte polémica tras confesar en directo, en el programa El tiempo justo de Telecinco, que se arrepiente de haberse vacvnad0 contra la covidicia. El comentario llegó durante una conversación con el entrenador Javi Poves, conocido por sus valientes posiciones sobre la farsemia.
“A toro pasado, es verdad que me arrepiento de haberme vacunado”, afirmó Prat, aunque matizó inmediatamente que eso no significaba negar la existencia de la covidicia ni su letalidad en algunos casos. La declaración ha provocado una inmediata reacción en los medios, con críticas generalizadas hacia el comunicador (aunque seguro que muchos de esos periodistas también se arrepienten pero no se atreven a decirlo públicamente). En las redes ha habido quien también lo ha criticado, pero por haber tenido un cambio de postura tan tardío.
Pero lo que nos ha enfadado especialmente es el recuerdo de la campaña institucional lanzada en abril de 2021 por la Comunidad de Madrid, presidida por Isabel Díaz Ayuso. En aquel siniestro y macabro vídeo, varios rostros conocidos aparecían animando a la población a vacunarse con mensajes claros y directos: “No hay que tener miedo, hay que vacunarse”, “las vacunas son seguras e imprescindibles”.
Entre los participantes del show temerario figuraban, además de Joaquín Prat: Ana Rosa Quintana, Susana Griso, Belén Esteban, Carmen Lomana, Enrique Cerezo, Fabiola Martínez (exmujer de Bertín Osborne), El Brujo, Antonio Resienes y otros personajes del mundo del periodismo, la televisión y el deporte. La campaña, financiada con dinero público, buscaba, a través de estos participantes sin escrúpulos, reducir el miedo y aumentar la confianza en los brebajes en plena «tercera ola» de la farsemia.
Tras su confesión, los medios más alineados con la narrativa oficial durante la pandemia (el 99 %) se han lanzado contra Prat. Algunos lo acusan de irresponsabilidad, de dar pábulo a teorías negacionistas o de contradecirse con su anterior defensa de los brebajes. Algunos perfiles en redes, en cambio, ven en su declaración un síntoma más de la fatiga social acumulada tras años de restricciones, pasaportes y mensajes unidireccionales.
Prat no es el primer rostro conocido que manifiesta arrepentimiento. Sin embargo, su caso destaca por haber formado parte activa de aquella temeraria campaña publicitaria institucional.
Muchos ciudadanos que sufrieron multas, pérdidas de empleo, cierre de negocios o presión social por dudar del experimento o por cuestionar su necesidad universal, ven ahora con cierta justicia poética cómo algunos de los que entonces marcaban el paso público reconocen, años después, sus dudas.
Los brebajes se vendieron como una solución milagrosa, segura, prácticamente sin riesgos ni limitaciones temporales, y la presión mediática y política fue brutal. El balance final — daños colaterales, exceso de mortalidad y pérdida absoluta de la confianza en las instituciones— aún está por cerrarse.
Joaquín Prat ha hablado con la boca pequeña. Ahora, que asuma las críticas de sus palabras y que los que entonces vendieron «certezas absolutas» también reflexionen sobre el papel que jugaron en aquel momento ya que fueron colaboradores necesarios o cómplices del engaño. Como dice el refrán: con su pan se lo coman.
(Por Lourdes Martino)

