Por Alfonso de la Vega
Dejando aquí de lado los graves aspectos escatológicos y metafísicos más allá del momento decidido para perpetrarla en lo que pudiera haber influido un posible chantaje hacia Trump por el caso Epstein, la agresión contra Irán estaba contemplada en la famosa Doctrina Brzezinski, tan influyente en la política de EEUU. Tras el colapso de la URSS, el siniestro polaco fiel a su innata rusofobia, proponía un plan en cinco etapas para establecer y mantener la hegemonía global estadounidense.
La primera etapa consistiría en dividir el mundo ruso tradicional histórico instalando a corruptos títeres sionistas en el poder en Ucrania y convirtiéndola en un estado antirruso. La segunda etapa sería separar a Europa de Rusia. Luego, organizar un golpe de Estado en Moscú utilizando a la oligarquía consumista para instaurar un régimen títere pro americano. Después, destruir Irán. La etapa final sería aislar a China imponiéndole un embargo comercial, con el objetivo de provocar una hambruna masiva. Según la visión actualizada del subsecretario de guerra Elbridge Colby, no se trataría de luchar militarmente contra China sino de cerrarle el acceso a la energía y a las materias primeras necesarias para su desarrollo. Repetir lo que ya hiciesen con Japón.
Pero las consecuencias no estarían siendo las esperadas. Es verdad que la corrupta UE está en absoluta decadencia y se ve inmersa en una crisis socioeconómica casi irreversible y ahora sus prostituidos títeres nos preparan satánicamente una guerra generalizada devastadora. Pero la amenaza del acoso a Rusia antes de la guerra paradójicamente fortaleció la unidad rusa alejando la posibilidad de un golpe interno y reorientando las relaciones exteriores de Rusia de Occidente a Oriente. Y también estaría fortaleciendo a China, pese a haber tenido un intento golpe de Estado que ha provocado la destitución de su cúpula militar. Incluso Irán, pese a sufrir graves daños, ha descubierto su gran capacidad de influir en la geoestrategia internacional gracias al control del estrecho de Ormuz.
Las consecuencias para EEUU tampoco son buenas. Temen en primer lugar, el colapso de la Pax Americana. Esto ya se evidencia en la falta de solidaridad con Estados Unidos en esta lamentable aventura bélica por parte de la mayoría de los socios de la OTAN, lo que no ocurrió en las anteriores. El posible estallido de las burbujas financieras del dólar debido al fuerte aumento de los precios del petróleo y el gas. O el colapso del sistema financiero basado en el dólar y la transición de varios países líderes a liquidaciones en otras monedas. China ya ha lanzado el yuan digital para liquidaciones internacionales, realizando sus primeras transacciones con los países del Golfo Pérsico.

Conviene intentar observar qué pasa en las retaguardias de los países directamente afectados, incluidos también Rusia y Ucrania, porque recurrir a la fuerza militar para lograr objetivos debe tener en cuenta que una guerra puede ser fácil de empezar, pero difícil de terminar. Las sociedades sufren y no hay que descartar del todo la posibilidad de golpes de Estado.
Dada la incertidumbre actual entre los escenarios posibles se encontraría una grave devastación ecológica sin precedentes en la región del Golfo. Tampoco hay que descartar que Irán pueda infringir daños inaceptables a Israel tras su retirada de la guerra. Esto desencadenaría una avalancha de movimientos anti sionistas en la región, poniendo en entredicho incluso su existencia. Y acaso impulsaría planes para crear una autonomía judía en Ucrania, al cabo patria original de los jázaros, con las gentes que huyesen de Israel.
Pero el tiempo pasa y ambas guerras se enquistan. Al parecer, una parte creciente de la opinión rusa, por ejemplo se muestra los escritos del influyente geopolítico Karaganov, se estaría cansando de la excesiva «parsimonia», si vale la expresión, con la que Putin estaría conduciendo su “Operación Militar Especial” de modo que el presidente ruso estaría empezando a rectificar de entender así su último discurso con motivo del tradicional desfile de la Victoria en la Gran Guerra Patria. Para colmo, los imprudentes o provocadores ataques del sionista Zelensky a la infraestructura energética rusa han despertado las alarmas sobre lo que les pudiera ocurrir si la UE reforzara su arsenal de drones aumentando la vulnerabilidad de Rusia y ya empiezan a exigirse represalias contundentes, lo que pudiera llevar a una creciente escalada o al ataque preventivo.

La situación de EEUU con enormes críticas a Trump tampoco es muy boyante, A confesión de parte: nada menos que Robert Kagan, el halcón judío marido de Victoria Nuland la belicista autora del famoso «qué se joda la UE», acaba de publicar un contundente artículo en The Atlantic, con el título de Jaque mate en Irán. Washington no puede revertir ni controlar las consecuencias de perder esta guerra. Es interesante recuperar aquí algunos párrafos:
“Resulta difícil imaginar una época en la que Estados Unidos sufriera una derrota total en un conflicto, un revés tan decisivo que la pérdida estratégica no pudiera repararse ni ignorarse. …La derrota en el actual enfrentamiento con Irán tendrá una naturaleza completamente distinta (a las anteriores sufridas). No podrá repararse ni ignorarse. No habrá retorno al statu quo anterior, ni un triunfo estadounidense definitivo que deshaga o supere el daño causado. El estrecho de Ormuz no estará «abierto», como lo estuvo antaño. Con el control del estrecho, Irán emerge como actor clave en la región y uno de los actores clave en el mundo. El papel de China y Rusia, como aliados de Irán, se fortalece; el de Estados Unidos, se ve sustancialmente disminuido. Lejos de demostrar la destreza estadounidense, como han afirmado repetidamente los partidarios de la guerra, el conflicto ha revelado una América poco fiable e incapaz de terminar lo que empezó. Esto desencadenará una reacción en cadena en todo el mundo a medida que amigos y enemigos se adapten al fracaso de Estados Unidos.”
Nos encontramos ante una situación mundial crecientemente peligrosa. La pérdida de soberanía y de neutralidad de España nos obliga a estar las duras pero no a las maduras.
En su informe sobre Putin y la nueva doctrina del nuevo hombre ruso Karaganov afirmaba que: “Nuestro camino está decididamente orientado hacia el futuro, pero sus raíces se hunden en nuestra historia y nuestra cultura. Necesitamos una guía, una estrella común que seguir juntos, al unísono. Necesitamos una ideología capaz de impulsarnos hacia adelante, respaldada por el Estado y arraigada en las mentes gracias a la instrucción y la educación. Sin ser objeto de una orden o una obligación, esta concepción debe proponerse e imponerse a través de los libros de texto, los debates, las imágenes, la literatura y el arte. Sin una concepción compartida, la extinción y la degradación del pueblo y del país son inevitables.”
Dado que nuestros dasein respectivos no dejan de tener similitudes en cuanto antiguos estado civilización víctimas de la leyenda negra anglojudía sería bueno que también nos fuéramos aplicando el cuento. Rusia tiene el coraje, la dignidad y la vocación espiritual para resistir lo que estamos enfrentando en Occidente. Nosotros, entretenidos con la corrupción galopante del reino, olvidamos los riesgos en los que estamos metidos. Los intereses creados anestesian y embrutecen a la ciudad alegre y confiada, pero el despertar pudiera ser brusco, terrible y catastrófico.

