El doctor Robert W. Malone, médico, científico y bioquímico estadounidense, conocido en su día por su rol en el desarrollo de la tecnología de ARNm y después por sus críticas a la gestión de la farsemia covidicia, ha publicado este lunes un nuevo e interesante ensayo en su plataforma Malone News titulado ‘Hantavirus and Psychological Bioterrorism’ (Hantavirus y bioterrorismo psicológico). «El miedo es una de las drogas más poderosas jamás inventadas»
Malone lo presenta en sus redes citando cuatro condiciones que, cuando se presentan juntas, hacen que una población sea inusualmente fácil de manipular:
“- Velocidad. La información se mueve más rápido de lo que las personas pueden procesarla.
– Vulnerabilidad. La amenaza es invisible y se siente fuera del control personal.
– Confusión. Las autoridades emiten directrices contradictorias y cambiantes.
– Presión social. El cumplimiento se convierte en un marcador de pertenencia al grupo.”
Pero este marco no es nuevo, advierte. «Proviene del doctor Alexander Kouzminov, ex oficial del Servicio de Inteligencia Exterior soviético-ruso, quien lo describió en una entrevista de 2017 como “bioterrorismo de información”. Malone lo ha ampliado como “bioterrorismo psicológico”: la instrumentalización del miedo a las enfermedades con fines políticos, financieros o burocráticos.»
Según Malone, el miedo es “una de las drogas más potentes jamás inventadas”. No requiere aprobación regulatoria, ni cadena de frío, ni infraestructura compleja: se propaga solo con titulares alarmistas, «expertos» en televisión y música ominosa. El objetivo no siempre es el patógeno en sí, sino la reacción emocional que genera y cómo se puede aprovechar para controlar comportamientos, mercados y políticas.
Malone asegura que las infecciones por hantavirus son extremadamente raras y critica la cobertura mediática que ha convertido el temita en una narrativa casi apocalíptica, como si barrer un granero fuera comparable a una escena de película de catástrofe «sin embargo, de repente, todos los medios de comunicación actúan como si limpiar el trastero o hurgar en el sótano fuera como protagonizar una película de Hollywood sobre un brote epidémico», «de repente, cualquier cobertizo polvoriento se convierte en una trampa mortal potencia».
El ensayo identifica un guion que se ha repetido en los últimos años (y que, según Malone, continuará):
- Surge un patógeno o amenaza.
- Los medios entran en modo apocalíptico.
- Aparecen modelos predictivos catastróficos.
- Se declaran emergencias.
- Se anuncian productos farmacéuticos.
- Las redes sociales amplifican el pánico.
Este ciclo se observó claramente durante la farsemia covidicia y reaparece en versiones más pequeñas con gripe aviar, sarampión, hantavirus u otros temas. La velocidad de la información moderna, la invisibilidad del enemigo, la confusión generada por directrices cambiantes y la presión social para “cumplir” como señal de virtud crean un terreno fértil para la manipulación.
El científico advierte que el lenguaje especulativo (“podría propagarse”, “tiene potencial pandémico”) se transforma en percepción de certeza en la mente del público. No se necesita fabricar mentiras completas: basta con amplificación selectiva, repetición y saturación emocional. «Y una vez que el miedo se arraiga socialmente, se retroalimenta. La gente busca constantemente señales de peligro. Cualquier tos se vuelve sospechosa. Cada noticia se percibe como urgente. Las redes sociales se convierten en enormes bucles de retroalimentación de ansiedad. Una persona asustada comparte información alarmante con otras diez, quienes a su vez la amplifican aún más…»
El autor no niega la existencia de enfermedades infecciosas ni la necesidad de vigilancia e higiene. Pero insiste en la proporcionalidad. Una sociedad en hipervigilancia permanente pierde la capacidad de distinguir emergencias reales de pánico fabricado. Esto genera agotamiento psicológico y deterioro del pensamiento crítico. Además, las supuestas emergencias sanitarias prolongadas pueden usarse para justificar mayor control, restricciones de libertades y beneficios para grandes corporaciones.
El desafío, concluye Malone, no es volverse temerarios, sino más difíciles de manipular: mantener la perspectiva, preguntar quién se beneficia del pánico, exigir evidencia y rechazar la normalización de la emergencia perpetua.
Recordamos la censura que sufrió en 2020
Como muchos otros investigadores e investigadores disidentes durante la farsemia, el doctor Malone fue censurado y eliminado de plataformas como Twitter (hoy X) bajo la gestión anterior de Jack Dorsey. Sus mensajes, que cuestionaban aspectos de la narrativa oficial y las políticas impuestas, no encajaban con la “versión única” que se promovía. Mensajes como el que aseguraba en 2021 que ponerse el brebaje eleva drásticamente la posibilidad de tener ataques cardíacos o que es perjudicial para los niños y pueden causar daños permanentes (algo que se ha comprobado que es cierto) fue suficiente para echarlo de las red social por «difundir información falsa». Hoy, con mayor apertura en la plataforma, sus análisis vuelven a estar disponibles para el público.
(Por Lourdes Martino)
Aquí el artículo completo: Hantavirus y bioterrorismo psicológico

