viernes, abril 17, 2026
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Peinado, Begoña y Tangentópolis

Por Alfonso de la Vega

Aún quedan jueces en España que cumplen sus juramentos en condiciones casi heroicas, que merecen todo nuestro reconocimiento y respeto e incluso admiración dadas las peligrosas circunstancias. No obstante, con carácter general cabe resaltar las diferencias del comportamiento de los jueces y fiscales respectivos entre el reino borbónico de España y la Italia republicana finisecular. Hagamos un ejercicio de recuerdo. Parecido al actual de la Monarquía española agravado aquí por el régimen autonómico,“ Tangentopoli”, es decir, «ciudad de los sobornos» o «ciudad de las mordidas», fue el nombre con el que se conocía el escándalo de corrupción sistémica reinante en Italia bajo la investigación judicial conocida como “Mani Pulite” o «Manos Limpias” revelando una red de corrupción, sobornos y financiación ilegal entre partidos políticos, empresas y administraciones públicas. Su resultado fue el colapso del sistema político de la posguerra y a la desintegración de los partidos tradicionales como la Democracia Cristiana y el Partido Socialista.

La trayectoria de la Italia rehabilitada política y moralmente por unos fiscales y jueces valientes y competentes, patriotas capaces de atender y cumplir sus juramentos muestra un camino que nos puede servir a nosotros ante la tremenda inoperancia cuando no complicidad pasiva del Jefe del Estado y otras instituciones del reino.

El juez Peinado por fin se ha decidido a dar por cerrada la instrucción del llamado caso Begoña, el de la feminista hija del potentado proxeneta de las famosas saunas felizmente casada con el excelentísimo presidente del gobierno socialista de la Corona. La suya ha sido una instrucción larga, demasiado, penosa, cargada de obstáculos que recuerda la tan azacaneada y torpeada del magnicidio de Prim u otras más recientes relacionadas con las hazañas heroicas del socialismo español. La tan esforzada del juez Marino Barbero, o la de la ejemplar juez Mercedes Alaya, sola ante el peligro de enfrentarse a toda la mafia socialista andaluza, que sufrieran presiones, escaramuzas y sabotajes desde el poder de la época. Tienen algo de trágico y heroico a la vez estas criaturas que intentan cumplir con su deber por imperativo de conciencia y dignidad personal o profesional y casi contra toda esperanza.

El juez imputa a la excelentísima  señora presidente consorte los delitos de malversación de caudales públicos, tráfico de influencias, corrupción en los negocios y apropiación indebida de marca. Peinado se inclina a que la juzgue un jurado, cosa que no se termina de entender bien. En efecto, es un secreto a voces en el mundo de la abogacía que si eres inocente es mejor que te juzgue un juez profesional  y si culpable, preferible un jurado popular por ser presuntamente más manipulable o bizcochable. Imagínese el lector lo que pudiera resultar de un jurado formado por especímenes como los Bolaños, Marisusis o charos zoquetes o fanatizados e inasequibles a la moral o a cualquier prueba o raciocinio.

No he hecho una encuesta, pero la tónica habitual entre las personas que he consultado es que tienen por seguro que al final no va pasar nada. No hay más que ver las recientes escaramuzas sobre la entrega del pasaporte saldadas con la impunidad más absoluta, Sí, los principales actores del régimen son impunes, al menos mientras no caigan en desgracia por no ser ya útiles a sus amos. Se buscará la forma de anular las actuaciones o si el tribunal no tragase o el juicio se torciera y hubiere condena, ya se verá. Siempre quedará el recurso a San Cándido nuevo sustituto de San Dimas como patrono protector de los ladrones. O  a Su Majestad don Felipe siempre tan filantrópico, caritativo y obediente.

Tal es el nivel actual de desconfianza popular en la justicia española que se administra en nombre del rey. Sin embargo, la prensa extranjera no habituada a nuestros usos y costumbres borbónicos valoran de modo más contundente lo sucedido comentando el escándalo en portada.

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