Por Alfonso de la Vega
“Grándola vila morena … Terra de fraternidades. O povo é quem máis ordena. Dentro de ti ó cidade…”
A las 0,20 horas de la madrugada del 25 de abril de 1974 suena la famosa canción en la radio que sirve de aviso para el levantamiento militar contra la dictadura portuguesa que entonces mantenía postrada económica, social, política y culturalmente a la nación. Las Fuerzas Armadas toman diferentes centros neurálgicos y al amanecer el golpe se ha consumado de modo irreversible.
La Agencia EFE lo anunciaba así: “Flash. Sublevación militar. Lisboa, 25. Esta madrugada se ha registrado en Lisboa una sublevación militar de de extensión y características hasta ahora desconocidas, según informa la agencia ANI. A Partir de las cuatro de la madrugada, la Emisora Radio Club Portugués comenzó a transmitir de quince en quince minutos un comunicado de una organización denominada “Movimiento de las Fuerzas Armadas” que recomienda no se ponga resistencia para evitar así un derramamiento de sangre.”
Otro 25 de abril no está de más dedicar unos momentos a reflexionar sobre las realizaciones del presente y las promesas de ese “Portugal y el futuro” o la revolución de los claveles. La distancia tan difícil de salvar tanto en lo personal como en lo social e histórico entre el querer y el poder.

En España el golpe portugués produjo reacciones encontradas. Gran inquietud en el Régimen y cierta esperanzada alegría en la oposición y la parte de la población que deseaba cambios políticos. Militares famosos de la época como Diez Alegría se convirtieron para algunos en potenciales émulos españoles del general Antonio de Spínola. Un general aristocrático y elitista, con monóculo como los prusianos, pero crítico con la dictadura que luego daría un contragolpe fracasado a finales de ese mismo año 1974. El 20 de diciembre anterior había sido asesinado el presidente Carrero en un estratégico magnicidio de autoría más que sospechosa. Justo el día después de entrevistarse con el siniestro Kissinger y altos oficiales de la CIA, en una reunión sin acuerdos que resultaría fatalmente trágica para nuestro presidente del Gobierno. La situación política española era muy delicada, con EEUU y Marruecos hostigando con el Sáhara y se pensaba que podía pasar cualquier cosa. La situación española era de gran incertidumbre o al menos así lo considerábamos entonces muchos jóvenes de la época. Sin embargo, el Régimen resistió hasta la muerte del general Franco.
La decrépita dictadura fue sustituida por un régimen democrático o al menos con votaciones, más conveniente para el futuro globalismo. La odiada policía política, la PIDE, fue perseguida y algunos de sus miembros que no pudieron huir o esconderse, medio linchados. Los militares más izquierdistas como el almirante Rosa Coutinho o el famoso capitán Otelo Saraiva de Carvalho terminarían destituidos o incluso procesados. También civiles críticos con la deriva pro imperialista norteamericana y reformadores serían eliminados del proceso. Así, el brillante primer ministro Sa Carneiro, que da nombre al aeropuerto de Oporto, como antes nuestro presidente Carrero, sufriría un extraño pero “oportuno” accidente de aviación que le causaría la muerte. También recuerda el magnicidio del también primer ministro sueco Olor Palme o el del general Torrijos. El testigo José Moreira también sería asesinado.
Quizás el golpe del 25 de abril, conocido como la Revolución de los claveles haya sido el último golpe de estado clásico en Europa. Un golpe convencional motivado por el sincero patriotismo de la mayoría de sus agentes. Inspirado en el romántico deseo por parte de algunos de sus promotores de “devolver la Libertad al pueblo”. Recuerdo que dos siniestros caraduras, Sartre y señora, fueron allí de “señoritos certificadores comunistas” de la Revolución. Luego revisada y adaptada a los deseos de la OTAN y a ciertas necesidades del NOM. Sin embargo, pese al internacionalismo mejor o peor entendido de algunas de las fuerzas políticas portuguesas, en su propio Partido Comunista ortodoxo siempre pareció existir un cierto patriotismo. Un sentido de la soberanía nacional y de la dignidad de Portugal que tanto echamos de menos aquí en España en casi todas las fuerzas políticas de la Monarquía pero muy especialmente en las corruptas y degeneradas zurdas españolas y golpistas regionales.
Muchos españoles nos alegremos sinceramente de los logros del querido pueblo hermano portugués que se abstiene de Monarquía y autonomías. Sin embargo, no todo es tan positivo. El antiguo imperio portugués fue demolido pero no creo que les vaya mucho mejor ahora sus antiguas colonias como países satelizados, incluso la antigua metrópoli se habría convertido en otro satélite de las instituciones internacionales dominadas por la plutocracia globalitaria. En efecto, creemos no equivocarnos al pensar que el papel de obstaculización del progreso del pueblo portugués que entonces se achacaba a la dictadura militar se ha visto renovado ahora por las imposiciones del poder globalitario con su Agenda 2030 o “trágalas” de la OTAN o la UE. Un proceso que tiene más de categoría que de anécdota.
Las esperanzas puestas en la “democracia” como panacea de nuestros males están siendo defraudadas. Un motivo de reflexión que no deja de ser inquietante.

