Por David Azañón (Subinspector 87713)
Madrid, como el resto de España, se enfrenta a un conjunto complejo y heterogéneo de problemas de seguridad ciudadana que afectan tanto al núcleo urbano como a su periferia, a la demarcación de la Policía Nacional como de la Guardia Civil, con manifestaciones diferenciadas según distritos, localidades y entornos socioeconómicos.
En el centro y zonas de alta afluencia turística se concentran los hurtos y robos con violencia sean cometidos en el transporte público y áreas comerciales o en la vía pública.
En barrios más humildes se registran episodios de tráfico de drogas en narcopisos que son sempiternos, reyertas, ocupaciones conflictivas de viviendas, vandalismo y ahora también peleas de boxeo clandestinas en cuadriláteros de boxeo improvisados.
En la periferia y en determinados desarrollos urbanos recientes aparecen problemáticas asociadas a robos en viviendas y trasteros, sustracción de vehículos y delitos contra el patrimonio en pueblos de la sierra, polígonos industriales, además de conflictos de convivencia por ruidos, botellón y uso intensivo del espacio común.
Los delitos sexuales constituyen una preocupación sostenida más aún con el destape de las presuntas actividades del ex DAO que eran un secreto a voces en la corporación, como lo era el problema de Emilio de la Calle que era vox populí en la División de Cooperación Internacional, o el más reciente escándalo del inspector de la Policía Nacional habría utilizado medios policiales para clonar el móvil de su exmujer sin autorización. Ya les adelanto que hay mucho más pero da igual seguirán los mismos en los altos cargos.
Luego tenemos la ciberdelincuencia, cada vez más sofisticada, que hackea los datos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil sin que haya un solo cese en los altos cargos policiales aunque claro si un ex Director General de la Policía me pidió la clave de la WIFI de un hotel en el extranjero, algo que le desaconsejé por motivos obvios de ciberseguridad, haciendo caso omiso, qué podemos esperar.
En cuanto a la invasión y a la inminente legalización de invasores, con un simple billete de autobús y una declaración de buena voluntad sobre sus antecedentes penales, en un tiempo inferior al que le pueden citar a uno de nuestros ancianos con su médico de cabecera, ya no digo con un especialista, tampoco ha precipitado que alto cargo policial alguno haya presentado su dimisión y volverse a su anterior destino, donde percibirá inferiores retribuciones pero donde sus subordinados le respetarán por su integridad.
Con todo, la presión de la Policía Nacional y la Guardia Civil en los mismos puntos todos los días, a todas horas es la prueba del nueve de aquello de cubrir expediente, cumplimentar la estadística y, por qué no decirlo, recaudar vía sanciones.
Es tan indignante como inefectivo situar en las mismas rotondas controles policiales, parando a los que trabajan, al contribuyente y a los transportistas en vez de realizarlo en los denominados puntos negros, narcopisos u otros lugares donde se producen a diario reyertas, molestias, ruidos, ocupaciones, etc. Ni están, ni se les espera cuando son, precisamente, estos lugares, los puntos negros, donde la presencia policial se hace más que necesaria para aquello de proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana de esa Constitución que tiene de vigente lo mismo que el compromiso de los políticos con la verdad.
Me pregunto ¿dónde estarán aquellos que muy campanudamente allanaron la vivienda de unos pijos del barrio de Salamanca basándose en sandeces como la vulneración del principio de autoridad y un elenco de sandeces de etiología similar durante el anticonstitucional estado de alarma?
En los narcopisos no están, en las peleas callejeras tampoco, en las ocupaciones tampoco.
¿Lobos con corderos y corderos con lobos?
Recientemente a una persona de mi total confianza, un excelente mecánico de coches que recomiendo a todo el que conozco por su amabilidad, cortesía, profesionalidad y honradez, algo no baladí con los mecánicos de coches u otras profesiones de carácter técnico, le paró una patrulla de policía, concretamente de policía nacional, para mayor aflicción del que suscribe estas palabras.
Le pararon porque iba rápido le manifestaron, ya no voy a entrar en que la Policía Nacional carece de competencia en materia de tráfico que no sea en el ámbito penal sino que le pararon de muy males formas, sin tratar de usted al ciudadano, haciendo aspavientos y dejando en evidencia la ya maltrecha imagen de la corporación.
Con todo, el mecánico se dirigió a los agentes tratándoles de usted, esto lo sé porque le conozco desde hace muchos años, y porque él proviene de un barrio humilde donde los abusos policiales y la delincuencia caminan a la par. El caso es que le dijo a los agentes que se estaba dirigiendo educadamente a ellos y que se dirigieran, por favor, a él en los mismos términos, que registrasen lo que estimasen conveniente y que facilitaría la documentación que le fuera requerida colaborando en todo momento.
Total que le identificaron a él, no identificaron a sus acompañantes, comprobando que carecía de antecedentes policiales y registraron el vehículo con resultado negativo.
En suma, policialmente no había nada donde rascar pero ahí vino lo peor, uno de ellos le informó que le proponía para sanción por la LO 4/2015 de protección de la seguridad ciudadana, conocida por ley mordaza, ¡agárrense! ¿el motivo? haberles faltado el respeto. Todo ello mientras el otro policía se alejaba pareciendo avergonzarse de la actuación su compañero aunque ambos firmaron el justificante de la denuncia.
El mecánico, enmudecido, lleno de grasa de coche, agotado de trabajar de sol a sol, contuvo su furia, la sanción ascendía a 400€.
Yo le he aconsejado que denuncie en el juzgado pero me ha respondido, con no poca razón, que, junto a su mujer, tienen otras dos bocas que alimentar y que eso de denunciar vale mucho más dinero, y tiempo, que los 400€ y que acogiéndose al pronto pago se verán reducidos en cuantía.
También le he aconsejado que interponga una queja ante la Inspección de Personal de Servicios de Seguridad del Ministerio del Interior aunque desconozco si tendrá tiempo o ganas para ello.
El resultado de esto es que, hoy, más ciudadanos honrados están descontentos con la policía. Lo normal es que los delincuentes estén descontentos con la policía pero aun así recuerdo a los delincuentes cuando se referían a los policías nacionales profesionales con la forma, muy característica, de «ESE MADERO ES LEGAL«.
¿Qué significaba eso? Que ese policía te jodería si te pillaba delinquiendo, incluso saldría a puñetazos pero que si no la haces o no te pilla te tratará siempre con respeto y no se inventará cosas para multarte o detenerte.
Si hay algo que detestan los delincuentes no son a los policías sino a los policías que no son legales.
Este caso, estimados compatriotas de toda ideología, región o condición, es paradigmático, mientras los LEGALES se juegan la vida por sus ciudadanos, ese 20% al que siempre me refiero, otro 80% se dedica a este tipo de atropellos o a cumplir órdenes o a callar irregularidades de sus mandos porque no quieren problemas ¿Acaso alguien los quiere? Evidentemente no.
Dicen que han aumentado las agresiones a policías, lo cual es cierto, pero igual que condeno las agresiones a policías debo decir que en estos casos las entiendo perfectamente aunque ni las comparta, ni las aconseje.
Pónganse en el caso de la víctima de este atropello. Un varón de casi cincuenta años, con mujer y dos niños, harto de trabajar y de pagar impuestos para que llegue un policía y le meta CUATROCIENTOS EUROS (400€) sin haberle perdido el respeto a los agentes, ni haber cometido infracción administrativa o penal alguna.
Para finalizar apelaré a ese 80%, recuerden que esta persona podría ser un miembro de su familia, un amigo, un vecino o una persona cuya reputación es intachable pero sobre todo, como dijo Séneca:
EL QUE ROMPE UN JURAMENTO NO SOLO TRAICIONA A OTROS, SINO A SÍ MISMO.

