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La corrupción también mata

Por desgracia, la inmensa mayoría del rebaño ve la corrupción como una pequeña incomodidad, algo más folclórico que peligroso, y declina mover un dedo para luchar contra ella, porque eso sí puede producirle quebraderos de cabeza. 

Doy fe de que los produce, como doy fe de la tranquilidad que produce el esfuerzo cada vez que se enfrenta uno al espejo.

Los que luchamos contra la corrupción con uñas y dientes, en parte es porque estamos un poco locos (sólo un loco sufre problemas directos e inmediatos para evitar problemas futuros), y además, porque sabemos que es la causa de todos males que padecemos, que nos cuestan a diario la prosperidad, la salud y hasta la vida.

Datos oficiales de la Unión Europea ya cifraban el coste real de la corrupción en España en 2018, es decir, antes de la plandemia en la que se disparó esta lacra, en 90.000 Millones de €/año, lo que significa 170 €/mes a cada español. Hoy puede ser, con absoluta seguridad, el doble o el triple.

https://www.rtve.es/noticias/20181207/corrupcion-cuesta-a-espana-mas-90000-millones-euros-ano/1850100.shtml

Pero es que, aparte la pobreza que nos induce, como queda dicho, y muchos se niegan a admitir, nos roba la salud y hasta la vida.

Muertos por causa directa de la corrupción son los miles de asesinados en las residencias de ancianos en 2020, las decenas de asesinados desde entonces en los hospitales con protocolos y tratamientos genocidas, los ya centenares de miles de víctimas mortales de las mal llamadas vacunas covid, los 10.000 asesinados a sangre fría en las riadas de Valencia, los muertos de los incendios forestales, los de los “accidentes” ferroviarios, y en lugar de honor, los guardias civiles asesinados luchando “contra” el narcotráfico.

De esos, a riesgo de granjearme la enemistad de sus colegas ciegos, debo decir que, en realidad, son bajas de lo que en jerga militar se llama “fuego amigo”, toda vez que los jefes a los que protegen y obedecen esos guardias civiles (Marl-Asko, Perro Sánchez, La Marga, etcétera), trabajan para esas mismas redes de narcos, de las que obtienen más ingresos que con sus sueldos oficiales. Es decir, que los daños que sufren los agentes de los cuerpos policiales por ayudar a los políticos a sostener la ficción de que se lucha contra el narcotráfico, bien podría llamarse “efecto bumerán”.

No hay problema y lo he dicho cientos de veces, los españoles tenemos, estadísticamente, lo que nos merecemos.

Los agentes de todos los cuerpos policiales, cooperando con entusiasmo a construir la cárcel en la que se quedan dentro, con sus familias y amigos, sin duda tendrán lo que se merecen. 

Sus familias y amigos, con reírles la gracia, también. 

El Teniente Coronel D. David Oliva, Jefe de la extinta unidad de la G,C, OCON-Sur, que llegó a poner a los narcos del Estrecho de Gibraltar contra las cuerdas, tendrá lo que no se merece.

Y los que vemos el desatino y lo denunciamos, para que los jueces archiven todas nuestras denuncias sin investigar -o sancionándonos por presentarlas-, también tendremos lo que no nos merecemos.

Estimado rebaño, quien no haga todo lo que esté en su mano para acabar de una vez por todas con este régimen putrefacto, con no ser parte de la solución, ya es parte del problema.

A todos ellos, con su pan se lo coman y que les aproveche, ya sea viajando en tren, acudiendo al hospital, siendo arrastrados por la próxima riada, o como quiera que mañana la corrupción se cobre su tributo diario en vidas.

Fiat iustitia, ruat caelum.

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