Día de difuntos

Por Alfonso de la Vega

                    “Dadles, Señor, vuestro eterno descanso, y haced lucir sobre ellos vuestra eterna luz. La memoria del justo será eterna y no temerá nada que pueda atemorizarle” (Gradual de la misa de difuntos) 

En casi todos los pueblos y épocas existe alguna forma de culto o reverencia a los antepasados, a los muertos. En China un texto de hace 35 siglos trata de los efectos de las bendiciones o maldiciones de los antepasados a lo largo del Campo Elíseo celestial. En cierto modo puede considerarse una religión de los muertos que no sólo se limita a la antigua civilización china. Muchos chinos no dejaban de asistir ciertos días al templo de sus progenitores difuntos a postrarse ante sus lin pai o “tablillas de asiento de almas” y ofrecerles incienso u ofrendas. Aquí, incluso en la España secularizada, también se mantiene un culto similar con peregrinaciones a los cementerios a colocar flores en las tumbas. Son tradiciones que revelan el sentido de la piedad filial y de la permanencia espiritual, así como del reconocimiento de la familia como base o núcleo de la sociedad. Y que, en consecuencia, deben ser abolidas o suplantadas de modo más o menos frívolo o caricaturesco materialista para la mejor implantación del revolucionario agendismo.

Estamos comprobando que la Cristiandad está siendo arrumbada en las últimas décadas por poderosas fuerzas enemigas que además colocar políticos títeres o de emplear al Islam como quinta columna devastadora, manipulan la mente mediante la guerra cognitiva. Una forma muy avanzada de manipulación que permite influir en el comportamiento de un individuo o un grupo de individuos con el fin de obtener una ventaja táctica o estratégica. En este campo de acción, cuando se mantiene una concepción meramente materialista, de acción, reacción, el cerebro humano se convierte en el escenario de operaciones, en la idea de asimilarse a la IA, no ya la psique junguiana, que, a diferencia de lo mental, engloba tanto lo consciente como lo inconsciente nutrido de símbolos y tradiciones. Por cierto, la IA pese a su peligrosidad también como burbuja financiera está considerada hoy por los analistas financieros, junto con la industria de armamento, uno de los principales pilares del crecimiento económico en occidente en vez de procurar satisfacer las necesidades de la gente. Una renovado becerro de oro y una situación que junto a otros factores espirituales y no tan solo político económicos puede llevar a una guerra mundial terrorífica. 

Mientras tanto, el objetivo de la guerra cognitiva es influir no solo en lo que piensan los individuos objeto, sino también en cómo piensan y, en última instancia, en cómo actúan. Se asocia con otras formas y áreas de acción para alcanzar el cerebro objetivo, como la ciberguerra, la guerra de la información e incluso la embrionaria neurociencia cognitiva, Al facilitar la comprensión de los mecanismos del cerebro y la forma en que integra y procesa diferentes categorías de información, la neurociencia permitirá optimizar el uso de otras guerras, en particular la guerra de la información. Los ataques de guerra cognitiva se especifican, estructuran y organizan para transformar o distorsionar el pensamiento y la conducta, Una forma de la conquista del relato que ambicionan élites sin escrúpulos y que opera como una especie de amputación de una parte sustancial de la psique humana de modo que estaría muy bien que supiésemos a qué atenernos.

Me parece luminadora la teoría del inconsciente colectivo de Jung para comprender mejor el funcionamiento de la psique a lo largo del tiempo, así como muchas tradiciones universales. Y de especial interés actual su obra Psicología y Religión, en el que sostiene que, sea cual sea su realidad metafísica, el arquetipo de Dios está en la conciencia y afirma que “Dios no tiene éxito en una Humanidad psíquicamente desnutrida”. Y creo que, viceversa, la Humanidad no tiene éxito con la destrucción del arquetipo divino y de la metafísica, lo que explicaría muchos de los males del abominable proceso woke que nos quieren imponer. También Jung nos previene contra las pestes psíquicas que asolan el mundo y nos ofrece un antídoto o fundamental arma espiritual de defensa, lo que llama “proceso de individuación” o de realización humana, que además de hacer plena su vida evita al hombre ser víctima arrastrada de la barbarie.

La crisis espiritual estaría en el origen de lo que hoy vemos y padecemos. Este lamentable proceso explicaría algunas de las causas de la caída de la Cristiandad y de la civilización occidental, la falta de voluntad para asumir responsabilidades para mantener un mínimo de coherencia entre sus supuestos valores y la conducta personal, indolente, caprichosa, irracional como la de un adolescente. Una postura crítica pero incapaz de ofrecer algo mejor. Una cosa es el océano de las palabras y otra, los hechos.

En la Revista de Occidente Joyce decía: …”el tan alabado progreso de este siglo consiste en gran parte en una maraña de máquinas cuya finalidad es justamente recoger a prisa y corriendo los elementos dispersos de lo útil y lo conocible y redistribuirlos a todo miembro de la comunidad que esté en condiciones de pagar una tenue tasa. Admito que este sistema social puede presumir de grandes conquistas mecánicas, de grandes y benéficos descubrimientos…pero en medio de esta civilización compleja y multifacético, la mente humana, casi aterrorizada por la grandeza material, se pierde, reniega de sí misma, se reblandece. ¿O habrá que llegar a la conclusión de que el materialismo actual, que desciende en línea recta del Renacimiento, atrofia las facultades espirituales del hombre, impide su desarrollo, embota su finura?…… Del hombre moderno se podrá decir, desde luego, que tiene una epidermis en lugar de alma. La potencia sensorial de su organismo se ha desarrollado enormemente, pero se ha desarrollado en detrimento de su facultad espiritual. Carecemos de fuerza moral y quizás también de fuerza imaginativa”.

Las palabras son un instrumento y a veces también pueden resultar abusivos relatos falsarios, fuegos fatuos. De ello se lamenta en Los muertos, cuento de la colección Dublineses, un personaje joyceano. Gabriel ha ensayado un discurso tópico, prescindible, para perorar durante el banquete de una previsible y tópica celebración tradicional familiar navideña. Un relato frívolo, falsificador. Pero una confidencia de su mujer le hace ver lo ridículo de su posición. Michael Furey, un antiguo pretendiente suyo de cuando era joven habría muerto de amor por ella. Amor, palabra insondable que acaso resume en ella todas las demás del diccionario. Palabra que nos permite hablar a la Divinidad y se convierte en nave segura para el regreso de Ulises sin depender de la contingencia del lenguaje. Al final de la aventura de la vida y del lenguaje, «cae la nieve… cae sobre el solitario cementerio donde yace enterrado Michael Furey… cae imperceptible sobre todo el universo. Imperceptible, como la llegada del momento final, sobre todos los vivos y los muertos.»

El Arte nos enseña. El hombre no es un robot sin alma y el superfluo y superficial discurso de Gabriel no debe ser un sudario para vivos como los falaces y estupefacientes de sus actuales imitadores en la oratoria superficial, banal y prescindible, don Felipe VI, su valido, y toda esa ralea de políticos y personajes que nos llevan a la decadencia y la muerte, y no por Amor precisamente.  

EsDiestro
EsDiestro
Es Diestro. Opinión en Libertad
Artículo relacionados

Entradas recientes