La cuenta @UnNuevoRM —que se presenta como movimiento para «recuperar un Real Madrid que sea de sus socios» y se opone a la conversión en SAD— acompañó el tuit con una pieza gráfica titulada «Fuentes del Real Madrid». En ella se afirma que Laghrari «prohíbe que el Real Madrid se pronuncie en apoyo a Ceuta» porque considera «perjudicial para los intereses económicos del club» cualquier gesto de la marca «que pueda tensar relaciones con Marruecos». El mismo texto le atribuye haber prohibido las banderas españolas la temporada anterior.
Si esto es verdad, Florentino Pérez debe DIMITIR. pic.twitter.com/otD715s7Oo
— Un Nuevo Real Madrid (@UnNuevoRM) September 6, 2026
El contexto: la crisis de Ceuta y el silencio institucional del Madrid
A finales de julio de 2026 se produjo una entrada masiva e irregular de decenas de miles de personas desde Marruecos hacia Ceuta (cifras difundidas en torno a 70.000-80.000). La ciudad autónoma lleva semanas bajo una fuerte presión humanitaria, de seguridad y política. El 2 de septiembre, Día de Ceuta, hubo concentraciones en la propia ciudad y en más de 260 municipios españoles. En Madrid, Cibeles reunió decenas de miles de personas (50.000 según Delegación del Gobierno; cifras más altas según el Ayuntamiento). El lema más repetido ha sido «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende».
El fútbol sí ha tenido gestos. La RFEF y el seleccionador Luis de la Fuente viajaron a Ceuta con la Copa del Mundo. De la Fuente dijo que los ceutíes son «ídolos» por su entereza y que «no estáis solos». La AD Ceuta saltó al campo con camisetas de ese lema; un exjugador del club, Marcos Fernández (Espanyol), se lo dedicó al marcar. LaLiga, en cambio, ha sido criticada por no dar visibilidad equivalente en retransmisiones. El Real Madrid, como institución, no ha emitido un comunicado de apoyo comparable.
Ese vacío es el que explotan las cuentas críticas. @UnNuevoRM lleva días llamando a llevar banderas de España y de Ceuta al Bernabéu ante el Inter (martes 8 de septiembre, Champions). El eslogan: «El madridismo no está al servicio de Anas Laghrari. El madridismo está con Ceuta».

Anas Laghrari nació en Casablanca en 1984. Es franco-marroquí, formado en matemáticas financieras en Francia. Su padre, constructor e ingeniero de caminos, colaboró con Florentino Pérez en obras en Marruecos. Pérez ha dicho en campaña electoral que le ha «visto nacer», que es «como un hijo» y que el padre era «como un hermano». No ocupa cargo estatutario en el organigrama del club.
Su peso es financiero y estratégico: fundador o figura clave de A22 (vehículo de la Superliga), interviniente en la financiación del nuevo Bernabéu (créditos y acuerdos con Sixth Street y otros) y asesor en operaciones de ACS. En las elecciones de junio de 2026 —Pérez revalidó con el 65% frente a Enrique Riquelme— su nombre se convirtió en arma política. Riquelme le señaló como poder en la sombra y «comisionista». Medios económicos han documentado también una comisión millonaria de Key Capital, sociedad ligada a él, en una palanca del Barcelona en 2022. Pérez le describe como alguien que «de fútbol sabe lo justo» pero entiende de tecnología y finanzas. No puede ser presidente: no cumple la antigüedad de socio ni, con los estatutos actuales, el requisito de nacionalidad española.

La infografía presenta como un veto permanente de Laghrari la prohibición de banderas españolas. Lo documentado es más concreto. En marzo de 2026, ante el Manchester City, el club trasladó a la Grada Fans —tras un apercibimiento de la UEFA vinculado a un incidente previo— que solo se exhibieran banderas del Real Madrid, no de España ni de otros países. Parte de la afición desobedeció y sacó rojigualdas. No hay una confirmación oficial de que Laghrari personalmente dictara una política general anti-bandera española.
Qué está verificado y qué no
La pieza viral cita «fuentes del Real Madrid» anónimas. No hay declaración oficial del club, de Pérez ni de Laghrari que corrobore que el asesor haya prohibido un pronunciamiento sobre Ceuta. Tampoco hay un comunicado institucional del Madrid sobre la crisis ceutí. El silencio es un hecho; la atribución causal a Laghrari y a una lógica de «no tensar Marruecos» es, de momento, una filtración no contrastada por medios generalistas.
Eso no impide que el relato encaje con tensiones ya existentes: la influencia opaca de un asesor sin cargo, los planes de cambio societario y posible entrada de un 5% de capital externo, la Superliga y las relaciones económicas con el entorno marroquí de Pérez. En redes, las reacciones van desde la petición de dimisión hasta acusaciones de que el club actúa como «caballo de Troya» de intereses extranjeros. Otras respuestas recuerdan que el Madrid históricamente ha evitado posicionamientos políticos explícitos y que un club con negocios globales calcula riesgos diplomáticos.
El martes, con el Inter en el Bernabéu, la grada puede convertir esa tensión en imagen. Si aparecen muchas banderas de Ceuta y de España, el club tendrá que decidir si las tolera, las retira o las ignora. Por ahora, la noticia no es una dimisión anunciada: es un choque entre la identidad que una parte del madridismo reclama y la opacidad de quién decide qué puede decir —o qué no puede decir— el club más seguido del mundo.

