Cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor, pero es cierto que las personas mayores tienden a añorar épocas vividas que podrían encajar con la frase. En la actualidad, no hay que tener demasiados años o haber vivido épocas gloriosas, ni remontarse a la etapa del charlestón para sentir cierta nostalgia de unos tiempos bastante recientes, ya en los inicios de la era de internet.
No sé si en los libros de historia del futuro se hablará del 2004 como año clave del inicio de la demolición de España. Dejando atrás gestas desfavorables del pasado, como guerras, malos acuerdos, traiciones a la patria, pérdida de territorios y debacles económicas, se puede decir que la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al poder en este año fatídico, marca el fin de una era de estabilidad razonable y el principio de lo que España vive en estos momentos de caos, desgobierno, corrupción, gansterismo, casi de agonía, en cualquier ámbito que se analice. Esto no es pesimismo ni añoranza, sino diagnóstico, realidad pura y dura. Y no porque nos lo cuenten; lo sufrimos día a día y, por tanto, somos testigos de primera mano sin haberlo pretendido. Nada de lo que funcionaba medianamente aceptable cumple hoy con los estándares más bajos. La decadencia es visible en todo lo público y las instituciones se han convertido en burdeles.
Ahora, Marruecos está amenazando con desvelar los archivos sobre los atentados del 11-M, el auténtico pasaporte de ZP de entrada a la Moncloa, con la agenda de destruir todo a su paso y dejar la senda trazada para los inquilinos siguientes, Mariano Rajoy entre ellos. ¡Y una vía abierta y asfaltada para los inmigrantes soñadores con al-Ándalus y los protagonistas del mestizaje “kalergiano” de la vieja y blanca Europa, que sacrifica a los bebés concebidos en los altares de los abortorios!
Sí, senda para los inmigrantes. Que Ceuta esté invadida por los musulmanes y los países del sur se lo debemos en buena parte a Zapatero y a sus múltiples ocurrencias. ¿De quién recibía las órdenes este ser tan pusilánime, desconocido y poco brillante? En una ocasión dijo que había llegado para cambiar la sociedad; y hay que reconocer que lo consiguió, pues, más allá de la ruina económica y el déficit que tuvo que asumir el gobierno siguiente, lo realmente mollar de su paso por la presidencia es la debacle moral, social y espiritual que sus leyes y propaganda causaron en la sociedad española, que habrían de ejercer gran influencia en los países americanos. (Ya estaba en marcha el programa ‘Objetivo 2015’ de la ONU y después vendría ‘Objetivos del milenio’, ambos antesala de la actual Agenda 2030 y la subcultura “woke”). Su cumplimiento fue de aplauso, y en tiempo récord. ¿Por qué estos detalles pasan tan inadvertidos si solo es necesario unir los puntos?
El felón de las cejas escuadradas masónicas llegó acompañado del falso relato de su abuelo traidor y leyendas de una guerra y posguerra que los españoles que la habían sufrido ya habían perdonado. Pero el presidente nefasto, ahora pringado hasta el cuello en mil chanchullos, colaborador del Cártel de los Soles, investigado en varios países por blanqueo de capitales y sin poder explicar cómo consiguió las joyas valoradas en más de un millón de euros, desenterró el sentimiento guerracivilista y se arrogó el mérito de haber traído la democracia. Por sus discursos y propaganda daba la impresión de que Franco acababa de morir y no había habido un Adolfo Suárez, un Calvo Sotelo, un Felipe González y un José María Aznar.
El padre de las góticas, lo más parecido al anticristo, trajo la ideología de género, con su ley de violencia que discrimina a los hombres privándolos del derecho a la presunción de inocencia, y que los magistrados firmaron avergonzados; también trajo la ley de plazos del aborto, el “matrimonio” entre personas del mismo sexo, la supresión en el código civil de las denominaciones esposo y esposa, sustituidas por cónyuge 1 y cónyuge 2; el cambio de palabras tan bellas y cargadas de contenido histórico/antropológico como padre y madre, por progenitor A y progenitor B. Todo ello para beneficiar a homosexuales y lesbianas, y no de forma pacífica, sino en medio de peleas, enfrentamientos y mucho dolor y malestar social.
Una de sus ocurrencias de urgencia, justo seis meses después de su llegada al poder, fue la propuesta ante las Naciones Unidas de la ‘Alianza de Civilizaciones’, que fue aprobada en 2007. El programa planteaba un diálogo entre Oriente y Occidente, como había formulado en 1998 el presidente de Irán, a la sazón, Mohamed Jatami. Se trataba de un proyecto de corte “buenista” para contraponer la acertadísima teoría ‘Choque de civilizaciones’ acuñada por Samuel Huntington en 1993. En los papeles, la pretensión era acabar con el terrorismo mediante una vía alternativa a la militar. (Como con la ETA, las FARC y el ELN, colocando a su gentuza asesina de diputados y de presidentes, léase Gustavo Pedro o los socios filoetarras de Sánchez). No puedo evitar sentir pena y vergüenza al escribirlo.
Lo que no se estipulaba era que sería a costa de que Occidente “tragase” con sus costumbres, sus vestimentas, su delincuencia, sus leyes, su gastronomía, sus mitos coránicos, sus rezos en la vía pública, sus violaciones a mujeres, sus mezquitas y sus formadores de muyahidines. Y por si esto no fuese suficiente, sus invasiones. ¿Es alianza o es choque? Sabemos que no podrán integrarse nunca. ¿Hasta cuándo vamos a seguir siendo transigentes? No los queremos aquí. Necesitamos un poco de paz, y con los invasores será imposible. ¿Será capaz el presidente venidero de abrogar todas las leyes, decretos y normativas, cuyas consecuencias estamos sufriendo y pagando tan caro? ¿Se atreverá a darle un vuelco al Estado sin pensar en lo que opine la izquierda? ¿O le hará perder la memoria la burundanga del poder? Los españoles no merecemos este maltrato y tortura constantes.
En estos días, en los que el gobierno de Pedro Sánchez no deja de lanzar bulos sobre la invasión de Ceuta y disculpando a Marruecos, el reino alauí, que, dicho sea de paso, empezó a existir en 1957, continúa con su chantaje sobre los archivos de Pegasus. ¡Qué miedo tienen algunos! Por eso, en lugar de meter a los invasores esposados en un barco y devolverlos a su país, han tomado el puerto, les han permitido convertir la zona en un lugar insalubre y maloliente, además de proveerlos de colchones y comodidades para que descansen plácidamente, y así tener la energía suficiente para asaltar, pegar palizas, violar mujeres y niñas e incluso matar delfines a palos. Quien mata a una cría de delfín es capaz de cualquier cosa. ¿Dónde están los animalistas que salen en tromba a manifestarse cuando se elimina un lobo o un nido con huevos de cuco?
¿Sería exagerado pensar que podrían hacer lo mismo con los seres humanos, especialmente con los niños? No hay que olvidar que en algunos países subsaharianos comer carne humana, si bien está prohibido por ley, es bastante común, aunque sea de manera clandestina. Esta gente sin civilizar es muy aficionada a los crímenes y al canibalismo ritual, aunque estas noticias no suelen salir en prensa. ¡Para no alarmar! Sería distinto si quienes protagonizan estas prácticas fueran de raza blanca. La verdad es que nos están haciendo racistas y xenófobos a la fuerza. Recuerdo a mi madre cuando decía: “yo no soy racista, no les deseo ningún mal, pero cada quien en su sitio”. ¡Qué gran verdad!, sobre todo, si se trata de este tipo de tropa: invasora, incívica, agresiva y dispuesta a todo.
Y mucho ojo con las oenegés que viven de las subvenciones públicas y los donativos de gente caritativa, aunque poco informada. Estas organizaciones trabajan siempre a favor de los que delinquen. Con el pretexto de practicar una humanidad mal entendida y unos derechos que no son tales, perjudican y rompen el equilibrio y la convivencia de los habitantes de los lugares a los que llegan e invaden. Que se lo pregunten a los ceutíes, que están viendo cómo los tratan a cuerpo de rey e incluso les reparten gas pimienta para agredir a transeúntes y policías, y aguarrás y otros componentes para fabricar cócteles molotov y otro tipo de armas caseras para agredir a militares. Se incluye en este grupo a la Cruz Roja que, o bien actúa como el resto de organizaciones, o llega, graba, hace la foto y se larga. Así hizo en la riada de Valencia y en otras catástrofes. Nada de donativos a estos aprovechados que trabajan en contra de los ciudadanos y de la patria. Debería quitarse “la cruz” y quedarse solo con “la roja”.
Esperemos que la amenaza del 20 de septiembre no sea real o se pueda frenar. Es lo deseable. Aunque, como Sánchez necesita el caos y hace suyo el dicho “cuanto peor, mejor”, posiblemente esta situación se prolongue durante muchos meses. Se provocará a la sociedad y se tensará la cuerda hasta que el ambiente se enyerbe hasta el enfrentamiento con muertos. Si corre la sangre, el corrupto de la tesis falsa tomará cartas en el asunto y lo solventará quizá con un estado de alarma; y las elecciones tendrán que esperar. ¿Cuánto tiempo? Podría ser ad infinitum. Es lo que pretende. Sabe que después de la Moncloa le espera la cárcel; al menos, hasta que no consiga dominar al poder judicial colocando a jueces y fiscales con vocación de corruptos. El modelo bolivariano es el programa. Así estamos.

