Por David Azañón (Subinspector 87713)
El 30 de octubre de 1340, junto a Tarifa, se libró una de las batallas más importantes de nuestra historia. Los ejércitos de Alfonso XI de Castilla y Alfonso IV de Portugal se enfrentaron a las fuerzas de los benimerines del norte de África y del reino invasor nazarí de Granada. La victoria cristiana en la batalla del Salado frenó las aspiraciones de los benimerines y cambió el equilibrio de poder en el Estrecho de Gibraltar.
El paragón con la reciente invasión en Ceuta resulta inevitable aunque se ha ce necesario matizar que los benimerines no eran “los marroquíes” actuales. Eran una dinastía medieval, los meriníes, que gobernó buena parte del norte de África entre los siglos XIII y XV. Su Estado, sus fronteras y su sociedad pertenecían a una realidad histórica muy distinta de la de ese estado inventado que se llama Marruecos creado gracias a los intereses franceses en 1956.
Durante el siglo XIV, como en la actualidad, el Estrecho de Gibraltar era una zona de enorme importancia estratégica. Los benimerines podían cruzarlo desde el norte de África para apoyar al reino nazarí de Granada y combatir a Castilla.
Tarifa constituía una pieza fundamental. Castilla la había conquistado en 1292 y consiguió mantenerla frente a nuevos intentos de recuperación. La tradición convirtió en símbolo de aquella defensa a Guzmán el Bueno, que en 1294 se negó a entregar la plaza pese a las amenazas contra su hijo. (distíngase del otro Guzman el Bueno, el enchufado VII duque de Medina Sidonia que convirtió la Armada Invencible en vencible).
Décadas después, la amenaza volvió a ser mucho mayor. En 1340, el sultán benimerín Abu al-Hasan cruzó el Estrecho con un poderoso ejército y se dirigió contra Tarifa.
Alfonso XI comprendió lo que estaba en juego. No se trataba únicamente de una ciudad: estaba amenazada una posición estratégica esencial para controlar el paso entre África y la Península. ¿Les recuerda a alguna situación actual?
El rey castellano como si fuera el reino de Gondor pidió ayuda, Alfonso IV de Portugal, como los Rohirrim, respondió y ambos reinos se prepararon para hacer frente a la ofensiva de los orcos sarracenos integrados por benimerines dirigidos por Abu al-Hasan y tropas del reino nazarí de Granada, dirigidas por Yusuf I.
Llegó el 30 de octubre de 1340, cerca de Tarifa, se enfrentaron los ejércitos cristianos y sarracenos en la batalla del Salado, el bien contra el mal.
La batalla terminó con una gran victoria castellano-portuguesa.
El resultado fue decisivo. Los benimerines perdieron la capacidad de convertir sus intervenciones en una amenaza permanente para Castilla y el equilibrio militar del Estrecho cambió a favor de los cristianos empero Alfonso XI no se conformó con haber rechazado al enemigo, igualito que Juan Carlos I el Borbón que se refirió a Hassan II como su «hermano mayor», lo de entregar Ceuta y Melilla era de prever. Eso sin contar que Juan Carlos I y Carlos III de Inglaterra son parientes de sangre y primos lejanos, ambos descienden de la reina Victoria. Felipe VI también desciende de Victoria por varias ramas y llamaba a Isabel II “tía Lilibet” país que tiene invadido parte de nuestro territorio desde Felipe V. Detrás de Marruecos está el anglosionismo.
En la actualidad gracias a los gobiernos PPSOE, el principal operador portuario marroquí, Marsa Maroc, ha adquirido el 45 % de Boluda Maritime Terminals (BMT), sociedad que explota terminales en Las Palmas, Tenerife, La Palma, Lanzarote, Fuerteventura, Sevilla, Vilagarcía de Arousa, Cádiz y Santander.
Tan sólo dos años más tarde, en 1342, comenzó el asedio de Algeciras, una de las principales posiciones musulmanas del Estrecho. Después de casi dos años de sitio, la ciudad capituló en 1344.
La secuencia es significativa: ante una amenaza estratégica, Alfonso XI actuó, buscó aliados, ganó la batalla y posteriormente consolidó la victoria conquistando una posición fundamental, igualito que los Borbones ¿verdad?
Y aquí aparece el contraste con Alfonso XI. El rey castellano vivía en un mundo infinitamente más pobre y peligroso que el actual. No disponía de fuerzas armadas profesionales, tecnología moderna, radares, satélites, etc. Sin embargo, cuando consideró amenazada una posición estratégica, actuó con determinación.
Los dirigentes españoles actuales cuentan con medios incomparablemente superiores. España dispone de la Policía Nacional, la Guardia Civil, servicios de inteligencia y las Fuerzas Armadas (si bien es cierto que todas ellas troyanizadas por sarracenos), medios tecnológicos y una capacidad diplomática que Alfonso XI jamás pudo imaginar.
Casi siete siglos después, estamos a vueltas en Ceuta y la maldita política de apaciguamiento.
En julio de 2026 se produjo una nueva marcha verde en sempiterna Ceuta, invasión procedente de Marruecos con la venia de Israel, EE.UU. y el resto de la Unión de Esclavos.
Las respuestas del gobierno y del Borbón han sido nulas, este último es otro que se justifica en la manida excusa de cumplir órdenes.
Estamos solos y ya que la gran mayoría de españoles son borregos bien podrían emular a Fuenteovejuna y dejar de hacer el imbécil apoyando al PSOE, PP, VOX, etc. que son exactamente lo mismo.
Tan traidor es el que no hace nada, como el que lleva una bandera de Israel y de España juntas, como los que tras Perejil fueron a mostrar pleitesía a Marruecos. Esto viene de décadas de inacción.
El problema no son “los marroquíes” sino los españoles que carecen de cerebro y de cojones. La cuestión debe plantearse en términos de Estado y soberanía:
¿Está usted, estimado compatriota de toda ideología o condición, dispuesto a luchar para que sus fronteras se respeten y que su familia esté protegida o prefiere las 120 agresiones sexuales en un mes?
Alfonso XI identificó una amenaza concreta, actuó contra ella y no se limitó a celebrar el triunfo si no que continuó la campaña y conquistó Algeciras.
Hoy España necesita una nueva batalla del Salado. Necesita algo propio de un Estado moderno: una política fronteriza clara, capacidad para hacer cumplir la ley, protección efectiva de sus ciudadanos y una diplomacia respaldada por la voluntad de defender los intereses españoles.
https://youtu.be/U05GaYNKYGw?
Y ya que estamos, yo, hijo de Azañón, en los albores de la tempestad vuelvo a vosotros estimados compatriotas de toda ideología o condición, citando, en castellano antiguo, al REY Alfonso XI:
NON DEXÓ DE PONER EN OBRA DOS COSAS LAS MÁS PRINÇIPALES QUE DIOS LE ENCOMENDÓ EN EL RREYNO: LA UNA, LA JUSTIÇIA; E, LA OTRA, LA GUERRA CONTRA LOS MOROS

