En 24 horas se han cruzado tres mensajes que, leídos juntos, dibujan el mismo diagnóstico desde ángulos distintos: la playa del Trampolín sigue siendo el corazón de la crisis, la tensión con los vecinos puede subir de golpe y el relato público se está desplazando desde la ocupación del territorio hacia la amenaza de «grupos ultras». El canal de OSINT Estrategias Militares sostiene que ha documentado el asentamiento desde dentro sin provocar un choque. El activista saharaui Taleb Alisalem (@TalebSahara) afirma que Marruecos ha ordenado tensar al máximo la convivencia. Y Samuel, presidente de Policía SXXI y portavoz de Vox en seguridad e inmigración (@guidoprincesa), interpreta la suspensión de la manifestación nocturna del sábado como la «fase 4» de un patrón ya visto en Paiporta y Torre Pacheco.
Ninguno de esos tres textos es un parte oficial. Son comunicados, avisos y lecturas políticas sobre una ciudad que lleva un mes fuera de la normalidad, después de las entradas masivas de los días 30 y 31 de julio de 2026.
Lo que el canal dice haber visto dentro del Trampolín
Estrategias Militares (@EstrateMilitar) publicó en la madrugada del domingo un comunicado titulado como tal. Asegura que esa misma noche consiguió «infiltrarse hasta el corazón» de lo que ocurre en la playa del Trampolín, recabar «mucha información» y hacerlo «sin provocar ningún enfrentamiento» y «sin que nadie resultara herido».
El canal insiste en el método. No enviará, dice, «a un chaval de 20 años para que le den una paliza» ni insultará ni provocará, porque eso es «precisamente lo que algunos esperan» y porque caer en esa trampa daría excusa para acusarles de ir a generar incidentes o para «utilizarlo como pretexto para cerrar el canal». Recuerda que, en noches anteriores, uno de sus integrantes —Juan— habría sido amenazado y objeto de un intento de asalto.
El trabajo, según el texto, consiste en «saber actuar en situaciones de máxima tensión y presión», aplicar técnicas de desescalada que «muchas personas desconocen», usar psicología inversa y controlar «cada palabra, cada gesto y cada reacción». El giro decisivo, afirma, se produce cuando las personas del asentamiento comprueban que pueden hablar en árabe:
«En las imágenes se observa claramente cómo, al principio, algunos adoptan una actitud amenazante. Sin embargo, cuando comprueban que podemos comunicarnos con ellos en árabe, se tranquilizan, cambia por completo el tono de la conversación y comienzan a facilitarnos información realmente importante.»
Esa es, para el canal, la diferencia entre documentar y incendiar. «Esta información jamás la habríamos obtenido si hubiéramos llegado gritando: “¡Mirad a estos hijos de puta ocupando nuestra playa!”». De haber actuado así, añade, «no habríamos descubierto nada y probablemente alguien habría resultado herido».
Los hallazgos que atribuye a esa infiltración son concretos:
- Vehículos con matrícula extranjera usados como dormitorios.
- Puestos de venta «presuntamente ilegales».
- Personas que se identificarían con la Policía y las Fuerzas Armadas marroquíes.
- Gente viviendo en los montes.
- Tramos de playa «divididos en parcelas, como si tuvieran propietarios».
- Consumo de drogas y alcohol, y conductas que, a su juicio, «desmontan por completo el relato de que todos los que están allí son personas pacíficas e inofensivas».
La conclusión política del comunicado es inequívoca: «Estas personas deben regresar a sus lugares de origen y dejar a Ceuta en paz». Y el cierre, repetido como eslogan: el Gobierno ha abandonado a los ceutíes. «Ceuta está sola».
Ese relato de terreno encaja con un escenario que la prensa local y nacional lleva semanas describiendo: chozas de cañas, plásticos y cartón; desalojos y retornos a la arena; reubicaciones a Loma Margarita y Loma Colmenar; vecinos que protestan; Policía que interpone cordones; y una playa convertida en campamento improvisado junto a infraestructuras sensibles. Lo que el canal aporta no es el inventario oficial de esa crisis, sino la pretensión de haber hablado desde dentro y de haber bajado la guardia de quienes, al principio, les recibieron con gesto amenazante.
🔴COMUNICADO
Lo que tenéis que entender es lo siguiente:
Esta noche hemos conseguido infiltrarnos hasta el corazón de lo que está ocurriendo en la playa del Trampolín. Hemos obtenido mucha información sin provocar ningún enfrentamiento y, lo más importante, sin que nadie…
— Estrategias Militares (@EstrateMilitar) August 30, 2026
El aviso de Taleb: «en las próximas horas o días» habrá escalada
El sábado por la mañana, Taleb Alisalem (@TalebSahara) publicó un pronóstico más corto y más duro. «En las próximas horas o días veremos un levantamiento y escalada por parte de los centenares de inmigrantes que deambulan por Ceuta». La fuente, según él, no es especulación de redes: «Según la información que me llega, Marruecos ordenó a su gente dentro, escalar y tensar la situación con los vecinos lo máximo posible».
El tuit no detalla quién transmite esa orden, a través de qué canal ni cómo se ejecutaría. Lo presenta como inteligencia que le llega y como anuncio de un cambio de fase: de la ocupación pasiva o del deambular por la ciudad a una presión deliberada sobre el vecindario.
En las respuestas al mensaje, usuarios elevan la cifra —«no son centenares… se estima que son 5.000»— y anticipan el contra-relato: que, si los ceutíes estallan, el Gobierno protegerá a los ocupantes, llamará racistas a los vecinos y cargará la culpa sobre «la ultraderecha». Esas réplicas no forman parte del aviso original, pero sí muestran el clima en el que el pronóstico circuló: más de 6.000 «me gusta», más de 3.000 republicaciones y más de 140.000 visualizaciones en pocas horas.
Leído junto al comunicado de Estrategias Militares, el aviso de Taleb añade una tesis que el canal no formula en esos términos: que parte de la tensión no sería espontánea, sino inducida. El canal describe amenaza inicial, relajación al oír árabe, identificación con cuerpos de seguridad marroquíes y consumo de drogas y alcohol. Taleb habla de una instrucción política para «tensar al máximo» la convivencia. Son capas distintas —observación de campo frente a atribución de mando— que apuntan al mismo punto de ruptura: el choque con los vecinos.
En las próximas horas o días veremos un levantamiento y escalada por parte de los centenares de inmigrantes que deambulan por Ceuta.
Según la información que me llega, Marruecos ordenó a su gente dentro, escalar y tensar la situación con los vecinos lo máximo posible.
— Taleb Alisalem (@TalebSahara) August 29, 2026
La manifestación cancelada y la «fase 4» según Samuel
El mismo sábado, El Faro de Ceuta informó de que quedaba suspendida la manifestación nocturna prevista ante «la llegada de grupos ultras». No la suspendió Delegación del Gobierno en el titular que citó Samuel, sino los propios convocantes, vecinos que habían organizado la marcha a través de grupos de mensajería. En su comunicado rechazaron «formar parte de ningún grupo que aliente la violencia, el odio o el racismo», recordaron siglos de convivencia con «nuestros hermanos musulmanes» y condenaron actos violentos recientes, quema de asentamientos y gritos racistas. «No queremos violencia ni racismo en Ceuta».
Esa cancelación es el gancho del hilo de Samuel (@guidoprincesa). «Activada la fase 4. Como en Torre Pacheco, como en Paiporta», escribe. Y despliega un esquema en cuatro pasos:
- Se crea una situación de «caos total» en un territorio «por incompetencia, cobardía o interés político».
- Se deja a los ciudadanos «abandonados a su suerte durante días».
- Cuando esos ciudadanos, «psicológicamente desbordados, estallan», se prepara «la batalla del relato: ultras, extrema derecha, etc.».
- Llega la «escenificación»: se monta una escena para que la gente crea el relato.
Aplica el patrón a dos precedentes. En Paiporta, dice, no podían enviar grupos ultras porque se trataba de una catástrofe natural y «todo el que iba, iba a ayudar»; entonces, según su versión, se envió en helicóptero a «un grupo de élite de la Policía Nacional experto en grupos neonazis» tras las protestas contra Pedro Sánchez. «Para cuando ese grupo policial dejó claro que eran vecinos, no ultras, ya le habían dado la vuelta al relato». En Torre Pacheco, afirma, se permitió que un grupo extremista llegara «nada menos que desde Alicante» y entrara «sin que nadie les parara en un control»; después asaltaron un bar. «Ya tenían la batalla del relato ganada otra vez».
En Ceuta, el argumento geográfico es el núcleo de su acusación. «Es absolutamente imposible que ningún grupo ultra llegue sin la connivencia de Marlaska y sus mandos policiales, ya que sólo se puede entrar en helicóptero o en ferry, y hay capacidad operativa para pararlos antes». Por eso, sostiene, «lanzan el aviso de la llegada y otra vez a darle la vuelta al relato».
El cierre del tuit une abandono y prioridad informativa: los ceutíes «seguirán igual de abandonados que los vecinos de Torre Pacheco», pero «en sus medios te hablarán del peligro de la “extrema derecha”, no del peligro de una invasión que ha dejado casi cien muertos y decenas de niñas violadas».
Esa última frase mezcla un dato próximo a cifras forenses con una magnitud de agresiones que las fuentes judiciales no sostienen en esos términos. El Instituto de Medicina Legal de Ceuta ha hablado de 82 cuerpos recuperados tras las llegadas de finales de julio, de los que solo una parte había sido identificada semanas después. La Fiscalía, en cambio, ha contabilizado 16 agresiones sexuales con 17 víctimas —16 mujeres, en su mayoría menores y en situación irregular—, cinco de ellas violaciones; catorce de las víctimas habrían entrado a partir del 30 de julio. Varios reportes judiciales y periodísticos han subrayado que la mayoría de las víctimas identificadas son las propias migrantes, no «decenas de niñas» ceutíes. El tuit de Samuel usa esas muertes y agresiones como contrapeso moral al foco mediático sobre los «ultras»; las cifras oficiales existen, pero no coinciden del todo con la formulación que emplea.
Activada la fase 4. Como en Torre Pacheco, como en Paiporta.
Fase 1- Creas una situación de caos total en un territorio por incompetencia, cobardía o interés político.
Fase 2- Dejas a los ciudadanos de ese territorio abandonados a su suerte durante días.
Fase 3- Cuando los… https://t.co/ic04AuyM37
— Samuel (@guidoprincesa) August 29, 2026
Cómo encajan las tres piezas
Si se alinean los tres mensajes, la secuencia que proponen es esta:
Primero, el terreno. Hay un asentamiento que no es un campamento humanitario ordenado: vehículos-dormitorio, ventas irregulares, parcelas, gente en el monte, consumo de droga y alcohol, y —según Estrategias Militares— individuos que se presentan como policía o militares marroquíes. El canal dice haber llegado hasta ahí hablando árabe y bajando la tensión, no gritando.
Segundo, la hipótesis de mando. Taleb sostiene que Rabat no se limita a haber dejado pasar a «su gente», sino que ahora le pide escalar el roce con los vecinos. Si esa información fuera cierta, el Trampolín dejaría de ser solo un tapón migratorio y pasaría a ser un instrumento de presión interior. El comunicado no lo prueba; lo afirma.
Tercero, la batalla del relato. Mientras vecinos ceutíes cancelan su propia marcha nocturna para no mezclarse con «ultras» llegados —dicen— en las últimas horas, Samuel sostiene que esa llegada no puede producirse sin el visto bueno del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, porque Ceuta no es un pueblo de interior al que se llega en coche: o se vuela o se entra por ferry, y ambos flujos son controlables. El aviso de «ultras», en su lectura, no describe una amenaza sobrevenida, sino el decorado necesario para que el problema deje de llamarse invasión y pase a llamarse extrema derecha.
Los convocantes de la protesta, sin embargo, no hablan de connivencia ministerial. Hablan de no querer violencia, de convivencia histórica y de no prestar su movilización a quien quiera incendiarla. Fuentes vecinales citadas por EFE añadieron otro motivo práctico: evitar que consignas oídas en marchas previas permitan identificar las protestas locales con grupos ultra venidos de fuera, y dejar pasar al menos el fin de semana. Algunas informaciones sitúan la siguiente cita grande el 2 de septiembre, Día de la Autonomía.
Lo que cada fuente pide y lo que ninguna cierra
Estrategias Militares pide retorno a origen, documentar sin provocar y no regalar a nadie la excusa de un incidente. Taleb anuncia un «levantamiento» inminente y atribuye la orden a Marruecos. Samuel pide que no se trague el marco de los «ultras» y acusa a Interior de poder cortar esa llegada y no hacerlo.
Ninguno resuelve las contradicciones de cifra que arrastra la crisis desde julio: cuántos siguen realmente en la playa y en los montes, cuántos hay en recursos temporales, cuántos deambulan por el casco. El Gobierno ha hablado en distintos momentos de reubicaciones de 1.200, 1.500 u 1.800 personas; estimaciones periodísticas del asentamiento han oscilado entre 1.500 y más de 3.500 en horas de reparto de comida; Taleb habla de «centenares» que deambulan; una respuesta a su tuit habla de 5.000. La ciudad lleva semanas sin un censo público estable.
Tampoco queda zanjado, con los tres posts, si las personas que Estrategias Militares dice haber oído identificarse con la policía o el ejército marroquíes son infiltrados, fanfarrones, antiguos efectivos o una lectura forzada de lo escuchado. El canal lo presenta como hallazgo de investigación; no aporta en el hilo un listado verificable de nombres, unidades o matrículas.
Lo que sí queda alineado es el diagnóstico de abandono. Los tres textos, con lenguajes muy distintos —operativo, de inteligencia y político—, coinciden en que Ceuta no está siendo tratada como un problema de frontera y de orden público a resolver, sino como un escenario que se gestiona tarde, a trompicones y, según Samuel, también en el terreno de la propaganda.
El tablero de las próximas horas
El pronóstico de Taleb («próximas horas o días») y la noche de infiltración descrita por Estrategias Militares coinciden en el calendario con una ciudad que acaba de cancelar una protesta para no incendiarse y con un relato ya instalado en titulares: han llegado ultras. Si la escalada que anuncia Taleb se produce, el comunicado del canal explica por qué algunos actores del terreno evitan la bronca abierta: porque la bronca es, precisamente, el material con el que se escribe después la crónica de los «ultras» y no la de la playa parcelada.
Si no se produce, quedarán en el aire la orden que Taleb atribuye a Marruecos y la «fase 4» que Samuel da por activada. En cualquiera de los dos casos, el Trampolín sigue ahí: con gente durmiendo en vehículos extranjeros, con ventas en la arena, con laderas ocupadas y con una ciudad que, según el canal que dice haber entrado de noche sin romper nada, está sola.

