El 29 de agosto de 2026, Ferraz ha enviado a todos sus secretarios autonómicos, de Organización, de Política Municipal y portavoces municipales el Comunicado nº 268. No es un gesto de solidaridad. Es una orden de disciplina: no acudir a las concentraciones convocadas para el 2 de septiembre a las 20:00 horas ante los ayuntamientos de toda España.
La directriz es explícita. La presidenta de la FEMP —María José García-Pelayo, del PP— convocó esas concentraciones «de forma unilateral», «sin acuerdo» y «vulnerando el funcionamiento democrático» de la Federación. El PP, según el texto, está utilizando la FEMP y las federaciones territoriales «a nivel partidista» para ir contra el Gobierno y convertir la situación de Ceuta en «elemento de movilización y confrontación política». El PSOE no participará. El eslogan que cierra el argumentario es elocuente: «Ceuta sí. Su utilización partidista no». Firman María Jesús Montero, Rebeca Torró y Juanfran Serrano.
Junto a la circular circuló un dossier de 12 páginas que defiende la gestión de Pedro Sánchez y acusa formalmente al PP y a Vox de instrumentalizar la crisis, difundir bulos y alimentar discursos de odio.
Eso es el comunicado. Ahora, lo que revela.
Hoy 29 de agosto, la dirección nacional del PSOE ha remitido una directriz interna a todos sus cargos institucionales para cerrar filas y desmarcarse por completo de las manifestaciones convocadas para el próximo día 2 por la crisis migratoria de Ceuta.
Claves del documento:
-… pic.twitter.com/ppsRgSYdDu— Liberal Digital 🇪🇸 (@Liberaldig) August 29, 2026
Una ciudad española al límite y un partido que mira hacia otro lado
El 30 y 31 de julio entraron de forma irregular en Ceuta decenas de miles de personas —las cifras oficiales rondan las 70.000-80.000—. Un mes después siguen miles en la ciudad, entre ellos alrededor de 1.500 menores. Playas convertidas en campamentos, tensión vecinal creciente, incidentes, quemas de enseres, enfrentamientos y un hastío que ya no se esconde. Los ceutíes llevan semanas pidiendo que se les escuche y que no se convierta su ciudad en un CETI permanente.
Ante eso, el partido que gobierna España no manda a sus alcaldes y concejales a las puertas de los ayuntamientos a decir «estamos con vosotros». Les manda que se queden en casa. Porque la convocatoria no salió del consenso interno de la FEMP. Porque huele a PP. Porque podría convertirse en un escenario incómodo para Sánchez.
Esa es la prioridad: no la saturación de una ciudad española de 80.000 habitantes, no la convivencia destrozada, no los vecinos que llevan un mes sin normalidad. La prioridad es que ningún cargo socialista aparezca en una foto que el argumentario de Ferraz ya ha etiquetado como «confrontación».
El truco de siempre: llamar «humanitaria» a la crisis y «odio» a quien la nombra
El documento habla de «crisis humanitaria» y de «manipulación» por parte de la oposición. Es el manual sanchista aplicado a escala municipal. Si hay un problema real de fronteras, capacidad de acogida, seguridad y presión sobre los servicios públicos, no se discute la gestión: se discute el tono de quien protesta. Si hay tensiones en las playas de Benítez o El Trampolín, la culpa no es de haber dejado que la ciudad se desborde durante semanas: es de los «discursos de odio» y de quienes «legitiman la violencia».
Resulta especialmente cínico cuando el mismo partido que ahora exige «no equidistancia» ante la violencia ha tardado un mes en articular una respuesta que los propios barones socialistas —Page entre ellos— consideran insuficiente. Mientras Ferraz redacta circulares para que nadie se mueva el 2 de septiembre, en Ceuta hay socialistas que ya han roto con la línea oficial y vecinos que salen a la calle porque sienten abandono.
«Estamos con el pueblo de Ceuta», dice el comunicado. Pero les prohíben estar físicamente con ese pueblo el día en que media España iba a mirar hacia allí. La solidaridad del PSOE tiene un límite muy concreto: termina donde empieza el riesgo electoral para Sánchez.
Disciplina de partido contra una ciudad que pide no ser olvidada
Lo más revelador no es solo la orden de no asistir. Es el aparato que la acompaña: notas informativas para defender mociones en los plenos, argumentario de 12 páginas, consignas para todos los niveles territoriales. No es un partido que duda. Es un partido que ha decidido que la imagen del Gobierno vale más que el gesto institucional más básico: presentarse ante los ceutíes y decir que no están solos.
Pueden discutir si la FEMP actuó con todos los formalismos internos. Pueden discutir el calendario o el encaje político. Lo que no pueden hacer con credibilidad es presentarse como los defensores de Ceuta mientras ordenan a miles de cargos públicos que no den la cara el 2 de septiembre. Eso no es responsabilidad institucional. Es miedo a que la foto deje al descubierto lo que ya se ve en las calles de la ciudad: que la gestión ha llegado tarde, que la tensión es real y que el relato oficial no cuadra con lo que viven quienes están allí.
El 2 de septiembre habrá concentraciones ante muchos ayuntamientos. El PSOE ha decidido que sus cargos no estarán. No porque no importen los ceutíes. Sino porque, en la jerarquía de Ferraz, primero está proteger a Sánchez. Ceuta, como tantas otras cosas, puede esperar.

