InicioOpiniónEditoresCeuta será el escenario de la reaparición estelar de Fernando Simón (solo...

Ceuta será el escenario de la reaparición estelar de Fernando Simón (solo habrá dos o tres invasores como mucho…)

Sanidad ha enviado a Fernando Simón a Ceuta «para vigilar el riesgo epidemiológico» tras la entrada masiva de inmigrantes de finales de julio. El anuncio, difundido por ABC, suena a boletín de 2020 con el escenario cambiado: el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), el mismo que fue portavoz de la llamada pandemia, recorre campamentos de acogida y tiene previsto visitar el Hospital Universitario de Ceuta. El ministerio de Mónica García pide además hasta 45.000 vacunas —triple vírica, difteria-tétanos, varicela y polio— para inocular a quienes permanecen en la ciudad.

La noticia no es solo operativa. Es simbólica. Vuelve el hombre que personificó el relato sanitario del Gobierno: el experto que habla, el resto calla, y la solución siempre apunta al mismo sitio: alarma, control y jeringuilla.

El currículum que deberían haber archivado

Fernando Simón no llega a Ceuta como un técnico anónimo. Llega como el rostro de una gestión que millones de españoles recuerdan con incredulidad. En enero de 2020 pronosticó que España no tendría, «como mucho, algún caso diagnosticado». Después llegó el estado de alarma, el confinamiento, las mascarillas contradictorias, los cierres, los pases y la vacunación masiva presentada como única salida moral. Quien se atrevía a dudar era un peligro público. Quien preguntaba por daños, por cifras reales o por proporcionalidad quedaba fuera del debate.

Seis años después, el mismo cargo, la misma lógica. Hay hacinamiento, hay patologías clásicas de insalubridad —sarna, impétigo, gastroenteritis, varicela, tuberculosis— y, cómo no, se cita también el Covid-19, como si el talismán de 2020 siguiera teniendo poder hipnótico. El Gobierno niega el colapso y la ministra sostiene que asociar inmigración y enfermedad es «injusto y xenófobo», al tiempo que envía al epidemiólogo estrella y pide decenas de miles de dosis. El mensaje es el de siempre: no hay problema… pero hay que vacunar, vigilar y que hable Simón.

Eso no es coherencia. Es teatro.

No nos creímos el cuento entonces y no nos lo creemos ahora

Quienes no compramos la narrativa de la pandemia no vemos en esta misión un acto de salud pública desinteresado. Vemos el reciclaje de un dispositivo político. Primero se construye el «riesgo epidemiológico». Luego aparece el experto de cabecera. Después llegan las vacunas «preventivas» para una población de la que, admite el propio ministerio, no se puede acreditar el estado vacunal. La imposibilidad de documentar se convierte en pretexto para inocular a granel.

La vacunación no es aquí un acto clínico individual, informado y voluntario. Es un reflejo institucional. Ante cualquier concentración de personas en malas condiciones, la respuesta no es orden, higiene, repatriación o control de fronteras: es el lote de 15.000 triples víricas, 10.000 de difteria-tétanos, 10.000 de varicela y 10.000 de polio. El cuerpo del inmigrante —y, por extensión, el de la ciudad que lo recibe— vuelve a ser el soporte de una política que confunde salud con protocolo y protocolo con obediencia.

Ceuta no necesita un gurú mediático. Necesita que dejen de tratar cada crisis como si fuera el ensayo general de otra emergencia sanitaria nacional.

La contradicción que no pueden sostener

El Gobierno sostiene dos tesis a la vez. Una: los inmigrantes «no traen enfermedades»; si enferman, es por las condiciones de ahora. Dos: hay que desplegar vigilancia epidemiológica de alto nivel, mandar a Simón y vacunar a decenas de miles. Si el riesgo es tan menor como dice Mónica García cuando le hablan de confinamiento, ¿para qué el espectáculo del CCAES? Si el riesgo es real, ¿por qué acusar de xenofobia a quien señala el hacinamiento, los brotes y la presión sobre el hospital?

Feijóo pidió confinar Ceuta por riesgo sanitario; Sanidad lo tildó de «injustificado y desmesurado». Al mismo tiempo, el ministerio refuerza equipos, envía a su máximo responsable de alertas y activa el mecanismo de solidaridad vacunal. No hay doctrina sanitaria. Hay gestión de titular: ni tanto ni tan calvo, según el micrófono.

Simón encaja perfecto en ese doble lenguaje. Su especialidad no ha sido nunca la claridad, sino la frase que baja la guardia el martes y justifica el mando el jueves.

Ceuta como laboratorio, otra vez

La ciudad autónoma no es un escenario neutro. Es frontera, es presión migratoria y es un sistema sanitario pequeño al que se le pide absorber una entrada masiva y, encima, sonreír cuando el ministerio niega el colapso mientras las enfermeras denuncian lo contrario. Mandar a Fernando Simón no alivia esa tensión. La convierte en relato: «estamos encima», «hay experto», «hay vacunas». El problema deja de ser político —quién entra, en qué número, en qué condiciones, con qué retorno— y pasa a ser «epidemiológico», es decir, territorio reservado al CCAES y vedado al ciudadano.

Ese truco ya lo vimos. Funcionó mientras duró el miedo. Después quedó el descrédito.

El hombre al que no habría que volver a llamar

Hay funcionarios útiles en silencio. Fernando Simón no es uno de ellos. Es una marca. Su presencia en Ceuta no tranquiliza a quien recuerde 2020; alarma precisamente por eso. Cada vez que reaparece, el Estado dice sin decirlo que la caja de herramientas sigue siendo la misma: alerta, experto, vacuna, descalificación del crítico.

Quienes rechazamos la fábula pandémica y la vacunación como sacramento no pedimos que se ignore la suciedad, la sarna o la tuberculosis. Pedimos lo contrario: que se llamen por su nombre, que se gestionen como lo que son —problemas de orden, higiene, capacidad hospitalaria y frontera— y que no se recicle al sacerdote de la emergencia para consagrar otra ronda de dosis.

Si Ceuta tiene un riesgo, no se resuelve con el hombre que ya nos dijo que no pasaría nada y luego nos dijo que había que parar el país. Se resuelve dejando de usar la salud pública como telón de un Gobierno que no controla la entrada y pretende controlar el relato.

Artículo anterior
EsDiestro
EsDiestro
Es Diestro. Opinión en Libertad
Artículo relacionados

Entradas recientes