Una gran lección

Para muchos, la palabra “apocalipsis” hace referencia a una futura hecatombe. Para mí, la hecatombe tuvo lugar en el pasado, cuando nuestras democráticas autoridades violaron los derechos más sagrados de la ciudadanía con la excusa de una pandemia que, al final, resultó ser otro de sus turbios negocios.

Desde entonces me siento, como en una nueva época, que podemos llamar “postapocalíptica”, en la que todo parece posible.

Solo así se explica que, mientras los moros invaden el sur del país, en la ciudad que habito (Sita en el este) estén celebrando sus afamadas fiestas de moros y cristianos (Declaradas de interés cultural y hasta turístico), en las que recrean la reconquista de España, por parte de los cristianos.

Sin duda, se trata de la fiesta más patriótica que puede concebirse pues ¿qué es esta España que conocemos sino lo que surgió de aquella reconquista? Pero ¿qué es ser patriota? ¿Pueden sentirse así los ontinyentinos, desfilando, emborrachándose y hartándose de jamón, mientras los ceutíes no pueden salir de casa? ¿No implica el patriotismo un cierto sentimiento de compasión, de identificación con aquel al que se compadece? ¿No es por eso que lo llamamos compatriota? ¿No son los compatriotas aquellos que están dispuestos a ayudarse en caso de hecatombe? ¿No es una hecatombe lo que está sucediendo en Ceuta?

El caso es que, no todos los que se disfrazan de moros y cristianos, son conscientes de lo que significa la celebración en la que participan (Tanto es así que los hay catalanistas y también ateos). Tal vez un día entiendan que, los reconquistadores, antes que castellanos, extremeños o navarros, eran cristianos que lucharon contra sarracenos; tal vez un día entiendan que, si España gastó tanto, “en guerras religiosas”, no fue tanto por defender ciertos ritos como por defender ciertos valores cristianos, que después se llamaron “humanos”. ¿No eran esclavistas los enemigos del imperio español? ¿Existiría hoy la Declaración de Derechos de las Naciones Unidas si no hubiera existido la Escuela de Salamanca?

En cualquier caso, no me hago muchas ilusiones, porque conozco a algunos de esos festeros inconscientes y sé que su mollera es muy dura. ¡Con decir que me retiraron la palabra durante el “apocalipsis” y aún no me la han devuelto, y todo porque no me dejé violar! Pero lo que no pueden ignorar, ni aún queriendo, es que solo su orgullo impide la unión, imprescindible para poder defenderse de las hecatombes. Cierto es que hay pocas cosas más difíciles que tragarse el orgullo pero nadie esperaba que lo hiciera Ritchie Blackmore, y mira que gran lección nos dio.

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