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Tiranicidio y Tradición

Por Alfonso de la Vega

Por desgracia comprobamos que demasiados dirigentes actuales en Occidente son corruptos, tiránicos, y traidores. Y algunos o muchos pervertidos absolutos. Curiosamente en este posmoderno siglo XXI parece volver a ponerse de actualidad la antigua polémica sobre la legitimidad del tiranicidio entre los tratadistas cristianos tanto católicos como reformistas del siglo XVI y XVII en el marco de sus guerras espirituales y político-económicas. Una cuestión, la del tiranicidio, que ya procede al menos desde la Antigüedad clásica y también fuera muy común entre los teólogos de la Edad Media. 

En España es conocida la figura del jesuita Juan de Mariana que publicó en Toledo un polémico libro llamado De Rege et Regis Institutione el no tan lejano año 1599. Sobre todo después de la segunda edición de Maguncia en 1605 que tendría mayor difusión que la primera, hay que decir que la Compañía trató de desligarse de las teorías que consideraba demasiado subversivas o poco convenientes para sus propias políticas de control del poder. En 1608 se dispuso la creación de las reducciones jesuíticas de Paraguay. En 1610 se prohibió a los jesuitas defender públicamente a su compañero y a sus teorías. 

La cuestión que se planteaba es si era lícito o no matar al tirano. El Padre Mariana tenía muy claro el caso del tirano por usurpación. Ahí poca polémica habría. Más difícil sería el caso del tirano de ejercicio: “Creemos que ha de sufrírsele mientras no desprecie las leyes del deber y del honor a las que está sujeto por razones de su oficio”. Pero cabría la resistencia contra “los que menosprecian las leyes y la religión del reino y desafían con su arrogancia y su impiedad al propio cielo”. Una resistencia que admitiría diferentes instrumentos o gradaciones, según los casos. Primero se trataría de destronar al tirano, pero si no fuese posible, en determinadas circunstancias se podría matar al príncipe como enemigo público con la autoridad del derecho de defensa. Estas circunstancias serían tales como “trastornar la religión patria y llamar al reino a nuestros enemigos.”Y es que “si el rey atropella la república, entrega al robo las fortunas públicas y las privadas y vulnera y desprecia las leyes públicas y la sacrosanta religión; si su soberbia, su arrogancia y su impiedad llegasen hasta  insultar a la divinidad misma, entonces no se le debe disimular de ningún modo.

El Padre Mariana no fue el único autor católico español en tratar la resistencia al tirano o del tiranicidio en nuestra literatura doctrinal. Así, por ejemplo, Pedro de Osma o Francisco de Roa. Incluso los más célebres, Domingo de Soto o el propio Francisco de Vitoria. Sin olvidar las prevenciones del libro 1 de Samuel en la Biblia. 

En teoría la democracia sería un buen instrumento para oponerse al tirano y la tiranía. Estamos comprobando que uno de los paradójicos instrumentos del NOM es la oclocracia o gobierno de la muchedumbre, de las turbas. Si vale la conceptual contradicción entre gobierno y turbas. Viene a ser una fórmula producto de la degradación de la democracia que está sucediendo en todo Occidente: lo WOKE es una de sus manifestaciones.. Sabemos que también los otros sistemas políticos aristotélicos pueden degenerar. Así la monarquía puede degenerar en tiranía o la aristocracia en oligarquía, cuando se olvida el bien común como acción inspiradora del gobierno. Según Polibio, Oclocracia es el fruto de la degradación demagógica cuando se llena de ilegalidades y violencias al servicio último de la plutocracia escondida.

En perspectiva mundial, se trataría de una etapa promovida por los globalitarios para destruir las sociedades como paso previo a instaurar su tiranía. En cada país se instrumenta a su modo. Ahora, tras la aparente ruptura del pacto de la Transición entre Borbones y socialistas se está ensayando una curiosa y al parecer transitoria e inestable monarquía oclocrática u oclocracia coronada. Una vacatio legis singular en las que las leyes no se aplican si no le convienen al Poder, ni tampoco se respetan los derechos humanos ni constitucionales. Se perpetran leyes o actuaciones contra la constitución y no pasa nada. 

Quizás lo más curioso en esta oclocracia posmoderna sea la subversión programada como mohatra promovida por los mismos subvertidos. Una subversión paradójicamente enmucetada y subvencionada por el Poder. Un Poder oculto de carácter plutocrático que mueve los hilos y un Poder manifestado institucionalmente con sus agentes ocupando puestos claves de la politeia para hacer justo lo contrario de lo que se supone que cabría esperar de lo que sus instituciones representan. De aquí, por ejemplo, la actual amenaza incluso a la Corona si no se doblega. Así pues, ya no es de extrañar la paradoja que sea el gobierno de Su Majestad una de las principales fuentes de subversión contra Su Majestad y la propia constitución “vigente” en la que pretende legitimar dicho gobierno. Es un primoroso rizar el rizo del clásico atentado de falsa bandera. Sí, no olvidemos que la oclocracia es una forma falaz de tiranía en la que el tirano se esconde tras las por él excitadas bajas pasiones del populacho que le apoya con o sin trampas.

Ahora bien, más allá de los graves aspectos morales, ¿en verdad es útil el tiranicidio? Siempre habrá otro futuro tirano de repuesto dispuesto a igual servicio. Quizás lo más novedoso de la situación actual sea esa visión de “oclocracia” como forma democrática degradada de un paradójico Fuenteovejuna, Señor

¿Tiene remedio la UE u Occidente en general solo cambiando de gobierno? En este momento el problema ya está tan viciado que solo la recuperación de instituciones basadas en los grandes valores metafísicos permitiría tratar de recomponer la civilización, necesitada de recuperar la identidad y valores secuestrados por esta nueva modalidad de tiranía.

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