InicioOpiniónColaboradores¿El su¡c¡d¡o de la Monarquía?

¿El su¡c¡d¡o de la Monarquía?

Por Alfonso de la Vega

Por muy acostumbrados que ya estemos por la trayectoria histórica de la dinastía borbónica una de las cosas que más llaman la atención entre tanto escándalo es el silencio incomprensible sino fatalmente cómplice del rey. Un rey que de modo notorio y reiterado infringe sus juramentos de cumplir y hacer cumplir la constitución. Sobre el porqué de tan lamentable comportamiento cabría especular mucho y diverso pero ninguna de las hipotéticas razones resulta plenamente satisfactoria.

A juzgar por sus palabras y gestos oficiales, a diferencia de Alfonso XIII su biznieto se cree lo de la democracia y vigencia constitucional durante su reinado en su infortunado reino. Incluso premia a gente con tales pretextos. Sin embargo, Raimundo Lulio en un famoso libro dedicado a otro rey explicaba que  “La nobleza de corazón no la pidas a la boca, porque no siempre dice la verdad, ni la pidas al vestido honrado, porque debajo de un honroso manto puede haber un corazón vil y flaco, en que haya maldad y engaño”. 

Para algunos su extraña conducta acaso obedecería a alguna suerte de trauma psíquico o complejo desarrollado durante su infancia y juventud, de su pésima educación en exceso protegido por su madre. O a sus similitudes con su abuelo materno.

Cabría la posibilidad de que imitase a su poco ilustre antecesor Fernando VII, el mayor de los hijos bastardos de la adúltera reina María Luisa de Parma, un traidor y cínico redomado: “Sigamos todos y, yo el primero por la senda constitucional.”

O que hubiera hecho el cálculo ingrato y equivocado de su bisabuelo cuando despidió a Primo de Rivera de que se podía pasar página sin mayor problema. Pero hoy, aunque la constitución no haya sido formalmente suspendida ni derogada y se mantenga el decorado y su tramoya el nivel de degeneración y deterioro institucional provocado por su gobierno es tan grave que probablemente el sistema haya quedado dañado irreversiblemente y no bastaría la mera sustitución del valido Sánchez aun en el caso, que hoy por hoy parece muy remoto, que tal cosa al final se produjese.

O que, como otro imbel Carlos IV esté dominado por su mujer, que le mantuviese avasallado como con una especie de amarre de magia negra caribeña.

Para otros observadores especializados y en completa coherencia con la que en realidad es la base o naturaleza de la Institución monárquica, el nepotismo, el equipo zarzuelero ha convencido de un modo u otro a Su Majestad que si quiere que su hija herede el momio el secreto está en esconderse, en disimular y no hacer nada a verlas venir. En efecto, se heredan cargos por parentesco automático sin tener en cuenta méritos espirituales, intelectuales, morales o políticos. De modo que bastaría con hacerse fotos en Palacio como otra acicalada decoración más junto a tapices o jarrones de porcelana o en desfiles primorosamente uniformado con toda la chatarrería medallista en la pechera.

Para otros el secreto estaría en ¿Algún tipo de chantaje? Pero en tal caso, ¿cuál sería la causa?

En mi opinión es probable que parte de responsabilidad de lo que ocurre se deba al proceso de descristianización desde la Transición por el que la fe y la moral cristianas pierden influencia, presencia y seguimiento en la vida pública y privada. Implica el paso de una sociedad con valores religiosos arraigados a una altamente secularizada e individualista. La sustitución de una moral sustentada en presupuestos religiosos o metafísicos por otra materialista, una forma de eudemonismo moral, para el que el fin supremo de la conducta humana es la búsqueda de la felicidad entendida en el plano material, y aún más cuando esa procura de prosperidad choca con los intereses de la oligarquía dominante, tiene infinidad de consecuencias. La frustración y resentimiento social. El debilitamiento de la conciencia del deber y de la propia responsabilidad individual. El menosprecio del sentido del honor y de la Justicia.

También el de caer en el error de una forma de entender la democracia como un fin en sí misma o valor religioso sustitutivo ya que un hombre despojado de lo sagrado, inculto en el plano espiritual no puede dar satisfacción a sus necesidades más profundas. Incluso en la propia percepción de la Monarquía con la pérdida de su significado tradicional, mítico, simbólico, una forma de solidaridad orgánica de protección donde acogerse, por una mera relación contractual en la que además su desempeño supone su incumplimiento pese a disfrazarse de blanco cuando interesa.

El caso cierto es que todo va manga por hombro, la inflación disparada, el nivel de vida a la baja, la seguridad ciudadana amenazada, la irrelevancia internacional alcanza cotas desconocidas. El fracaso de las instituciones no puede disimularse cuando ya apenas cumplen con su misión oficial. Los partidos dinásticos han demostrado su falta de patriotismo e incluso las querencias delictivas de su favorito, la PSOE acababan de ser condenadas afectando a sus máximas jerarquías. Un poderoso miembro de este partido dinástico  y ministro de la Corona acaba de ser condenado por el Supremo a casi un cuarto de siglo de prisión por diferentes y graves delitos entre ellos la corrupción y sin que los responsables hayan asumido cuentas políticas ni tampoco Su Majestad las haya exigido en nombre del propio prestigio y dignidad de la Corona.

En este momento, el principal y más fiel apoyo del gobierno de Su Majestad, aparte de la banda sanchista con sus hediondas cloacas, se encuentra en los tenebrosos herederos de ETA, la organización nacionalista criminal vasca, y en sectores agiotistas del PNV.

Para colmo, en lo que constituye una modalidad de golpe de Estado, se ha denunciado judicialmente que ciertas jerarquías socialistas que ocupan las instituciones conspiran para evitar el cumplimiento de las leyes y en su hasta ahora impunidad se permiten perseguir a los profesionales honrados que pese a todo intentan cumplir con sus obligaciones. Pero la actuación judicial va lenta, entorpecida para ver si se le consigue hacer naufragar, y mientras ni una palabra ni menos actuación de apoyo a las víctimas, como si nada tuviera que ver con él ni en lo personal ni como Jefe de Estado. Las tareas propias de la Política no deberían dejarse que se resuelvan en el ámbito de la Judicatura cuyo cometido es otro.

La gente tras medio siglo de régimen traga con todo, ¿no hay porqué preocuparse? O al menos, eso creía el almirante Aznar en la primavera  de1931 cuando convocó elecciones municipales y se consumó el suicidio de la Monarquía.

EsDiestro
EsDiestro
Es Diestro. Opinión en Libertad
Artículo relacionados

Entradas recientes