Profunda tristeza y justa indignación recorre a miles de católicos españoles ante la decisión de la Conferencia Episcopal Española de nombrar a Luis Ayala Cañón, economista con claros vínculos socialistas, como nuevo presidente de Cáritas Española.
Una vez más, los obispos españoles parecen haber optado por complacer al mundo y al poder de turno antes que defender la verdadera identidad católica de una de las obras más importantes de la Iglesia en España.
El pasado 24 de junio, la Comisión Permanente de la CEE designó a este catedrático de la UNED, de 60 años, para suceder a Manuel Bretón al frente de Cáritas.
Tomará posesión en octubre. Lejos de ser un nombramiento neutral, se trata de una decisión que muchos católicos percibimos como una rendición ante la ideología de ultra izquierda.
Luis Ayala Cañón no es solo un “experto en pobreza”. Es un economista que ha colaborado estrechamente con la Fundación Alternativas, conocido think tank del PSOE, y ha participado en informes y foros que alinean perfectamente con las políticas de Pedro Sánchez y Yolanda Díaz.
Ha criticado públicamente medidas del Gobierno del PP en Madrid y mantiene un discurso que prioriza lo económico y redistributivo sobre la conversión de los corazones y la caridad verdaderamente cristiana.
¿Es este el perfil que necesita Cáritas? ¿Un laico que se mueve con comodidad en los círculos del socialismo español?
Muchos católicos fieles gritamos con razón: ¡No!
Cáritas no es una ONG más. Es el brazo caritativo de la Iglesia Católica. Su misión no es promover políticas públicas de izquierdas ni servir de altavoz a ideologías que han combatido históricamente a la Iglesia. Su misión es vivir y anunciar el Evangelio a través de la caridad, atendiendo al pobre en cuerpo y alma, respetando la Doctrina Social de la Iglesia en su integridad, no solo en sus aspectos sociales más cómodos para el progresismo.
Es una traición a los donantes y a los fieles. Son innumerables los católicos que durante años hemos donado nuestro dinero, nuestro tiempo y nuestras oraciones a Cáritas pensando que ayudábamos a la Iglesia a cumplir su mandato divino. Ahora muchos nos sentimos engañados. En redes y en conversaciones en sacristías se repite lo mismo: “No pienso dar ni un euro más mientras Cáritas esté dirigida por alguien con este perfil”.
Es una indignación justa. Nadie puede obligar a los fieles a financiar con su esfuerzo una organización que parece más preocupada por alinearse con el Gobierno de turno que por defender la fe.
¿Dónde están los católicos de verdad? ¿Dónde están los laicos que combinen competencia técnica con fidelidad plena al Magisterio, a la vida, a la familia y a la verdad católica? ¿Por qué siempre se premia a los dialogantes con el poder y se margina a los fieles?
Este nombramiento no es un error técnico. Es un síntoma grave de la descristianización que sufre buena parte de la jerarquía española. Mientras los seminarios se vacían y las iglesias se cierran, algunos obispos parecen más interesados en quedar bien con el mundo que en ser sal y luz para España.
Los católicos fieles no estamos dispuestos a callar mientras entregan una de las instituciones más queridas de la Iglesia a perfiles ideológicamente dudosos. Exigimos coherencia, fidelidad y que Cáritas vuelva a ser católica de verdad, no un apéndice del mundo woke reinante, ni de la Agenda 2030.
Los católicos ya hemos tomado nota.

