La doctora Kelly Turner, Universidad de California, Berkeley, realizó un minucioso seguimiento a más de 1500 casos de cáncer que, por un lado, ya fueron enviados a sus respectivos hogares porque no había nada que hacer o porque decidieron no seguir los terroríficos tratamientos de los tres cerditos: quimio, radio y cirugía. Y sin embargo, sanaron. Remisiones espontáneas, si les place la terminología en cuestión. Como resultado de su investigación pormenorizada y variada (sexo, nación, etnia, raza, religión, ideología, edad, circunstancia personal…), Kelly Turner identificó nueve cosas en común que esas personas llevaron a cabo (Posteriormente a la publicación del libro incorporó un décimo factor que es el ejercicio físico habitual y moderado). En escasos meses, de fase 3 ó 4, completamente terminales en muchos casos, a curación completa. Cualquiera que haya leído desprejuiciada y científicamente cualquiera de los dos libros sabe sobradamente que Turner no proporciona falsas esperanzas ni ofrece medicina barata. Facta non verba. Grosso modo, injustamente denostada, oncología integrativa.

Físicas
I. Modificar absolutamente la dieta. Completo rechazo de azúcares, glucosas, glutaminas, harinas, almidones que incrementan la inflamación. Grasas de origen animal (sin procesamiento previo), mucha moderación. Dieta alcalina/desacidificante y cetogénica. Y ayunos prolongados. Muy prolongados, agrego. Matar de hambre al cáncer, grosso modo, impidiendo que las células cancerosas cerdeen en sus charcos predilectos: hipoxia y acidez. Alimentos a potenciar: Vegetales crucíferos (brócoli, coliflor), ajo, cebolla, frutos rojos, té verde, cítricos y alimentos ricos en omega-3. Y frutos secos con alto contenido en magnesio y cobre: nueces, almendras y anacardos (este benemérita triada, desde luego, cruda).
II. Utilizar hierbas y suplementos: Complementar el bienestar corporal mediante fitoterapia (pueden explorar la micoterapia, altamente recomendable) y vitaminas. Té verde y cúrcuma, las joyas de la corona. Kalanchoe, el magnífico punto de fuga. Artemisia Annua, excelente. Los antecitados cobre y magnesio, ineludible. Y les dejo este artículo académico para que profundicen en este fascinante asunto.
III. Realizar actividad física (La décima clave que agregó en la revisión de su primer libro). Morigerado ejercicio, constante y sereno.
Mentales y espirituales
IV. Cura sui es un concepto filosófico latino que significa «el cuidado de uno mismo». Más que un simple lema, representa una antigua disciplina de vida practicada en la antigua Roma y Grecia, centrada en el autoconocimiento, el examen de conciencia y el equilibrio personal, tanto físico como mental. El diagnostico con cáncer debe ser el protagonista (solo o, si es su deseo, acompañado por un galeno que escolte y sugiera, nada más y nada menos). Investigar pues sobre la enfermedad y tomar las riendas de las decisiones de salud.
V. Seguir la intuición: Escuchar las “señales” físicas y emocionales que envía el propio cuerpo.
VI. Liberar emociones reprimidas: Limpiar y curar traumas del pasado, paralizantes miedos, agobiantes culpas, desesperanzas, resentimientos, desprecios, odios, envidias o rencores ocultos. Perdonar a quien no se lo merece. Estar en paz. Quietud. Ir difuminando definitivamente las spinozianas pasiones tristes.
VII. Desarrollar emociones positivas: Fomentar la alegría, el optimismo y la dicha diaria. El presente, un presente.
VIII. Aceptar el apoyo social: Permitir el cuidado, amor y acompañamiento del entorno más cercano. Incluso recurrir a la psicooncología.
IX. Profundizar en ligazones espirituales, ahondar en la idea de trascendencia, en Algo/Alguien supremo que nos «supera». Practicar de manera regular la meditación, la oración o la introspección.
X. Tener razones poderosas para vivir: Encontrar un propósito de vida claro, objetivos y metas que den sentido al futuro que podrías presumir henchido de posibilidades…
…En fin.

