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Una dimisión que sabe a poco

Por Alfonso de la Vega

Starmer, el depravado judío sionista anti cristiano protector de violadores y pederastas musulmanes, uno de los más degenerados dirigentes de la arrumbada y belicista Europa actual se ha visto forzado a dimitir.  Ojalá cunda el ejemplo porque con estos líderes y estas instituciones ocupadas por títeres malvados, gentuza miserable que en otros tiempos hubieran terminado ante la horca, la civilización occidental no tiene remedio.

El 16 de junio, mientras Prebost visitaba España para incitarnos a acoger invasores, el diputado británico Rupert Lowe presentó en el parlamento británico el «Rape Gang Inquiry Report», un documento de 219 páginas que ha sido descrito como el mayor escándalo institucional de la historia moderna del Reino Unido. El texto resumen oficial de la moción presentada en el parlamento dice así:

Esta Cámara toma nota de la publicación del Informe de la Investigación independiente sobre bandas de violadores, creada para examinar la explotación sexual organizada de niños en todo el Reino Unido; rinde homenaje a los supervivientes, denunciantes, padres, activistas y profesionales que prestaron declaración; expresa su profunda preocupación por los testimonios que detallan décadas de violaciones, trata de personas, violencia, asesinatos y abusos, junto con los repetidos fallos de las fuerzas policiales, las autoridades locales, los servicios sociales, los organismos sanitarios y los sucesivos Gobiernos a la hora de proteger a los niños vulnerables; además, toma nota de las conclusiones de la Investigación sobre la magnitud de la explotación sexual infantil organizada y la reticencia institucional a afrontar sus causas y características; cree que muchas víctimas no solo fueron abandonadas por sus agresores, sino también por las mismas instituciones encargadas de su protección; insta al Gobierno de Su Majestad a que se comprometa formalmente con las conclusiones y recomendaciones de la Investigación, a que proporcione una respuesta escrita completa al Parlamento, a que publique un calendario de actuación y a que indique qué recomendaciones tiene previsto implementar; e insta al Gobierno a que demuestre que ninguna consideración de sensibilidad política, relaciones comunitarias o temor a ofender volverá a tener prioridad sobre la protección de los niños.”

El Informe supone un aldabonazo a las conciencias. Las conclusiones son terroríficas y deberían provocar un antes y un después.

Reproducimos también el inicio del texto del diputado Rupert Lowe:

“Gran Bretaña no tiene un problema de racismo, tiene un problema de inmigración.

Como le ocurre a muchos británicos honrados y trabajadores, desconocía la magnitud del mal que hombres, principalmente musulmanes paquistaníes, han perpetrado y siguen perpetrando contra jóvenes blancas vulnerables en comunidades de todo el país. Sin embargo, la transcripción de una sola audiencia judicial de uno de estos casos atroces —difundida por Elon Musk a principios del año pasado— desencadenó una necesaria reflexión nacional sobre el tema, que inspiró a más de 20.000 británicos a financiar la investigación sobre las bandas de violadores. A continuación, se presenta un informe exhaustivo de sus conclusiones. Es fundamental que todos los documentos judiciales relacionados se conserven de forma segura, tanto por razones legales como históricas.

Agradezco a todos los miembros de mi equipo que han contribuido a sacar a la luz este capítulo infame de la historia británica. La combinación del miedo paralizante a las acusaciones de racismo y la lucha por conseguir votos de subculturas extranjeras permitió que la maldad se extendiera sin control. Y esta terrible experiencia aún no ha terminado. La raíz del problema fue la inmigración, que comenzó con la Ley de Nacionalidad Británica de 1948 y se intensificó bajo el mandato de Tony Blair a partir de 1997. Convencidos de que las naciones orgullosas eran responsables de la destrucción de Europa a mediados del siglo XX, nuestros líderes de la posguerra adoptaron la diversidad y el multiculturalismo como la supuesta alternativa civilizada. Este informe demuestra sin lugar a dudas que esta obsesión por la «sociedad abierta» ha propiciado, de hecho, una barbarie incalculable. El agua y el aceite no se mezclan, y las diferencias culturales, que se remontan a siglos atrás, son el origen de este problema.

Insto a todos los británicos a leer este informe completo. Es necesario aprender de los errores y enjuiciar a quienes, por su terrible cobardía, se negaron a resistir tales horrores. Asimismo, deben aplicarse las penas más severas posibles, incluso la pena de muerte, a quienes aún no han sido debidamente castigados, o a quienes no han sido castigados en absoluto, por sus crímenes viles e indescriptibles.”

Al menos 250.000 niños —blancos y de clase trabajadora o modesta— han sido víctimas de violaciones grupales, torturas, tráfico sexual y embarazos forzados. Los datos policiales respaldan estas cifras: en los últimos 20 años, más de 212.000 niñas menores de 16 años y más de 47.000 niños han sido víctimas de violación en Inglaterra y Gales. Los abusos se documentan en más de 140 distritos y condados de todo el país

Los agresores se referían a sus víctimas como «basura blanca» o «kuffar» (infieles), tratándolas como propiedad de la que disponer. El 87% de los condenados por estos delitos presentan nombres de origen musulmán, siendo en su inmensa mayoría de nacionalidad o ascendencia pakistaní. El imán Taj Hargey eleva la cifra al 95%.

El Informe revela que el pánico a ser acusados de racismo o islamofobia paralizó a las autoridades, que prefirieron dar la espalda a las víctimas e incluso criminalizarlas antes que enfrentarse a los delincuentes. La prensa mercenaria repite como un mantra que las autoridades británicas no actuaron por «miedo a ser acusadas de racismo». Pero un número tan grande de encubrimientos obedecería a más razones que al miedo a parecer racista.

Para otras fuentes habría habido una conspiración en las que estarían, como en el escándalo Epstein el amigo íntimo y cómplice en los crímenes del príncipe Andrés, ciertos servicios de inteligencia. El medio irlandés The Phoenix ofrece que una explicación alternativa al encubrimiento por miedo: “poderosas fuerzas estatales, incluido el MI5, toleraron los abusos para crear oportunidades de chantaje”.

La pregunta que surge es ¿quién promueve, protege y financia la inmigración masiva musulmana a Europa? La respuesta, el lector puede deducirla si descubre a qué país y gentes beneficia.

Sea quien sea el responsable último de algo tan monstruoso los implicados en sus diferentes niveles debieran desenmascarados y castigados con todo el rigor que permita la ley. La infancia es sagrada y es un deber para todos protegerla.

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