La conexión entre el pueblo nómada de los escitas de origen iranio (VII a.C/ IV a.C) y la serpiente se centra en su madre fundadora Equidna que tiene piernas de serpiente, la cual nos recuerda el logotipo de la cadena estadounidense Starbucks. Los escitas o sakas dieron como descendientes a los Sajones.
En la sala capitular de la catedral de San Bertrand de Comminges en Occitania (Francia), podemos observar a una escultura que representa a una mujer con alas de ángel y patas de reptil.

En la misma región, en la catedral de Santa María de Auch, Francisco I aparece representado como el rey David con un arpa ya que la Casa Real de Francia desciende de la estirpe davídica. Ahora solo nos queda observar lo que este rey francés, en quien se encarna el espíritu mismo del fundador de esta raza davídica tiende a mostrarnos, con el dedo índice de la mano derecha apuntando hacia sus pies.


Bajo la efigie, descubrimos un rey sapo cuya figura coronada de cuernos tiene patas de rana.
Es preciso decir que los reyes merovingios utilizaban el emblema de la rana como manifestación de su certeza de pertenecer al linaje inmortal de los reyes franceses. En efecto, la rana, a través de sus metamorfosis, simboliza el viaje espiritual hacia la inmortalidad. Es cierto que los primeros francos exhibían ranas en sus estandartes. Las tres ranas que adornan el escudo de Clodoveo (Clovis en francés), coronado rey en 481, son también tres flores de lis de los pantanos. Es decir que la representación de la rana de los merovingios se asemeja a la flor de lis de los Capetianos, las cuales más tarde se transformará en una abeja, de allí el apodo de María Magdalena como “Reina de las abejas”. En 1668, el fabulista Jean de La Fontaine cuyos cuentos son vehículos de conocimiento esotérico (lenguaje de los pájaros), describió la vuelta de un rey merovingio con su escrito «Las ranas que piden un rey”.

La dinastía merovingia, de la que descienden muchas familias reales, tiene como antepasado a Meroveo, padre de Clodoveo. La madre de Meroveo, esposa del rey Clodión el Cabelludo, que ya estaba embarazada, fue seducida y fecundada por la Bestia de Neptuno, parecida al Quinotauro, mientras se bañaba en el océano. Esta ascendencia de sangre reptiliana les dio a los merovingios un fuerte aura de magia y poderes sobrenaturales que poseían asimismo los reyes Atlantes. Se puede así explicar la mención de la Bestia que sale del mar en el capítulo 13 de Apocalipsis.
Los reyes merovingios eran descendientes de la tribu de Dan, los cuales, al igual que Sansón, juez israeli de la Tribu de Dan, tenían el pelo largo porque su fuerza y su poder radicaban en él. La Tribu de Dan (quinto hijo de Jacob) se había establecido cerca del Monte Hermón, justo donde habían descendido a la tierra los vigilantes, es decir, los ángeles caídos. Por esta razón, la tribu de Dan adoptó el símbolo de la serpiente o víbora, por escoger tener por heredad, un monte de maldición. Esta tribu practicaba la idolatría, daban culto a becerros de oro, a Baal o Astarot y por esta razón, está excluida de ser salvada por Dios en Apocalipsis. No es casual que, según la demonología tradicional, Baal sea un poderoso rey del infierno que manda sobre 66 legiones. En el grimorio Ars Goetia, se le representa con una cabeza de sapo.
Criaturas marinas, reptiles, ranas… las dinastías reales se mezclaron con seres del Inframundo nada recomendables. Ello se puede comprobar observando a estos anfibios humanoides en la fuente del Castillo de Versailles.


Y en este cuadro del iniciado Sandro Botticelli, “El nacimiento de Venus” donde vemos un mar en forma de serpiente con escamas de reptil. No debe sorprendernos ya que Venus representa a la figura de Lucifer, el lucero del alba y que Fra Lippi, tutor de Botticelli figura como onceavo Gran Maestre de la Orden del Priorato de Sión.
En realidad, las vírgenes negras, a las cuales rinden culto los merovingios, templarios, jesuitas, masones e incluso nuestro Papa actual Robert Prevost en Montserrat, no representan a la Virgen María y, ni siquiera a María Magdalena, tan adorada por el Priorato de Sión, sino que se refiere a la Diosa pagana de piel negra Venus (Roma) que es la misma que Isis (Egipto), Cibeles (Frigia) y Diana/Artemisa (Grecia/Éfeso). Hay que añadir que esta diosa original se representa por la estrella de 8 puntas.
Podemos ver aquella estrella en la Estrella de Brunswick que se utiliza para rodear el monograma real en las insignias de órdenes como la Orden del Imperio Británico y las insignias policiales y militares británicas. Además, esta estrella (tartésica o de Abderramán I) es un símbolo histórico de Al-Ándalus. En heráldica municipal española, está muy presente, como en los escudos de Medina Sidonia o Carmona. Además, algunas familias nobles españolas la incluyen en sus blasones, como el linaje Abad. Adicionalmente, la principal orden de Caballería asociada a esta estrella, aparte de la Orden Templaria, es la poderosa y nefasta Orden de Malta.

En el mundo islámico, la estrella de 8 puntas (Rub el hizb) es un símbolo tradicional en la heráldica y en el Corán. Es el elemento principal en el diseño de numerosos palacios presidenciales, sellos estatales, en los emblemas de Uzbekistán y Turkmenistán y simboliza las 8 puertas del paraíso islamico. Para más inri, el monumento erigido en memoria de las tres niñas asesinadas en Alcàsser en noviembre de 1992, tiene como base un octógono, con las niñas en el centro del mismo. Se puede relacionar este crimen ritual del satanismo con la estrella de 8 puntas de la diosa Venus.

