Por Alfonso de la Vega
En la corrompida finca de la Ursulina von der Trinken y en la Alemania belicista del no menos peligroso Merz, que quiere malversar su industria del automóvil para fabricar tanques y demás cachivaches bélicos asesinos, critican muy indignados y puestos en razón que el falsario presiente del gobierno de Su Majestad filipina actúe como los trileros de las Ramblas y juegue con la bolita presupuestaria cambiándola de cubilete en cubilete a gusto del pícaro estafador.
¿Dónde está la pasta? Los mal pensados que nunca faltan en este reino de arrebatacapas se malician que una parte pueda encontrarse en la tan frecuentada República Dominicana u otros paraísos fiscales de igual servicio socialista. Pero otra parte se destina a las prosaicas necesidades del ordinario o del culto como se decía en las antiguas colectas parroquiales. Desde luego no parece que vayan a reforzar la peligrosa lucha de la Guardia Civil contra el narcotráfico donde cientos de narcolanchas se pasean por el Estrecho como Pedro y Begoña por la Moncloa. Según se ha publicado y denuncian fuentes del sector Marlasca ha desmantelado unidades muy acreditadas en este desigual combate y escatimaría los medios para que las restantes puedan ejercer su labor con un mínimo de solvencia y seguridad. Él sabrá porqué.
De modo que con total arbitrariedad se utilizan a discreción fondos europeos establecidos para otros fines para Defensa o para pagar pensiones. Sí, incluso para pagar pensiones y el mes que viene la paga es doble lo que no deja de poner los pelos de punta. Todo ello sin contar las nuevos cientos de miles de menesterosos importados para tensionar más la cuerda y acelerar la temida quiebra del sistema.
En esta Monarquía fallida en la que nada es lo que parece por su nombre ya puede el Tribunal de Cuentas protestar al maestro armero por los engendros tramposos que le endiñan para ver si cuela. Mientras la feble oposición pepera reposa en su dulce letargo eterno vamos de escándalo en escándalo. Se escuchan atrocidades en sede judicial que afectan a ex ministros de la Corona y a su actual partido de gobierno que en cualquier país medianamente civilizado tendría graves e inmediatas consecuencias pero aquí no pasa nada.
En realidad, todo es producto de esta feliz gobernación anticonstitucional borbónica del vale todo por la que el Rey, ignorando sus propias atribuciones y responsabilidades constitucionales, consiente que su gobierno se salte la constitución no presentando los presupuestos generales del Estado en lo que constituye también una burla del Parlamento. O actuando despóticamente por decreto, sin aprobar leyes. Disfrutamos de una Monarquía parlamentaria en la que la tanto la Corona como el Parlamento son figuras decorativas, placebo nominal de incautos, parte de la abigarrada y onerosa tramoya del régimen que pagamos a precio de oro como si en verdad funcionase a favor del sufrido súbdito.
Debido a que no hay presupuestos aprobados la bolita va de partida en partida a gusto discrecional del gobierno de la Corona, intentando obviar así posibles figuras delictivas tales como prevaricación, malversación de fondos públicos, apropiación indebida, cohecho… donde no hay Ley no hay delito. Todo un logro innovador de la Monarquía filipina que disfrutamos. Una impostura que finge ser lo que no es.
Pero cabe comentar algo más esta idea. El malestar español de hoy tiene que ver con la inversión no solo jurídica sino también moral capaz de ordenar la vida común. En cierto modo contra las ideas expuestas en el propio Preámbulo de la C78. Ahora se suele considerar parte de la guerra cognitiva, pero nuestra tradición cristiana utilizaba una palabra categórica para definir esta inversión del orden moral: lo diabólico. Esto es lo que se puede observar en la Monarquía actual. Un poder ordenado al bien común busca aliviar el sufrimiento, limitar la codicia y organizar la sociedad para que el fuerte no aplaste al débil ni aumente la injusticia social. En su impostura el poder diabólico necesita promover las heridas. Necesita generar y mantener pobres, indignados, endeudados, enfrentados, humillados y temerosos. La razón no estaría tanto en la incapacidad de resolver esos problemas sino en que precisamente tales problemas se convierten en el capital de supervivencia de los demagogos que dominan la actual degradada civilización occidental. El poder que promueve y administra el hambre se presenta luego como benefactor. El poder primero rompe el contrato y tejido sociales pero luego cobra por “arreglarlo”. Ni siquiera se molestan ya en mantener la ficción de vigencia constitucional.
Hoy gran parte de la cultura pervertida por el Wokismo fomenta lo bajo, lo efímero, lo degradante y lo feo. Se ridiculiza la virtud, se glorifica el capricho y se presenta el vicio como liberación. Donde debería haber bondad, verdad y belleza que eleven el alma, se promueve el vacío, la frustración y la depresión. Una sociedad que deja de cultivar el alma empieza a provocar su decadencia. No siquiera necesita represión si consigue que la gente ya no busque verdad, la belleza o el sentido. Es suficiente con mantenerla distraída, excitada, embrutecida, resentida o cansada y en esto colaboran las instituciones cuya misión es evitarlo.

Corrupción, impostura, desfalcos, catástrofes. calamidades, sufrimientos… van quedando para las hemerotecas. Porque al final, la elección es: O seguimos la lógica de la tradición del Cristianismo que trata de redimir el sufrimiento y elevar el espíritu o seguimos la lógica diabólica, que usa el sufrimiento ajeno para afirmarse. La Corona tradicionalmente católica y ahora cabeza de este entramado WOKE habría elegido la alternativa equivocada.

