Más alucinógenamente falsario que los pangolines, lo del guarrísimo turisteo de los ancianos holandeses deviene abracadabrante polla en cebolla. Por otro lado, recuerden que a la par que los negociadores de la Organización Mafiosa contra la Salud (OMS) abandonaban la ciudad masónica por antonomasia, Ginebra, el pasado 1 de may (dia Illuminati con tomati), sin conseguir cerrar el anexo clave que debía activar el tratado global contra las plandemias infaustamente aprobado en 2025, brotaba «casual» el farsavirus del austral albañal. La secuencia —fracaso diplomático un día y payasada satanitaria al siguiente— pone en flagrante evidencia la ontológica imposibilidad de las casualidades. Y menos en política, criminal, pura redundancia. De todas formas, en escasos días, del 18 al 23 de mayo de 2026, durante la 79.ª Asamblea Mundial de la Salud (AMS79) los cerditos lo volverán a intentar. Sobre todo, rubricar la parida de las paridas: el denominado Acceso a Patógenos y Distribución de Beneficios (APBS), esencial para la aplicación ya del todo totalitaria y liberticida del tratado.

¿Cortina de humo?

Puede ser, quizá, la explicación más plausible para esta nueva estafa, toda la puta vida igual, sea la cutredistracción del teatro de guerra intermitente que el infame e infecto emperador Trump (junto a Netanyahu, liderando la coalición Epstein) está escenificando, tanto para el anestesiado populacho por un lado, como para Wall Street y el comercio de petróleo y gas por el otro. Desguace, pues, de los suministros planetarios. Las apuestas a corto, medio y largo plazo enriquecen a los multimillonarios, aún más; entretanto depauperan, otra vuelta de tuerca, a los curritos que cobran un salario diario cada vez más miserable…

En fin.

