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Se investigan en EE.UU. las misteriosas muertes de 11 científicos con acceso a programas aeroespaciales y nucleares

Una ola de muertes y desapariciones de científicos y técnicos vinculados a proyectos altamente sensibles ha generado gran preocupación en Estados Unidos. El FBI ha asumido la coordinación de una investigación para determinar si existe alguna conexión entre al menos once casos (11) ocurridos entre 2022 y 2026. Todos los afectados tenían acceso, en mayor o menor grado, a información clasificada relacionada con programas aeroespaciales, propulsión avanzada, investigación de fusión nuclear y tecnologías de defensa.

Aunque las autoridades insisten en que todavía no hay pruebas concluyentes de un complot, espionaje o sabotaje sistemático, el perfil de las víctimas y la concentración temporal de los incidentes han llevado al Congreso a tomar el asunto con la máxima seriedad. Algunos legisladores republicanos del Comité de Supervisión han hablado abiertamente de una posible “conexión siniestra”.

Entre los once científicos figuran:

  • Mónica Jacinto Reza (desaparecida el 22 de junio de 2025): Directora del grupo de procesamiento de materiales en el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA y co-inventora de una superaleación (Mondaloy) utilizada en motores de cohetes de nueva generación. Desapareció mientras hacía senderismo en el Bosque Nacional de los Ángeles, a solo 30 metros de su acompañante.
  • Nuno F.G. Loureiro (diciembre de 2025): Director del Centro de Ciencia del Plasma y Fusión del MIT. Fue asesinado a tiros frente a su domicilio en Brookline (Massachusetts).
  • Carl Grillmair (febrero de 2026): Astrofísico del Centro de Procesamiento y Análisis de Infrarrojos (IPAC) de Caltech, especializado en exoplanetas y corrientes estelares. Fue abatido a tiros en el porche de su casa en Llano (California).
  • William Neil McCasland (desaparecido el 27 de febrero de 2026): General retirado de la Fuerza Aérea de 68 años, con una dilatada carrera en investigación aeroespacial y programas especiales del Pentágono. Desapareció de su domicilio en Albuquerque (Nuevo México), dejando atrás el teléfono, las gafas y otros dispositivos.
  • Otros casos incluyen a científicos del JPL como Michael David Hicks y Frank Maiwald, antiguos empleados del Laboratorio Nacional de Los Álamos (Anthony Chávez y Melissa Casias) y otros perfiles con acceso a infraestructuras nucleares.

Varios de estos investigadores trabajaban en tecnologías de vanguardia: materiales para propulsión espacial, detección de asteroides, física del plasma y fusión nuclear.

La pregunta que inquieta bastante: ¿sabían algo que no debían contar? Uno de los aspectos que más alimenta la preocupación pública es el siguiente interrogante: ¿estos científicos poseían información sensible sobre avances en los supuestos viajes espaciales o en armamento nuclear que pudieran haber estado a punto de revelar? Hasta la fecha no existe evidencia pública que demuestre que alguno de ellos estuviera preparando una revelación o actuando como “denunciante”. Sin embargo, el hecho de que varios tuvieran acceso a proyectos clasificados —incluyendo tecnologías de propulsión avanzada, investigación de fusión con posibles aplicaciones duales (civiles y militares) y, en algunos casos, vínculos indirectos con estudios de fenómenos anómalos no identificados (UAP)— ha hecho que esta hipótesis cobre fuerza en redes sociales y en ciertos círculos de análisis.

Especialmente llamativos resultan los perfiles de Mónica Reza, vinculada a materiales críticos para motores de cohetes; el del general McCasland, con experiencia en programas especiales aeroespaciales y el de Nuno Loureiro, uno de los principales expertos mundiales en física de plasmas y fusión.

La especulación está dividida pero lo que más se menciona es que alguien decidió silenciarlos antes de que pudieran hablar.

Las autoridades federales tratan las diferentes teorías con cautela. El FBI ha confirmado que busca “posibles conexiones” entre los casos, en colaboración con el Departamento de Energía, el Departamento de Defensa y la NASA, pero subraya que muchos incidentes tienen explicaciones iniciales individuales (tiroteos, desapariciones durante actividades al aire libre o causas no especificadas públicamente).

El Congreso han solicitado información detallada a las agencias implicadas. El Comité de Supervisión de la Cámara ha advertido que estos hechos podrían representar una “amenaza grave” a la seguridad nacional. «Expertos» consultados recuerdan que los laboratorios como el JPL o Los Álamos emplean a decenas de miles de personas y que, estadísticamente, un cierto número de fallecimientos y desapariciones puede ocurrir en cuatro años.

Mientras la investigación sigue su curso, la duda persiste en la opinión pública: ¿se trata de una trágica serie de coincidencias o hay algo más grave detrás? De momento, no cuentan que haya pruebas concluyentes de que estos científicos “fueran a contar algo” explosivo sobre supuestos viajes espaciales secretos o tecnologías nucleares. Pero el mero hecho de que el FBI y el Congreso hayan elevado el caso a nivel federal indica que no se descarta ninguna hipótesis.

(Por Lourdes Martino)

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