Por Alfonso de la Vega
Se cumple un año del más famoso apagón que vieron los siglos, un logro insuperable del Régimen filipino causado por las malditas renovables que asolan nuestros campos, ocupando suelo fértil, favoreciendo la erosión y la destrucción de nuestro patrimonio natural, así como también nuestros bolsillos. Los olivos de Atenea, la diosa de la sabiduría, son salvajemente arrancados por las hordas agendistas. Como ciudadano e ingeniero agrónomo entiendo que la destrucción de olivares tradicionales perpetrada por el PP de Moreno es una barbaridad, un atentado ecológico brutal. Acaso nunca se habría hecho gala de mayor desprecio a la ciencia, al patrimonio natural y a la gente como ahora y cínicamente bajo pretextos ecologistas para encubrir el abuso de unos pocos. Un desastre con graves y peligrosas metástasis de consecuencias insólitas y no solo en cuanto a corrupción se refiere, que queda impune, tapada por el Régimen.
Veamos. Los descontentadizos de siempre critican que el reino de España no aprecie el extraordinario tesoro de la lengua española, la segunda más importante de Occidente. Maltratada, perseguida y saboteada por la malversación de los impuestos de los españoles aquí en algunas de las taifas más tribales del reino que prefieren sus limitadas hablas indígenas a la capacidad de participar de lo mejor de la Cultura y Literatura universales o de comunicación que ofrece el español. Con el pecado añadido de sabotear también así la conciencia de pertenecer a un entidad única nacional a mayor granjería de mercaderes y traidores.
Hubo un primer Renacimiento embrionario íntimamente ligado a España en la corte castellana y a la literatura y a los libros. Con un mecenazgo dirigido al rescate de los antiguos textos del mundo grecolatino, en el que participa de modo decisivo el mundo judío sefardita, interesado en promover el español como lengua culta en detrimento del latín, lengua eclesiástica y entonces de cultura por excelencia. El Renacimiento nace en España cuando el español se convierte en la nueva lengua de cultura universal sustituyendo apenas al latín. Es un retorno, una mirada a la cultura clásica en un momento que trata de sacudirse las trabas estéticas, filosóficas e ideológicas de la Edad Media, aunque acaso sin una ruptura tajante. Y un resultado añadido: el florecimiento de la libertad de conciencia.
En el proceso desalfabetización y de servidumbre anglosajona en que nos encontramos se olvida que la propia hegemonía del español proviene en parte de la influencia judía sefardita en la obra de la Escuela de Traductores de Toledo. En el siglo XII bajo la protección del cluniacense don Raimundo, Arzobispo de Toledo y Gran canciller de Castilla. Entre los más conocidos traductores estaban Gundisalvo, arcediano de Segovia y el sefardita Juan Hispalense, que traducía los textos al romance español antes de que el arcediano los fuera vertiendo al latín, la lengua eclesiástica del «enemigo». Los libros traducidos de materias tan sugestivas se propagaron enseguida por toda Europa estableciendo la fama de Toledo como centro de estudios orientales y el prestigio del español como incipiente lengua culta de interés universal.
Más tarde, la enorme obra científica de don Alfonso X El Sabio también sería realizada en parte relevante por judíos sefarditas bajo su protección, con parecidos métodos. El mismo rey Sabio, según la II Partida, la Ley XII del Título XXI establece dos formas de acceder a la nobleza: por saber y por bondad de costumbres. Debemos tener presente que la aristocracia del mérito y de la virtud, opuestas al nepotismo, la ignorancia y la corrupción, hacen y conservan a la Patria y posible la politeia o república aristotélica.
Es curioso que una gran aportación de la Cultura española al pensamiento filosófico occidental sea precisamente la Filosofía de la Voluntad. Filosofía que luego es recogida por vía de Baltasar Gracián por su traductor al alemán, Schopenhauer en el conjunto de su obra filosófica y en especial en El Mundo como Voluntad y representación. Es tarea fundamental, ahora que más pronto más tarde habrá que reconstituir el Estado si queremos sobrevivir como nación, que el nuevo Estado sirva para potenciar o al menos no obstaculizar la asunción de unos valores personales y sociales dirigidos a aspectos numinosos o espirituales. Voluntad y Pensamiento. Conocer los logros de nuestra Cultura. Nuestra historia, en tantas ocasiones gloriosa y digna de admiración.
Hoy, en esta España a oscuras, la voluntad parece quebrada, las élites borbónicas tan opuestas a las alfonsinas, han traicionado a la nación y una de las formas de esa traición es la cultural y el intento de erradicar el español en parte de la geografía nacional empleando para mayor cinismo a las instituciones monárquicas sostenidas con los impuestos de los propios españoles. Se desaprovecha una posibilidad de restablecer la influencia cultural española en el mundo basada en su magnífica lengua que se supone debiera promocionar el Instituto Cervantes si no menguara su capacidad de influencia al fomentar limitadas hablas regionales.
No obstante, el reino de España ha encontrado otra utilidad impensada al Instituto Cervantes además de colocar paniaguados afines. Una nueva utilidad que tiene que ver con las mal llamadas energías renovables, causantes del apagón cuyo aniversario recordamos. El embargo judicial de sus sedes en el extranjero para pagar los descomunales pufos de las energías renovables promovidas por el tenebroso ZP. Un doble apagón el de la cultura y el de la energía que lesiona la sociedad española. Toda una alegoría del fracaso borbónico actual.
¡Pobre Cervantes! Es como si le persiguiese el diablo por haber escrito una de las obras más importantes de la humanidad. Cabe recordar que don Miguel de Cervantes fue encarcelado en la Cárcel real de Sevilla en 1597, no porque fuera autor de un desfalco cometido por él, sino por las irregularidades económicas derivadas de la quiebra del banquero Simón Freire en el que depositó la recaudación de impuestos que nuestro genial escritor gestionaba. Pero, como ahora el propio Instituto de su nombre, pagó platos rotos que no le correspondían.
Sin embargo, la luz de Cervantes, con o sin Instituto embargado, en como la de un potente cuásar que brilla desde la lejanía en la más negra oscuridad del agujero negro del Régimen ¡Qué ella nos ilumine!

