La película (o más bien, el panfleto autofinanciado con aires de catarsis) Sidosa (2026), dirigida por Lluís Galter y Màrius Sánchez, con Eduardo Casanova como protagonista y Jordi Évole de copiloto sentimental, promete un «viaje catártico lleno de humor, emoción, memoria y cine» sobre su diagnóstico de VIH a los 17 años. Según la sinopsis oficial, Casanova «ya no puede más» y necesita contarlo todo para combatir el estigma.
Pues bien, el público no parece haber respondido con el entusiasmo esperado. Solo unas decenas de almas caritativas (o con entradas regaladas) se plantaron en las salas. Y entre ellas, uno de los comentarios más brillantes, demoledores y, sobre todo, hilarantes de FilmAffinity ha pasado a la historia de las críticas cinematográficas. Firmado por el usuario ToW de Almería, con una puntuación de 1/10, y votado como útil por más de 170 personas. Merece ser reproducido casi entero porque es oro puro:
«Soy una de las 50 personas que fui al cine a verla ya que me regalaron una entrada y no sabía de qué iba. El caso es que dije, a caballo regalado no le mires el diente y además, en esta vida no hay que ser desagradecido. Después de 10 minutos viéndola sentí que ese no era mi lugar y que preferiría estar en el estrecho de Ormuz pilotando un petrolero llamado Fuck Trump con la bandera de Israel. Así que decidí irme discretamente. Lamentablemente, éramos tan pocos que era inevitable ser visto y juzgado, así que fingí desmayarme. El caso es que fingí demasiado y el golpe que pegué contra el suelo me provocó una conmoción cerebral. Después de una semana ingresado en el hospital he de decir que mereció la pena.«

Este texto es una obra maestra del humor negro español. En pocas líneas, ToW consigue lo que el documental entero no logra: ser memorable, ingenioso y devastador. La comparación con pilotar un petrolero en zona de alto riesgo geopolítico es tan absurda y genial que duele de la risa. Fingir un desmayo para escapar de la sala, acabar hospitalizado y concluir que «mereció la pena»… es cine del bueno. Del que Sidosa claramente no ofrece.
El resto de críticas en FilmAffinity no se quedan atrás en el sarcasmo. Otro usuario habla de «práctica onanista», de romantizar la irresponsabilidad y de cómo el filme parece diseñado exclusivamente para «trincar la subvención y correr». Difícil no darle la razón cuando el producto se presenta como una gran revelación en 2026, cuando el VIH es una realidad médica gestionable desde hace décadas y el estigma se combate con información seria, no con ejercicios de autoayuda televisiva.
Sidosa es el ejemplo perfecto de cine subvencionado que confunde lo personal con lo relevante. Casanova convierte su historia en espectáculo mediático con la complicidad de Évole, y el resultado es un documental que, según los pocos que lo han visto, ni informa, ni emociona de verdad, ni entretiene. Solo genera bochorno ajeno y ganas de salir corriendo (o de fingir un coma).
En un momento en el que el cine español lucha por llenar salas, estrenar algo así en cines (y no directamente en plataforma) roza el insulto al espectador. Gracias a ToW, al menos nos llevamos una carcajada memorable. Si el objetivo era visibilizar, lo único que ha visibilizado es lo insoportable que puede ser el postureo disfrazado de valentía.
Puntuación recomendada: 1/10. Y si te regalan la entrada… mejor dásela a alguien que realmente necesite una siesta larga. O un desmayo terapéutico.

