Por Alfonso de la Vega
Desde hace unos días está siendo la comidilla entre cierta prensa del higadillo que cubre las mejores hazañas de la Casa irreal. No es para menos, nos explican que la cuñada de don Felipe Borbón Schleswig-Holstein Sonderburg Glücksburg, Su Majestad el Rey de España y de Jerusalén, una tal Telma Ortíz Rocasolano hermana de la altiva consorte, desde hace meses no paga la renta de su mansión alquilada en La Moraleja, una emblemática zona residencial madrileña. Al parecer, según se afirma, debería ya a su infeliz o incauto casero la bonita suma de 60.000 euros, que representa un año de impagos y, sin solución a la vista, la cuenta no pararía de crecer y más aún si se empantanase criando telarañas en los juzgados.
Sin retrotraernos a la abigarrada y nutrida fauna de pícaros y busconas de nuestro siglo de oro, el gran Valle vería confirmada su lúcida afirmación de que «España es la deformación grotesca de la civilización europea». Y el sarcástico don Camilo, el del Premio, incluiría a tan literarios personajes en una nueva edición de su Tobogán de hambrientos. Tiemble después de haber reído al sopesar la moraleja.
Luego el progretariado y rojerío más irredentos o levantiscos se extrañan de que haya un grave problema de vivienda en el reino o que los escarmentados propietarios duden mucho en poner en peligro su patrimonio al alquilar sus bienes a posibles abusones, estafadores o desaprensivos. Aunque siempre queda la posibilidad de disfrutar de una impune patada en la puerta por el voluntarioso okupa que ni siquiera se molesta en firmar un contrato de arrendamiento para incumplirlo, total para qué andarse con papeleo y demás formalidades. Mucho notario que de fe pública, mucho oneroso registrador de la propiedad, muchos a cobrar sustanciosos impuestos, tasas y gabelas por toda clase de no servicios, pero a la hora de la verdad burla y corte de mangas al propietario y si te he visto no me acuerdo en este Estado fallido.
Si nuestros próceres más encumbrados y señalados se comportan de esta guisa, ofreciendo al populacho, tanto al dócil o sumiso como al más descontentadizo, una ejemplaridad de conducta tan sobresaliente, desde luego que se entiende tanta reticencia. La siempre filantrópica, buenista y generosa con el dinero de otros, legislación borbónica promueve y suele dejar impunes la picaresca abusiva contra los legítimos derechos de la propiedad, así por ejemplo, la vulnerabilidad adquirida o impostada como se deduce del caso.
Tanta solidaridad filantrópica internacional pero, de aceptar lo pretextado, luego se tiene a los cuñados vulnerables y medio muertos de hambre, Una pena que en la Casa real aparte de saldar la deuda con la víctima no le ofrezcan al cuñado algún socorro, aunque sólo sean las sobras de los banquetes palaciegos. Dentro de las mañas picarescas a veces se asocia a falsos divorcios o separaciones para mejor burlar al propietario y a una hipotética acción de la Justicia enredada en legislaciones alucinantes, o interminables “otrosí digo” y “estese a la parte”. Todo un repertorio de posibilidades oportunamente amplificadas por radio macuto que funciona de maravilla entre las numerosas gentes del hampa.
El problema no es tan difícil pero deviene insoluble cuando no se pretende solucionar. La perspectiva es a empeorar. La demanda aumenta con las invasiones descontroladas y la oferta está estancada por muchas razones además de las expuestas y en la que no suelen faltar las maravillas de los nuevos alquimistas que resultan ser muchos concejales de urbanismo capaces de convertir el plúmbeo suelo rústico en oro urbano.
Le deseamos suerte al pobre estafado aunque parece mentira que a estas alturas aún quede alguien que pueda confiar en ciertas gentes empoderadas del reino.

