miércoles, marzo 11, 2026
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¡Y no dimite! El escándalo Iceta: enchufes, pistolas y un sueldo de lujo

Nos estamos acostumbrando tanto a la corrupción, que noticias que deberían escandalizarnos están pasando sin pena ni gloria, como si fueran anécdotas menores en un país donde el enchufismo, los favores y los rescates millonarios con contraprestaciones personales se han convertido ya en rutina. El caso de Miquel Iceta es un ejemplo de ello.

Este personaje, con su cara de estudiante fracasado y bobalicón, ha escalado posiciones en el Gobierno sin apenas estudios universitarios –expulsado de la facultad tras repetir el primer año de Económicas cinco veces–, y ahora se pavonea como embajador de España ante la UNESCO en París, cobrando un sueldazo y viviendo gratis en una lujosa residencia frente a los Campos Elíseos.

¿Cómo es posible? Pues gracias a una red de favores, enchufes y escándalos que ya involucran a su marido, un tal Ángel García Rosique, y al omnipresente Koldo García, el exportero de puticlub y exasesor de Ábalos metido en todas las tramas de corrupción del PSOE. Recordemos los hechos, que son tan grotescos como indignantes. Iceta, sin título universitario que lo avale, ha ocupado cargos de alto nivel: ministro de Política Territorial de enero a julio de 2021, luego ministro de Cultura y Deportes hasta noviembre de 2023, y desde diciembre de ese año, embajador representante permanente de España ante la UNESCO. Un ascenso meteórico para alguien cuya mayor cualificación parece ser bailar en mítines, hacer la pelota a su jefe y sonreír con aire de despiste. Pero lo peor no es su currículum vacío, sino cómo ha usado su poder para beneficiar a su entorno, en un claro ejemplo de clientelismo socialista.

El escándalo estalla con el marido de Iceta, Ángel García Rosique, un inexperto piloto que, gracias a las gestiones de Koldo García, aterrizó en Iberojet –aerolínea del grupo Ávoris, fusionado con Globalia– apenas dos meses después de que el Gobierno de Sánchez rescatara a la empresa con 320 millones de euros públicos, según publicaba El Español esta semana. Sí, el mismo Globalia que incluye a Air Europa, salvada por el erario público en plena plandemia. Los mensajes de WhatsApp incautados por la Guardia Civil revelan cómo Koldo movió hilos para colocar a García Rosique, tras múltiples mensajes insistentes de éste en los que, por cierto, le llamaba «coleguita». Iceta agradeció efusivamente a Koldo el haber «colocado» a su maridito: «Muchísimas gracias! Hoy empieza el resto de mi vida. Sin ti no hubiera sido posible (…)»

¿Tráfico de influencias? Por supuesto. ¿Consecuencias? Ninguna. Pero el pastel no acaba ahí. La trama se oscurece todavía más con las pistolas. Según el medio mencionado, García Rosique compró armas a la red de Koldo, intermediando el propio exasesor para que adquiriera una pistola Astra 3000 calibre 9 mm procedente de intervenciones de la Guardia Civil.

Los chats muestran cómo Koldo le enviaba fotos de pistolas al marido de Iceta, quien respondía entusiasmado: «La que esté mejor, coleguita!! O la más antigua». Y no contento con eso, intentó guardarlas en la vivienda oficial de Moncloa, donde vivía con Iceta durante su etapa ministerial, solicitando incluso un armero en el complejo presidencial.

Ángel García Rosique, marido del exministro Miguel Iceta (Imagen de El Español)

¿Un piloto comprando armas de dudosa procedencia a través de una trama corrupta y queriendo almacenarlas en la sede del Gobierno? Por cierto, en esta foto parece Jack Nicholson en ‘El resplandor’. Da miedo pensar subirte a un avión y que ese tipo lo pilote.

Mientras tanto, Iceta disfruta de su exilio dorado en París. Como embajador ante la UNESCO, cobra un sueldo que supera los 220.000 euros brutos anuales, con complementos por residencia en el extranjero, trienios y gastos pagados. Y no en cualquier cuchitril: vive gratis en una residencia oficial rehabilitada con más de 660.000 euros de dinero público,
frente a los Campos Elíseos, el corazón lujoso de la capital francesa.

¿Y dimite? ¡Por supuesto que no! En este circo político, los Iceta del mundo siguen en pie, riéndose de la decencia pública. Iceta, con su sonrisa bobalicona, encarna lo peor de la política con cero vergüenza. Sabe que la tormenta mediática durará un par de días y el caso, como tantos otros, se olvidará.

¡Y no dimite!

(Por Lourdes Martino)

 

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