Por Alfonso de la Vega
La publicación de los supuestos papeles secretos del golpe del 23F no estaría dando demasiadas sorpresas hasta ahora salvo el que a estas alturas aún se siga con el interesado y mohatrero mito de la Transición del rey salvador de la “democracia”. En realidad quien hizo fracasar el golpe paradójicamente fuese el ahora fallecido Tejero. Pero la primera gran incoherencia si eso fuese verdad es por qué entonces a don Juan Carlos se le ha forzado a un humillante exilio y su hijo le trata como a una especie de apestado y ni siquiera le deja pernoctar en su palacio de la Zarzuela. Una bonita forma de agradecer los servicios prestados. Que se critique al rey emérito la comisión de lo que no deja de ser práctica habitual progresista y feminista, pero corregido y aumentado entre los acusadores proxenetas, puteros, corruptos, comisionistas, es otra sublime incoherencia. No, los socialistas por muy feministas, protectores de la famélica legión y parias de la tierra que se pretendan no están como para dar muchas lecciones de moral y buenas costumbres.
El falsario y los oligarcas ocultos que le pusieron o sus colaboracionistas golpistas catalanes y herederos etarras tenían claro que don Juan Carlos disponía de carisma, astucia, carácter o de cierta autorictas, de los que carece su hijo de modo que estorbaba sus planes despóticos y totalitarios de devastación nacional. Y que, con todos sus defectos o debilidades, habría sido un enemigo difícil a la hora de intentar romper el sistema de la Transición. Habría constituido un especie de katejon paulino valga el símil religioso. De modo que forzaron la abdicación lo que contaba con manipular a favor la ambición de su hijo, tradición borbónica tantas veces demostrada. Así. Carlos IV y Fernando VII o don Juan y el propio don Juan Carlos, sin ir tan lejos. Y no solo la abdicación sino forzar el exilio para alejar la posible influencia patriótica que pudiera haber ejercido sobre su hijo que, enfrentado además al resto de su familia, quedaba a merced de los enemigos de la Monarquía.

¿Qué se pretende? El tiempo lo revelará. De momento cabe especular con diferentes hipótesis.
En principio, de continuar la tesis oficialista de un rey que el pobre era tan ingenuo y confiado no sabía nada de lo que llevaban preparando su propio preceptor y otros generales monárquicos de su máxima confianza, y que en el golpe del 23 F nos salvó de la “malvada extrema derecha” viene a mejorar la degradada imagen actual de la Monarquía en ciertos sectores de la sociedad. Pero, si se ha venido intentando deslegitimar a don Juan Carlos ¿por qué se saca esto ahora? Es posible que cuando convenga aparezcan más datos que demostrasen un papel diferente del oficialmente hagiográfico reconocido. Esta pudiera ser una de las claves del objeto último de la maniobra. Cabe recordar, mal comparando, los famosos papeles de Epstein que van viendo la luz por fases a gusto y conveniencia del que desclasifica.
En efecto, ¿Se trata de salvar al régimen partitocrático oligárquico o de salvar al falsario? ¿En que coinciden ambas cosas y en qué no?
Repasemos sucintamente hitos del proceso histórico. Desde el 73 se han producido varias “acciones estratégicas violentas” con importantes repercusiones para el Poder: El magnicidio del presidente Carrero, el autogolpe del 23 F, el 11M, la abdicación forzada de don Juan Carlos y lo que cabe especular se pudiera estar planteando para terminar con la Monarquía.
El magnicidio de Carrero imposibilitó la continuidad de un cierto franquismo sui generis después de la muerte del general. Don Juan Carlos se veía libre de un tutelaje indeseado.
En otro paso más el autogolpe benefició a Borbones y socialistas, eliminando las últimas resistencias del ejército a la deriva del nuevo régimen socializante y fragmentador. También favoreció debilitar la menguante soberanía española, provocando el ingreso de urgencia en la OTAN sin ninguna compensación, pero supuestamente buscando consolidar la democracia y la seguridad tras el 23F.
El 11M favoreció a los socialistas y puede entenderse como el origen del actual proceso de devastación institucional y nacional.
La abdicación de don Juan Carlos, tanto por su auctoritas personal como por su potestas en calidad de garante de la constitución eliminó uno de los últimos obstáculos.
Pero el gobierno ha demostrado tener el poder de manipular el relato. Un relato que no es compensado con argumentos por la falsa oposición y protegido sino impuesto por leyes liberticidas como las de memoria democrática. Probablemente uno de los motivos más inquietantes de esta iniciativa sea sacar a relucir el fantasma de la «malvadísima extrema derecha», enemiga común de la Monarquía y de la «democracia». En una primera fase sirve al impostado argumento de que hay que defender a la Monarquía de la extrema derecha, en este caso VOX, calumniado pretendido heredero de los militares golpistas. Argumento del que parece ser partícipe el propio don Felipe, a jugar por algunas de sus estupefacientes declaraciones más recientes. Se trataría de mantener el régimen partitocrático hoy por méritos propios en sus horas más bajas de credibilidad. Política ficción: llegado el caso el relato “justificaría” la ilegalización de VOX o similares, además de la censura y represión en RRSS mientras se prepara una futura ruptura definitiva, bien mediante la profundización del vaciado de facto de la constitución como ya ahora viene sucediendo. O bien en el momento oportuno una ruptura avalada por una reforma constitucional que incluyese la forma de gobierno, intentando liquidar la Monarquía presentada como último residuo del franquismo, junto con unos jueces “fachas” que se niegan a obedecer las filantrópicas órdenes del socialismo. “De la ley a la Ley”, como otrora sostenía don Torcuato. Una ruptura que a la luz de la historia es de temer que pudiera ser traumática y seguir a otra falsa bandera.
Pero de no precipitarse los acontecimientos del proceso de fondo antes hay que “ganar” las próximas elecciones generales, si es que al final no quedase más remedio que convocarlas. De modo que hay que cambiar el electorado mediante el Reemplazo.

Otro factor de incertidumbre es la verdadera realidad del enfermo imaginario, cosa que ni Moliere nos aclara. Una condición que lo mismo pueda ser manipulada con la estrategia de la farsa de control mental del «pobre de mí». Una lucecita sufrien que se sacrifica y brilla en palacio velando por el bienestar de los desagradecidos súbditos.
Claro que todo pueden ser meras lucubraciones propias de noches de insomnio pues se trataría de otra simple cortina de humo más.

