En lo que se describe como un movimiento de supervivencia política y «alto voltaje», el Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado la desclasificación inmediata de los documentos del 23-F, adelantándose a la reforma de la Ley de Secretos Oficiales que permanece bloqueada en el Congreso. Esta decisión no busca solo la transparencia, sino que, según las fuentes, forma parte de una estrategia deliberada para desmantelar el «mito» fundacional de la Monarquía de 1978 y pavimentar el camino hacia la III República.
El fin del «mito» de Juan Carlos I
El relato histórico oficial sitúa al Rey Juan Carlos I como el salvador de la democracia frente al asalto de Tejero. Sin embargo, la apertura de estos archivos busca exponer las supuestas «zonas de sombra» y contradicciones de la Jefatura del Estado en 1981.
Las fuentes sugieren que los documentos podrían confirmar que el General Alfonso Armada, conocido como el «Mirlo Blanco», actuó bajo la convicción de que contaba con el respaldo de la Zarzuela para instaurar un «Gobierno de concentración». Se detallan encuentros previos al golpe en Baqueira (enero y febrero de 1981) entre el Monarca y Armada, donde se habría discutido el malestar militar y la necesidad de «quitarse de encima» a Adolfo Suárez. Al erosionar la figura del Emérito, la estrategia de Sánchez busca golpear directamente la legitimidad de Felipe VI, dado que la institución se considera históricamente indivisible.
El horizonte de la III República en 2031
El texto vincula esta maniobra con una ambición de permanencia en el poder que va mucho más allá de la actual legislatura. Sánchez habría diseñado un plan revolucionario para ser proclamado Presidente de la III República en 2031, coincidiendo con el centenario de la Segunda República. Para asegurar este objetivo, la estrategia incluiría:
- Ingeniería demográfica y electoral: Se menciona un plan para modificar el censo mediante la incorporación masiva de millones de nuevos votantes (descendientes de republicanos y población extranjera) ajenos a la tradición política del 78, con el fin de perpetuarse en el poder.
- El plebiscito definitivo: Ante la pérdida de popularidad y el «calvario electoral» que auguran los sondeos en las regiones, el Gobierno planea convocar un referéndum entre Monarquía o República. Este movimiento serviría de moneda de cambio para garantizar el apoyo de Junts y ERC, ofreciéndoles una alternativa a la independencia mediante una nueva estructura estatal republicana.
Un líder cercado: «¿La cárcel o la Moncloa?»
La urgencia de esta «bomba» informativa coincide con una crisis profunda en el Ministerio del Interior y una creciente oposición interna dentro del socialismo. Según las fuentes, Sánchez se encuentra en una situación de «todo o nada», enfrentando rumores sobre su salud y un rechazo social creciente que lo sitúa en un dilema personal: «o la Moncloa o la cárcel».
Por su parte, los socios parlamentarios ya han comenzado a presionar para que la desclasificación sea total. Gabriel Rufián, portavoz de ERC, ha exigido que se incluyan no solo los sumarios, sino el registro completo de las llamadas telefónicas que entraron y salieron del Congreso aquel 23 de febrero, buscando cualquier hilo que conecte directamente la asonada con el Palacio de la Zarzuela.
El papel de Tejero y el fracaso del plan original
El artículo también recupera detalles de cómo el golpe original de 1981 fracasó por una «carambola» del destino. Según los documentos citados, el plan de Armada de un gobierno de unidad con socialistas y comunistas se truncó cuando Antonio Tejero se negó a aceptar a «rojos» en su junta militar, montando en cólera y abandonando a Armada a su suerte dentro del hemiciclo. Ahora, cuatro décadas después, la publicación de estas tensiones internas pretende ser el arma definitiva para liquidar el régimen constitucional actual.

