jueves, marzo 5, 2026
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Parece que la narrativa sobre Julio Iglesias se les desinfla a los «Diarios Escolares»

En los últimos días, lógicamente antes de la tragedia ferroviaria de Adamuz, el panorama mediático español estaba dominado por las denuncias contra Julio Iglesias por presuntas agresiones presentadas por dos exempleadas en sus mansiones en República Dominicana y las Bahamas. La historia, impulsada por una supuesta investigación de tres años de el Diario.es, dirigido por Ignacio Escolar, en colaboración con Univision, generó un revuelo inicial, pero rápidamente han surgido detalles que cuestionan la solidez de la información. Varios medios han destacado elementos contradictorios sobre las denunciantes, como mensajes cariñosos enviados después de los supuestos hechos y la existencia de una cuenta en 0nlyFans por parte de una de ellas. Mientras tanto, el Diario que se jacta de su rigor periodístico, parece haber pasado por alto estos aspectos clave, exponiendo las grietas en su enfoque ideológico.

La denuncia, presentada ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional en España, acusa a Iglesias de agresión sexval y trata de personas, basándose en testimonios de una empleada doméstica y una supuesta fisioterapeuta que trabajaron para él en 2021.

Medios como BBC Mundo, Univision y DW cubrieron la noticia, destacando que las mujeres describen un ambiente coercitivo con acciones no consentidas, tocamientos y humillaciones.

Iglesias, de 82 años, respondió negando rotundamente las acusaciones en un comunicado en Instagram, calificándolas de «absolutamente falsas» y expresando su tristeza por el asunto.

Sin embargo, otros medios han revelado detalles que complican el relato. Libertad Digital informó que una de las denunciantes mantenía una cuenta erótica en 0nlyFans, plataforma conocida por contenido adulto, lo que plantea preguntas sobre su perfil y sus motivaciones.

Además, se han filtrado mensajes cariñosos que una de ellas habría enviado al cantante después de los presuntos abusos, lo que contradice la narrativa de victimización absoluta.

El Diario de Escolar presume de haber dedicado tres años a esta investigación, entrevistando a 15 exempleados y recopilando documentos como mensajes de WhatsApp y registros médicos. Su director ha enfatizado el rigor del proceso, afirmando que «no hemos dado este paso sin estar muy seguros» y que involucraron a abogados para revisar cada detalle. Sin embargo, ¿cómo es posible que en tres años no detectaran o incluyeran los mensajes cariñosos post-hechos o la cuenta de 0nlyFans? Estos detalles, que emergieron rápidamente en otros medios, socavan la exhaustividad de su trabajo y sugieren un sesgo selectivo: enfocarse en lo que encaja en una narrativa de abuso de poder, ignorando lo que podría cuestionar la credibilidad de las denunciantes.

Escolar ha repetido en múltiples ocasiones que su medio practica «periodismo riguroso» e independiente. Pero recordemos el error garrafal con David Lafoz, el joven agricultor de 27 años que se quitó la vida en julio de 2025 tras meses de acoso institucional por sus protestas en defensa del campo español. El Diario lo presentó erróneamente como una víctima de la DANA cuando en realidad su muerte fue un su¡cid¡o motivado por presiones de inspecciones laborales y fiscales. Este patinazo expone la ligereza en la verificación de hechos, especialmente cuando no encajan en agendas progresistas.

Condenas Rápidas sin Pruebas

La rapidez con la que ciertos periodistas progresistas condenaron a Iglesias sin esperar a pruebas judiciales es otro síntoma de este periodismo ideológico. Julia Otero, en su programa de radio «Julia en la Onda», no dudó en tildar al cantante de «miserable», afirmando que «tener todo el dinero, el poder y el éxito no exime a nadie de ser un miserable». Almudena Ariza, por su parte, recuperó y compartió en redes un vídeo de 2004 en el que Julio Iglesias besa insistentemente a la presentadora Susana Giménez (amiga y defensora del cantante) durante una entrevista. Ariza lo calificó como «un vídeo que retrata a Julio Iglesias», destacando que genera rechazo hoy y pone el foco en «conductas de poder y abuso que durante años se normalizaron» en televisión, vinculándolo directamente al contexto de las denuncias por abuso y acoso.

Esta estampida mediática progresista contrasta con la presunción de inocencia que defienden en otros contextos, revelando un doble rasero: condenar rápido cuando el acusado no encaja en su ideario.

Al final, lo que parecía una bomba periodística se desinfla como un globo pinchado. Las omisiones de el Diario, sumadas a sus errores pasados cuestionan si su «periodismo a pesar de todo» no es más que un panfleto ideológico disfrazado de rigor. Tres años para una historia que ignora detalles clave sobre las denunciantes –mensajes cariñosos y OnlyFans– sugiere que la agenda prevalece sobre la verdad. Mientras Iglesias pide archivar la denuncia alegando falta de jurisdicción española, el relato de este medio se cae a pedazos, confirmando que, en el ecosistema progresista, la prisa por condenar a figuras como Iglesias prima sobre los hechos. Periodismo de rigor, ¿dónde?

(Por Lourdes Martino)

 

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