Este domingo 18 de enero, alrededor de las 19:40 horas, se produjo uno de los peores accidentes ferroviarios en la historia reciente de España en las proximidades de Adamuz, en la provincia de Córdoba. Un tren de alta velocidad operado por Iryo, que cubría la ruta entre Málaga y Madrid con 317 personas a bordo, descarriló en los desvíos de entrada a la vía 1 de la estación técnica de Adamuz, invadiendo la vía contigua. En ese momento, circulaba en sentido contrario un tren Alvia de Renfe, que realizaba el trayecto Madrid-Huelva, y colisionó con los vagones descarrilados del Iryo. Como resultado, los dos primeros vagones del Alvia cayeron por un terraplén de cuatro metros de altura. El impacto ha sido calificado por expertos como «tremendamente extraño» y «difícil de explicar».
Hasta el momento, el saldo provisional de víctimas es devastador. Fuentes oficiales confirman al menos 41 fallecidos. Además, se reportan entre 122 y 152 heridos, de los cuales 48 permanecen hospitalizados, con 12 en la UCI y varios en estado crítico. Familiares de desaparecidos han recurrido a las redes sociales para buscar información, reportando dificultades para contactar con las autoridades desde las 21:00 horas del domingo. Los servicios de emergencia, incluyendo más de 220 efectivos de la Guardia Civil con drones y unidades especializadas en huellas y ADN, continúan las labores de rescate. Algunos vagones aún no han sido accesibles, lo que podría aumentar el número de víctimas. Adif ha habilitado el teléfono 900 10 10 20 para afectados, mientras que Iryo ofrece asistencia en el 900 001 402.
La investigación, liderada por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) y apoyada por la Guardia Civil, ha revelado hallazgos preliminares alarmantes. Fuentes cercanas confirman que se han detectado varios trozos de vía rota, incluyendo una junta (eclisa) fracturada que creó un hueco en el raíl, con signos de desgaste prolongado. Este elemento fue fotografiado a unos 180 metros de los vagones del Alvia por el Equipo Central de Inspecciones Oculares (ECIO). Adif corrobora la presencia de estos tramos rotos, pero el Ministerio de Transportes advierte que, hasta completar el análisis, no se puede determinar si son la causa del descarrilamiento o una consecuencia del impacto. El tren Iryo fue inspeccionado por Hitachi Rail el 15 de enero sin anomalías detectadas.
El presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, ha descartado un error humano o exceso de velocidad, ya que los trenes circulaban entre 210 y 250 km/h bajo el sistema de seguridad LZB. En su lugar, apunta a un posible fallo en el material móvil o la infraestructura. Una hipótesis principal es la rotura de una soldadura en el carril antes de los cambios de vía, lo que podría haber provocado el descarrilamiento de los últimos tres vagones del Iryo (6, 7 y 8).
Expertos consideran que el escenario fue el «peor posible»: un descarrilamiento con invasión de la vía opuesta justo cuando pasaba otro tren. La discontinuidad en la vía podría deberse a una rotura previa, un mal tránsito por el cambio de agujas o incluso una rueda defectuosa. Sin embargo, la evidencia apunta fuertemente a problemas en la infraestructura, con la junta rota como factor clave. La vía había sido renovada completamente en mayo de 2025, pero esto no descarta desgastes posteriores.
El accidente no surge en un vacío. En junio de 2025, los maquinistas alertaron sobre vibraciones y «golpetazos» en el tramo, solicitando reducir la velocidad máxima a 250 km/h por considerarlo «peligroso». El Gobierno rechazó estas peticiones, negando motivos técnicos. Además, Adif registró al menos siete incidencias en el entorno de Adamuz durante 2025, relacionadas con la catenaria, señalización e infraestructura, la última el 23 de diciembre. El Partido Popular interrogó al Senado sobre estas en septiembre. El Sindicato de Maquinistas (Semaf) había denunciado repetidamente el deterioro de las vías en varias líneas de alta velocidad. Un conductor habitual del tramo Málaga-Madrid ha confirmado que las quejas eran constantes, y que en puntos peligrosos reducían velocidad por iniciativa propia.

