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La Casa Real entra en campaña electoral

Por Alfonso de la Vega

Durante la ceremonia de la entrega de premios de su nombre celebrada el pasado viernes, antes de la majestuosa costalada de la consorte, la Princesa de Asturias leyó un discurso que cabe interpretar en clave electoral de apoyo al status quo socialista y en contra de lo que considera “de descreimiento y desigualdades, de conflictos, extremismos, populismos, guerras tecnológicas, híbridas, realidades líquidas, realpolitik, amenazas, incertidumbre…” aunque no parecía querer referirse a las trampas y felonías perpetradas por el gobierno de Su Majestad. Un gobierno que con la constitución en la mano nunca debiera haber existido sin la colaboración real. Sin embargo, aunque los Borbones empezando por su escondido abuelo apoyen al PSOE, el PSOE actual parece que quiere romper su alianza desde la Transición para disfrutar del botín español solo.

La princesa hablaba con el desparpajo del impune con el que nunca va la cosa. Para muchos resulta una impostura su intento de mostrar empatía con la juventud española a la que el corrupto régimen monárquico le está arrebatando el futuro. Y retóricamente se pregunta por el sentido de mantener un sarao publicitario como este del teatro Campoamor de Oviedo. Voy a tratar de responder y aclarar algunas de sus dudas..

Si la Zambrano fue una gran pensadora republicana digna de respeto y admiración por su obra y por su vida Don Ramón de Campoamor y Camposorio fue uno de los escritores líricos más celebrados del siglo XIX. Sin embargo en su obra existen otras inquietudes no solo poéticas, y desde luego no del gusto estragado, zafio e ignorante que hoy promociona la política borbónica. Él mismo ensayó una especie de autobiografía dentro de El Personalismo. Como ideólogo o pensador destaca otro de sus ensayos Lo Absoluto sin olvidar las famosas Polémicas. Don Ramón era monárquico, sí, pero tradicionalista en las antípodas de esta peculiar monarquía woke bolivariana y es fácil deducir que de vivir se le revolverían las tripas de que su nombre se vinculase a estos saraos demagógicos. Una personalidad conservadora que tenía aversión a las turbas del populacho y temía y pensaba en la misma línea de Platón o Aristóteles que el sufragio universal o la democracia si se ejercía sin virtudes fácilmente usurparía el poder en propio beneficio y no en el del bien común para derivar en demagogia, oclocracia y tiranía. Todo un profeta de mérito porque en su época las cosas aún no habían alcanzado el nivel de deterioro y degeneración actuales, que tan complejas se le antojan a nuestra tierna princesa.

En Lo Absoluto, criticando las reticencias originadas por su discurso de ingreso en la Real Academia, Campoamor reafirma la importancia de la metafísica. Y nos hallamos ante un punto crucial, que la barbarie posmoderna woke pretende eliminar: la metafísica, intentando relegarla a una etapa cómo de una especie fósil más propia de una arqueología del pensamiento. Pero en realidad, se da la curiosa aunque no sorprendente paradoja de que, al contrario y no lo sepa la princesa, la visión tradicional está siendo recuperada crecientemente en toda Europa como una forma de rabiosa actualidad para intentar recomponer la civilización que está siendo arrumbada ante nuestros ojos, precisamente a través de una democracia degradada, de una oclocracia como la del régimen borbónico que sirve los más lamentables intereses plutocráticos. En cada nación van aumentando los movimientos tradicionales o patrióticos tachados de «extrema derecha» con sus diferentes características, peculiaridades nacionales y matices pero que no dejan de tener ciertas analogías comunes. Es decir, lo que la heredera y su padre desprecian.

Doña Leonor comenzó su principesca monserga recordando una cita de cortesía, propia de la ocasión, de la eximia pensadora doña María Zambrano premiada en 1981. Sin embargo, a la luz del texto restante de su intervención no parece que conozca muy bien la obra de la malagueña.  Creo que su semblanza de Antígona viene al pelo de lo que hoy aquí pasa. Además de la calamitosa constitución tenemos la Ley Natural, siglos de Cultura y de la mejor la tradición occidental.  Antígona es considerada emblema de los valores más elevados de la civilización occidental. Un personaje arquetípico que desafía la orden del tirano Creonte de no enterrar el cuerpo de su hermano fallecido. El tirano la acusa: “¿conocías el bando que prohibía eso?” Y la heroína le responde: “Lo conocía. ¿Cómo no debía conocerlo? Público era”. Y así, ¿te atreviste a desobedecer las leyes?  Y la valiente Antígona le contesta: «Como que no era Júpiter quien me las había promulgado, ni tampoco la Justicia, la compañera de los dioses infernales, ha impuesto esas leyes a los hombres, ni creí yo que tus decretos tuvieran fuerza para borrar e invalidar las leyes divinas, de manera que un mortal pudiese quebrantarlas. Pues no son de hoy ni de ayer, sino que siempre han estado en vigor y nadie sabe cuando aparecieron.  Por esto no debía yo, por temor al castigo de ningún hombre, violarlas para exponerme a sufrir el castigo de los dioses…”. Todo parecido con lo que pasa hoy en el reino de España con leyes inicuas socialistas es mera coincidencia.

Antígona constituye un arquetipo inmortal de plena actualidad siempre pero aún más hoy en el que la espiritualidad de la civilización se ve tan amenazada por los nuevos déspotas y sus cómplices. Sófocles nos expone el drama personal pero también político de su heroína rebelde ante leyes injustas contra la Ley Natural, leyes tiránicas contra las que es preciso rebelarse para salvar la propia condición de la dignidad humana. Pero no solo Sófocles, también Cicerón se pregunta: ¿los hombres pueden hacer bueno lo que es malo, y malo lo que es bueno? Antígona tenía una hermana, Ismena. Que no se atreve a seguir a Antígona y se busca excusas. Se lo afea la heroína: “Si te parece, haz desprecio de lo que más estimación tienen los dioses”. A lo que la acobardada Ismena contesta: “Yo no hago desprecio de eso; pero soy impotente para obrar contra la voluntad de los ciudadanos”. O bien, “De ningún modo conviene perseguir lo imposible”. Un primer sofisma: la voluntad del tirano Creonte no es la de los ciudadanos. La condición de ciudadanos es incompatible con apoyar el capricho del tirano. Y una cobardía, hacer lo fácil o lo que complace al poderoso en vez de lo que es debido.

Por desgracia en el reino de España tiranizado por “Creonte” existen más émulos de Ismena que de Antígona. Así, la Corona, último objetivo a derribar por la inicua Ley Amnistía o la de Memoria histórica. Que al no defender lo que tiene obligación moral y entiendo que también legal de hacer, pronto puede encontrarse con que tampoco va a tener a nadie dispuesta defenderla cuando los caprichos del tirano y sus compinches la coloquen de víctima. El arquetipo de Antígona contrasta con el pasmo de Su Majestad que cohonesta lo que sea y observa impasible la fatal devastación de Su Reino. Y don Felipe conoce el arquetipo de la heroína griega. La Familia real al completo estuvo en agosto de 2020 en Mérida para asistir a una función en su magnífico teatro romano. Se representaba la Antígona de Sófocles. La España de hoy se parece cada vez más a la tiranía de Creonte. Y si en España hubiera hoy una figura política relevante que está en las antípodas morales, de compromiso político y valentía para enfrentar la adversidad de la tiranía, virtudes representadas por la gran heroína griega esa sería la de don Felipe. Y que si esto sigue así no se escapará de ser barrido también por la riada revolucionaria, remedo ateo del “castigo de los dioses” al que se refería la heroína. Antígona no consentiría la humillante ley de amnistía. Humillación que también lo es de la propia Corona que defendía justo lo contrario. Y, más en abstracto, el sometimiento a los caprichos y contradioses de Su Gobierno. O el refrendo de leyes contra la Nación o la Ley Natural.

La Zambrano también explicaba su idea del Amor y el Intelecto: “Alma y amor miden las distancias del universo, transitan entre las diferentes especies de la realidad, se alojan en ellas y las vinculan… la conciencia se agranda tras un desengaño de amor, como el alma misma se había dilatado con su engaño. Si naciésemos en el amor y en él nos moviésemos siempre, no hubiéramos conciencia”.  (El Hombre y lo divino).

De modo que ya va siendo hora de bajarse del guindo y tratar de agrandar la conciencia. Menos palabrería y más hechos.

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